¿Por qué las dudas sobre Diego?

Una mayoría de ciudadanos no sólo dudaron de la veracidad del secuestro sino que, en el extremo, especularon que se trató de un montaje...

Sea por morbo, mala fe, odio o —incluso— hasta por celo extremo por la verdad, lo cierto es que la liberación de Diego Fernández de Cevallos provocó toda clase de especulaciones y dudas respecto de la fecha de su liberación, el monto del rescate, origen del dinero y… hasta la razón por la que apareció con barba crecida, “bien cuidada” y sin los estragos de un secuestro.

Lo curioso del caso es que una mayoría de ciudadanos —según distintas encuestas— no sólo dudaron de la veracidad del secuestro sino que, en el extremo, especularon que se trató de un montaje preparado por quién sabe qué manos perversas, dizque para construir a un hipotético candidato presidencial. En todo caso, y más allá de rumores y especulaciones, lo interesante del caso podría estar en el otro extremo; no en las dudas y sospechas desatadas por su secuestro, sino en el origen mismo de las especulaciones. Pero vamos por partes.

¿Cuáles fueron las principales dudas que desató la liberación de Diego Fernández de Cevallos, luego de haber sido privado de la libertad por más de siete meses?

La mayor duda fue sobre el secuestro mismo. Es decir, buena parte de los ciudadanos de a pie creyeron que no hubo tal secuestro, sino que se trató de un montaje. ¿La razón? Que hasta hoy el PAN no cuenta con un candidato presidencial y que con el escándalo del secuestro, el Jefe Diego se convertiría en el candidato ideal. A la descabellada hipótesis se añadió el despropósito de que la mejor muestra del montaje era que el gobierno federal se hizo a un lado de la investigación. Diego debió declarar que no será candidato presidencial, para echar abajo la locuaz y descocada versión.

En sentido contrario, lo que nunca se aclaró —y que fue combustible para la especulación— fue si en realidad Diego Fernández fue liberado la fecha en la que apareció de manera pública, si la liberación se produjo horas o días antes de lo señalado, y si los secuestradores entregaron a Diego tal como todos los vimos en la televisión. Y es que era evidente que Fernández de Cevallos no había caminado y caminado por horas antes de aparecer en su casa y en los medios; que por lo menos se había dado un baño y se había arreglado para aparecer en los medios…

Lo cierto es que si Diego hubiese aparecido en harapos, derrotado, y sin ánimo, igual no hubiese faltado quien dijera que —por eso—, se había creado un montaje. Hoy nadie sabe con certeza —y seguramente nadie lo sabrá— quién pagó el dinero del rescate, cuánto se pagó, si además de dinero los secuestradores pactaron impunidad o si el gobierno de Felipe Calderón los tiene ubicados y estarían próximos a ser capturados —como se especula en círculos oficiales— o si se trata o no de un grupo guerrillero o de un puñado de vividores que sólo van por el dinero.

Está claro que las razones que convirtieron a Diego Fernández de Cevallos en un secuestrable —según los comunicados de los secuestradores— son las mismas razones por las que muchos dudaron del secuestro, por las que otros tanto expresaron su odio hacia Diego y son las mismas razones por las que no pocos ciudadanos de a pie casi reclamaron a los “misteriosos desaparecedores” que no hayan secuestrado a otros notables que están en el odio colectivo.

Es decir, que para no pocos ciudadanos, el papel criminal  y depredador de los secuestradores del Jefe Diego debe ser visto como una suerte de “vengador anónimo” que debía estar al servicio de los “ciudadanos buenos”. ¿Por qué? Porque los secuestradores debían hacer lo mismo que hicieron a Fernández de Cevallos, a otros mexicanos “odiados”.

Por increíble que parezca, resulta que en las redes sociales —las mismas en donde floreció la especulación y las dudas de la veracidad del secuestro de Diego— no pocos malquerientes del ex candidato presidencial, no pocos impugnadores del PAN y de los gobiernos azules, propusieron que los secuestradores extendieran su actividad hacia otros famosos del poder. Es decir, que a través de las redes sociales, no pocos ciudadanos proponen convertir el secuestro en brazo vengador de la intolerancia. Eso sin contar a aquellos que se dijeron molestos con los secuestradores, que cometieron el “pecado” de liberar al Jefe Diego. Ver para creer.

EN EL CAMINO.

Por cierto, y si existen dudas sobre la fuerza del Jefe Diego, basta echarle una mirada a la respuesta de Marcelo Ebrard, cuando le preguntaron sobre Fernández de Cevallos. “No creo en los que se dan por muertos”, dijo.

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