Gobernadores del PRI, la amenaza para Peña

Para nadie es novedad que el conjunto de las izquierdas y los distintos bloques de la derecha tienen en la mira a Enrique Peña Nieto, el aventajado candidato presidencial del PRI. Tampoco es nuevo que apenas el domingo reciente, Felipe Calderón arrancó la campaña ...

Para nadie es novedad que el conjunto de las izquierdas y los distintos bloques de la derecha tienen en la mira a Enrique Peña Nieto, el aventajado candidato presidencial del PRI. Tampoco es nuevo que apenas el domingo reciente, Felipe Calderón arrancó la campaña presidencial de los azules y los destinatarios de sus críticas fueron —por si había dudas—, el PRI y el gobernador.

Pero lo que pocos saben es que Peña Nieto, literalmente tiene al más formidable de sus enemigos en su casa, cohabita todos los días y a toda hora con quienes pueden ser sus sepultureros: el poderoso grupo de gobernadores del PRI, algunos de los cuales no ven nada bien el posible regreso del partido al poder presidencial, y menos con un mexiquense. ¿Por qué la resistencia de algunos de los 19 mandatarios del PRI?

La razón parece elemental; si regresa la figura del Presidente priista, los mandatarios tricolores tendrán por encima de su poder el del Presidente. De esa manera habrán perdido la gloria de la que han disfrutado a lo largo de toda una década, desde que Vicente Fox derrotó a Ernesto Zedillo en el año 2000.

Es decir, que la incontenible carrera presidencial de Peña Nieto no sólo preocupa a azules y amarillos, a Calderón, Ebrard y AMLO, sino también a parte de los gobernadores tricolores, que de dientes para afuera defienden al PRI y elogian a Peña, pero hacen todo por mantener sus feudos intocados.

Y para quienes tienen dudas de cómo se las gastan, van dos perlas. La primera, en la elección presidencial de 2006, cuando gobernadores de no pocos estados pactaron con el PAN de Calderón, y abiertamente apoyaron su candidatura, contra la de Roberto Madrazo. ¿Cuáles casos? Sonora y Nuevo León, por citar sólo dos. Y claro, los que dieron una feroz batalla contra Calderón, como Puebla y Oaxaca, ya sabemos que pagaron caro.

La segunda perla fue todo un escándalo. Hoy precisamente se cumplen cinco años de que la PGR del foxiato integró una averiguación previa por uno de los más vergonzosos escándalos del priismo en tiempos de partido opositor. Hablamos de la caída y el escarnio público del ex gobernador mexiquense y ex precandidato presidencial Arturo Montiel, quien pagó muy caro creer el canto de las sirenas presidenciales. Todos saben que Montiel fue derribado de fea manera de la carrera presidencial del PRI en los previos a 2006, y debió abandonar la contienda a causa de un escándalo mediático que exhibió el inmoral y ofensivo enriquecimiento de quien había sido un modesto fabricante de cocinas.

Pero lo que pocos saben es que un puñado de gobernadores priistas, junto con la dirigencia de Roberto Madrazo y la “mano amiga” del foxiato, lanzaron a Montiel a los leones del descrédito y el escarnio público como último recurso para frenar sus ambiciones presidenciales sin límite. ¿Y cuál fue el pecado del mexiquense? Poca cosa, que el infinito poder que otorga el poderoso Estado de México —igual que hoy, en ausencia del presidencialismos equilibrador—, enfermó a Montiel de los males propios de las alturas.

Montiel soñó y creyó que podía ser candidato por el PRI y, claro, Presidente de los mexicanos. Creyó que, así como compró imagen, popularidad y la pareja ideal, podía comprar la candidatura presidencial del PRI al 2006. Y hasta creyó que nadie se sorprendería por lo enriquecido hasta niveles delirantes. Pero el mayor pecado de Montiel fue no haber conocido al PRI y menos a los priistas.

Y es que cuando nadie podía convencer a Montiel de retirarse de la contienda —porque no era el elegido de una buena parte de los gobernadores tricolores—, un priista al servicio del gobierno de Vicente Fox en el manejo de la economía nacional, deslizó al clan de gobernadores y al líder del PRI las evidencias de ese enriquecimiento.

Estalló el escándalo mediático, al tiempo que otra mano foxista —desde Gobernación— brindó protección política a Montiel a cambio de que abandonara sus sueños de gloria. Así se acabó el peligro, y también se acabó Montiel.

Viene a cuento, porque nadie puede descartar que la comedia de Arturo Montiel se repita ahora como tragedia en el caso de Enrique Peña Nieto.

¿La razón..? Que buena parte de los gobernadores del PRI no están seguros de que sea buena idea el regreso del partido al poder presidencial. ¿Y por qué esa resistencia? Porque, como ya vimos, los gobernadores del PRI viven en el mejor de los mundos, sin la figura de un jefe máximo, sin un poder de contrapeso, y porque son dueños y señores de los feudos escriturados por la “democracia electoral”.

Lo curioso es que, con o sin razón, algunos mandatarios estatales cabildean para “ventilar” la especie de que Enrique Peña “vale 300 millones de dólares”, y auguran que un “montielazo” lo podría tirar del caballo en el que galopa solitario rumbo a 2012. Al tiempo.

EN EL CAMINO

No podemos más que congratularnos por el acierto cometido por la familia Ealy, al designar como nuevo director editorial de El Universal a Roberto Rock.

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