PAN: el regreso a la cultura de partido opositor

En múltiples ocasiones he escuchado a los panistas decir que ellos son diferentes; que no actúan como los priistas de antaño porque sus miembros son más libres y autónomos. Incluso se ufanan de indisciplinarse frente al poder presidencial. Es una cultura política ...

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

En múltiples ocasiones he escuchado a los panistas decir que ellos son diferentes; que no actúan como los priistas de antaño porque sus miembros son más libres y autónomos. Incluso se ufanan de indisciplinarse frente al poder presidencial. Es una cultura política rebelde, de “hijo desobediente”, de partido acostumbrado a ser la oposición permanente de un régimen férreo.

Gracias a que los panistas piensan y actúan diferente, su candidato a la Presidencia fue Felipe Calderón y no Santiago Creel, el favorito del entonces presidente Fox. Inclusive fueron los propios panistas los primeros en cerrarle la puerta a Marta Sahagún cuando ésta coqueteó con la idea de suceder a su marido. Más aún, esta cultura partidista llevó a que Calderón hiciera su campaña presidencial al lado de uno de sus grandes adversarios políticos, el entonces dirigente nacional, Manuel Espino.

Esta misma cultura propició que la relación del entonces presidente Fox con los diputados y los senadores de su partido fuera un desastre. Quizás el peor periodo fueron los tres primeros años cuando su relación con los líderes de las bancadas panistas en las cámaras (Calderón en la de Diputados y Diego Fernández de Cevallos en el Senado) fue lejana e ineficaz. Todo esto complicó la operación de un Presidente con gran capital político que tuvo durante esos tres años las condiciones para empujar importantes cambios estructurales.

Los panistas se tardaron en aprender que, en toda democracia, el líder natural del partido gobernante es el que tiene la mayor posición de poder; en el caso mexicano, es el Presidente de la República. Pero Calderón sí lo entendió una vez que se instaló en Los Pinos. El autonombrado “hijo desobediente” comprendió que sus vástagos debían obedecerlo para que él pudiera gobernar. Trató, con razón, de cambiar el chip panista de partido opositor a partido gobernante.

Calderón se convirtió en el líder indudable del panismo nacional lo cual implicó defenestrar de la dirigencia nacional a Manuel Espino (para luego expulsarlo del partido) e imponer a dos personajes muy cercanos a Los Pinos en esa posición: Germán Martínez y César Nava. Esto a su vez permitió colocar a gente disciplinada al Presidente de líderes en las bancadas del PAN en las cámaras, lo cual implicó la destitución de Santiago Creel como dirigente en el Senado.

Sin embargo, el “hijo desobediente” que sí disciplinó a sus hijos ahora dice que llegó la hora del bateo libre. Calderón públicamente ha renunciado a intervenir en el proceso de elección del próximo dirigente nacional del PAN: “Cuando uno tiene la capacidad de aglutinar y decirle a todo mundo ‘vamos a apoyar este proyecto’, también transfiere al propio Presidente la responsabilidad que debe asumir un órgano colegiado, así esté formado por mis amigos y colaboradores”, dice Calderón.

En otras palabras: no quiere tener la responsabilidad de elegir al dirigente nacional que le tocará administrar la elección presidencial de 2012. De hecho, Calderón ni siquiera va a asistir a la reunión del Consejo Nacional de su partido ya que estará de gira por Argentina.

El Presidente “dice que hubiera sido contraproducente tratar de frenar la manifestación del desgaste en el partido. Y que por eso decidió no meterse en el proceso y dejar que la deliberación fluyera. Optimista respecto del resultado final, sostiene: ‘Verás que una vez que se acomoden las piezas o, como se dice en mi tierra, se acomoden los aguacates en la caja, habrá pasado este proceso de reflexión, se empezarán a bajar los chipotes, y el partido saldrá adelante’”. O sea que Calderón admite que él ya renunció a ser el líder natural de su partido. Que acepta que sus hijos vuelvan a ser desobedientes de un padre que rehúsa disciplinarlos. En suma, que regresa la cultura de partido opositor donde los panistas se sienten más cómodos. ¿Acaso será un atisbo del futuro?

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