Desintoxícate
El mundo está enfermo.Resuena en nuestro cuerpo. Lo vemos y escuchamos, inhalamos y tocamos, lo comemos... todo nos cerca. Nos intoxica. La comida se ha desfigurado. Excesos, grasas saturadas, químicos, agua contaminada, desinfectantes, detergentes, colorantes, azúcar, ...
El mundo está enfermo. Resuena en nuestro cuerpo. Lo vemos y escuchamos, inhalamos y tocamos, lo comemos... todo nos cerca. Nos intoxica. La comida se ha desfigurado. Excesos, grasas saturadas, químicos, agua contaminada, desinfectantes, detergentes, colorantes, azúcar, alcohol. Nos accede cual esponjas y recorremos los días digiriendo veneno.
Seguramente tu digestión es penosa. El colon siempre está irritable. Las inapropiadas flatulencias te avisan que algo va mal en tu hígado. No haces caso. Te despiertas con mal aliento, con la lengua manchada... ¡Auxilio! -grita tu cuerpo-. No te escuchas. Varía tu humor. No te concentras porque los agentes ponzoñosos se abrieron paso lesionando tu cerebro. Tienes alergias, asma, fiebre, urticaria. ¡Qué dolor de cabeza! Tomas tus pastillitas y sin querer, empeoras tu condición hepática... Tensión alta. Retienes líquidos. Tus niveles de azúcar son inestables. Estás cansado. ¡Ya no aguantas ni una copita de alcohol!
¡Desintoxícate!
1. Escucha a tu cuerpo. Mira, olvídate del tiempo y establece tu horario de comida alrededor de tu apetito. Si acostumbras comer en horas regulares y no tienes hambre, todo tu cuerpo se empacha. Hay días que tardamos más en digerir.
2. Toma agua. Si quieres mineral. ¡Pero que no sean refrescos! Para que te limpies. "Échale la mano" al hígado y a los riñones. De paso, controlas tu peso. Tu cuerpo necesita hidratarse. De otra manera las células se secan. ¿Sabías que si no tomas agua corres el riesgo de contraer Alzheimer?
3. No comas azúcar. El hígado lo convierte inmediatamente en grasa y colesterol que degradan tus órganos. No almacenes lo que no necesitas. Llegará en momento en que los triglicéridos serán demasiados e incrementarás el riesgo de una enfermedad cardiovascular. Los edulcorantes tampoco son buenos. Intoxican el hígado y provocan hipoglucemia o fatiga. Usa stevia o miel. Come fruta.
4. ¡Deja de medir calorías! Esa técnica no sirve. Mejor fíjate en los nutrientes que ingieres. Gradualmente irás sintiendo mejoras en tu organismo y cuerpo. Ignora la báscula. El chiste es limpiarte.
5. Evita alimentos a los que puedas ser alérgico. Que te caigan pesados. A menudo la producción de ácido clorhídrico en el estómago es inadecuada para la eficiente digestión de las proteínas. Esto se soluciona bebiendo un vaso de agua con una cucharadita de vinagre de sidra de manzana en todas las comidas (que contengan proteínas).
6. Pon atención a la higiene intestinal. El hígado debe filtrar y destruir cualquier bacteria y virus presentes en la comida. Un buen caldo de cultivo para las bacterias son los alimentos calientes. No dejes que tus guisados se enfríen fuera del refrigerador. Mételos, no le pasa nada a tu electrodoméstico.
7. No comas si te sientes tenso o ansioso. Bajo estos estados la sangre se desvía de los intestinos, donde se absorben los nutrientes, a otras zonas del cuerpo.
8. Elige lo orgánico. Libre de pesticidas. Evita alimentos procesados, con conservantes, colorantes, aromatizantes y edulcorantes artificiales.
9. Obtén las proteínas blancas y de legumbres. No comas carne roja o embutidos. Pollo, pescado, huevo y lácteos bajos en grasa. Alubias, garbanzos, que aportan proteínas de gran valor.
10. Es importante comer solamente pan integral para que su fibra nos depure. Centeno, trigo, maíz, avena, cebada.
11. Aprovecha la fibra en las frutas y verduras.
12. Evita las grasas saturadas. Busca las apropiadas para el desempeño cerebral. Los omegas. Una dieta libre de grasas no es sana. Se seca la piel, pierdes cabello, tienes calambres, te distraes, pierdes la memoria, hay desequilibrio hormonal, fatiga...
¡Termina bien el año! "Hazte una limpia".
