Los partidos hacia 2012

La suerte de Acción Nacional tras su reciente proceso interno es aún incierta.

Resuelto sin mayores problemas el relevo en la dirigencia del PAN, aunque  en un ambiente contaminado por el tufo a vendetta que despide la expulsión de Manuel Espino, vendrán ahora los procesos en el PRI y el PRD para elegir a sus nuevos dirigentes. De esta forma los tres principales partidos se preparan para 2012. Y si bien cualquier proceso de renovación de dirigencias partidistas entraña tensiones y conflictos, en algunos casos sus secuelas tienden a disiparse con la emergencia de un nuevo liderazgo y en otros, en cambio, las diferencias se agudizan y crecen, afectando su desempeño electoral.

La suerte del PAN tras su reciente proceso interno es aún incierta, pues la solidez institucional mostrada este fin de semana y el talante democrático del senador Madero no parecen suficientes para evitar que la sombra de la exclusión se extienda y polarice las posiciones. Los aspirantes más reconocidos a la candidatura presidencial, Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota, están lejos de la predilección del presidente Calderón, determinado a intervenir no sólo en la vida interna de su partido sino también en las campañas, en una abierta cruzada contra el PRI a la que dedicará el resto de su mandato, con altos costos para el país.

El relevo en el PRD, contra su costumbre, podría resolverse sin mayores conflictos si logran convenir una dirigencia de unidad encabezada por Lázaro Cárdenas Batel, cuyos mejores atributos son la mesura, la disposición al diálogo y la claridad política sobre la exigencia de impulsar un cambio conceptual y generacional en la izquierda mexicana. El mayor problema del PRD, sin embargo, radica en la lucha por la candidatura presidencial y en el riesgo, cada vez mayor, de arribar escindido al 2012. Más aún en la medida en que Ebrard haga explícita su intención de abanderar una coalición amplia, PAN incluido, y López Obrador sostenga su intención de ser candidato a cualquier costo, con el PT y, eventualmente, Convergencia a la mano para ello.

En el PRI, mientras tanto, el relevo se inclina cada vez más a favor de Humberto Moreira, producto de una serie de pactos articulados, entre otros, por Carlos Salinas y Elba Esther Gordillo, quienes tendrían así un leal operador para la definición de las candidaturas legislativas del 2012 y, por si se ofrece, un eventual suplente para la candidatura presidencial. Es difícil saber si Peña Nieto está enteramente consciente de lo que esto puede significarle. Y habrá que ver si otros liderazgos priistas aceptan sin chistar la —aparentemente— tersa imposición.

La diferencia entre los tres, hasta ahora, reside en que el PRI ha logrado resolver sus conflictos a puerta cerrada, aunque la falta de ventilación podría acabar envenenándolos. A ellos y al país.

        *Socio consultor de Consultiva

            abegne.guerra@gmail.com

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