¡De Panzazo!

A Carlos Loret de Mola, un valiente patriota. Ya no hace falta salir a la calle para comprobar el escandaloso y no menos temerario nivel de atraso en que se encuentra sepultada la inmensa mayoría de la sociedad mexicana. Lo anterior, claro ...

              A Carlos Loret de Mola, un valiente patriota.

Ya no hace falta salir a la calle para comprobar el escandaloso y no menos temerario nivel de atraso en que se encuentra sepultada la inmensa mayoría de la sociedad mexicana. Lo anterior, claro está, sin necesidad de apoyar mi argumento echando mano de los 50 millones de mexicanos que escasamente subsisten en la miseria. Basta con ver la película ¡De Panzazo!, producida y escrita, entre otros patriotas de la más pura cepa, por Carlos Loret de Mola, para entender cómo, en la catastrófica educación nacional, si es que se le puede llamar educación nacional, se encuentra el origen de nuestros males. Es claro que somos un país de reprobados y las consecuencias de esta condición se encuentran a la vista para quien se atreva a analizarlas sin tapujos.

La educación en México se encuentra secuestrada por una pandilla de supuestos líderes sindicales encabezada por una siniestra líder, quien todavía tiene la osadía de llamarse maestra. ¿Maestra..? ¿Maestra de quién o de qué..? Millones y más millones de niños dependen de los estados de ánimo, de la “estructura ética” y de los arrebatos o de la sensatez de este insaciable e incontrolable personaje de la política mexicana, un claro subproducto de la putrefacción priista que ha acabado con lo mejor de nuestro país. Quien secuestra la educación de una nación, secuestra su futuro y quien secuestra el futuro de un pueblo, como sin duda es nuestro caso, se merece el peor de los calificativos, ¿verdad? Sí, ¿sólo que dónde acaba la culpa de la tal “maestra” y comienza la del gobierno y la de la sociedad en su conjunto? Mientras México no ejecute sin tardanza alguna una auténtica revolución educativa todos nos apellidaremos Gordillo. Sí, respetado lector, tú también te apellidas Gordillo, como yo mismo me llamo de la misma manera. Todos somos Gordillo. Tú, yo, él: todos somos Gordillo, uno de los peores insultos que se le pueden lanzar a un ciudadano, sin olvidar, desde luego, el de diputado o senador, otra injuria intolerable que sólo se puede lavar con sangre en un duelo en Chapultepec, con padrinos a las seis de la mañana.

¿Por qué, como se dice en los encendidos discursos políticos saturados de un populismo indigerible, no se utiliza absolutamente todo el poder del Estado Mexicano para evitar la deserción escolar que nos escandaliza cuando más de 50% de los alumnos que ingresan a la escuela la abandonan para siempre antes de concluir la primaria? Si los niños abandonan la escuela, abandonan su futuro y si millones abandonan su futuro, entonces abandonan también el de México, tal  como acontece en la actualidad. ¿Qué país estamos construyendo si 14 millones de estudiantes de primaria y secundaria no comprenden lo que leen, y ocho de cada 10 no saben multiplicar? ¿A dónde vamos si casi 80% de los maestros no pudieron aprobar un examen de eficiencia profesional, porcentaje que coincide con el hecho de que los profesores de nuestros hijos apenas leen un libro y medio al año, incluido el libro de texto gratuito..? De 100 estudiantes sólo 2% se recibe, y este 2% es el que acapara el ingreso acentuando la concentración de riqueza y abriendo la brecha, peligrosa por cierto, de la injusticia social. A más educación, más ingreso y viceversa. Las masas de ignorantes y desesperados embrutecidos en la Iglesia, en la televisión y en la escuela, crecen año tras año hasta que nadie pueda controlarlas o llegue un populista que les venda un paraíso lleno de mentiras que irremediablemente conducirá a la violencia al descubrirse la verdad convertida en todo tipo de carencias. Por ello, entre otras razones, los yanquis, nuestros socios del TLC, nos contemplan como grandes consumidores de sus aguas negras y de su tecnología, como cuando nos sorprenden al igual que a un caníbal que pretende prender fuego frotando dos piedras y de repente se pone en sus manos un encendedor… He ahí otro sector al que le conviene el embrutecimiento de la nación.

El Poder Legislativo o el Poder Ejecutivo, ¿poderes..?, podrían modificar la ley de modo que el gobierno ya no entregue cheques mensuales al SNTE por concepto de las cuotas obrero sindicales retenidas, sino que los maestros se las entreguen al sindicato de su preferencia. ¡Adiós Gordillo y otros tantos malhechores! Viva la libertad sindical consignada en nuestra Carta Magna.

¿Por qué los padres de familia no protestamos el 15 de mayo de este año, absteniéndonos de enviar a nuestros hijos a la escuela en señal de protesta social y familiar ante la creciente oleada de marginados, resignados e ignorantes que abandonan las aulas para dedicarse a la vagancia o a incendiar casinos o contratarse con el hampa?

¿Queremos un México mejor? ¿Sí? Pues a ver ¡De Panzazo!, una película imprescindible para entender la realidad mexicana y, acto seguido, tomémonos de la mano para ejecutar una revolución educativa. Basta de quejidos y lamentos estériles al contemplar la realidad actual. Quien quiera cambiarla debe entrar a una escuela. Dime qué alumnos y maestros tienes y te diré qué país tienes…

Carlos Loret de Mola hizo una gran película. Quien no la vea estará fuera de la discusión y de la agenda nacional. Yo, por mi parte, escribí un libro intitulado La Disculpa, la novela política de la educación. Estaré nuevamente en librerías la próxima semana. Hagamos patria. ¿Tú ya adoptaste una escuela?

                *Escritor

                fmartinmoreno@yahoo.com

                Twitter: @fmartinmoreno

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