El reto de integrar a los migrantes en la ciudad; vivir en México sin tener voz

Con una infraestructura urbana al límite y leyes que excluyen de las decisiones a quienes no poseen una identificación oficial, surge un movimiento para que los residentes extranjeros participen activamente en la mejora de sus barrios

thumb
Los espacios públicos han sido recuperados para integrar a las y los extranjeros.Fotos: Placemaking.

En las últimas décadas, México ha dejado de ser un territorio de tránsito para convertirse en un país de estancia para miles de personas desplazadas y migrantes que buscan reconstruir su vida.

Sin embargo, su integración en el tejido urbano ocurre en un contexto de infraestructura saturada y sistemas de participación ciudadana que aún excluyen a quienes no poseen una identificación oficial.

Según Guillermo Bernal, fundador de Placemaking y especialista en urbanismo, la urgencia de transformar el espacio público es vital para evitar que el aumento de la movilidad se traduzca en odio o segregación.

A pesar de que la percepción social suele ser de un flujo desbordado, las cifras oficiales de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) muestran que en los primeros ocho meses de 2025 se dio una tendencia a la baja en la movilidad hacia México, aunque la presión en las ciudades receptoras persiste.

thumb

Tan sólo entre enero y junio de 2025, las autoridades migratorias mexicanas emitieron 84 mil 275 documentos para acreditar estancias regulares en el país, lo que representa una disminución de 22% en comparación con el mismo periodo de 2024, de acuerdo con el Boletín de Estadísticas Migratorias para México de la OIM.

Dentro de esta migración regular, las Tarjetas de Residencia Temporal (TRT) —fundamentales para personas que buscan establecerse legalmente por hasta cuatro años— sumaron 23 mil 988 documentos, 12% menos que el año anterior.

En contraste, las Tarjetas de Visitante por Razones Humanitarias (TVRH) experimentaron un crecimiento notable de 145%, alcanzando las 4 mil 129 emisiones.

Este incremento en documentos de protección refuerza la idea de Guillermo Bernal, quien, en entrevista con Excélsior, detalla la necesidad de involucrar a estos nuevos residentes en la gestión urbana: “¿Cómo hacemos que esos residentes temporales y permanentes en el país ya tomen decisiones?... Porque ellos viven en el país y les afectan temas como la basura, la seguridad, la iluminación, el agua”, cuestiona.

El desafío para las ciudades se agudiza al analizar la migración irregular, que a menudo conforma la población flotante que habita espacios públicos sin acceso a servicios básicos. Entre enero y agosto de 2025, México reportó un total de 130 mil 385 eventos de personas en situación migratoria irregular, una cifra que representa una reducción de 86% respecto al mismo periodo de 2024. De estos registros, 25% corresponde a ciudadanos venezolanos, seguidos por colombianos y hondureños con 8% cada uno.

La presión geográfica es severa en los puntos de entrada: 80% de estos eventos irregulares se concentraron en la frontera sur, con Tabasco (58%) y Chiapas (23%) como las entidades con mayor proporción de registros.

Esta concentración satura una infraestructura que, según el entrevistado, ya está sobrepasada: “Los metrobús, los metros, todo el transporte público está absolutamente... en alfileres, está en que no cabe uno más... ¿Qué vamos a hacer cuando empiecen a revertir los temas de migración hacia la Ciudad de México, hacia nuestras ciudades cuando la infraestructura es superdeficiente?”.

Las remesas y el contexto del retorno mexicano

El entorno económico y de retorno también presenta retos. En los primeros ocho meses de 2025, México recibió 40 mil 467 millones de dólares en remesas, lo que significa una reducción nominal de 6 por ciento. Paralelamente, las devoluciones de mexicanos desde Estados Unidos sumaron 97 mil 284 eventos, concentrándose la recepción en Tamaulipas (28%), Sonora (14%) y Baja California (13%).

Estos retornados, sumados a los inmigrantes extranjeros, incrementan la necesidad de lo que Bernal llama “infraestructura de valor”.

La apuesta final de estas iniciativas, que se presentarán en un evento masivo a finales de enero con más de 45 ponentes internacionales, es crear ciudades resilientes donde el espacio público funcione como un refugio de conexión humana genuina. Para el experto, la meta es eliminar los discursos de odio reconociendo que la comunidad es la verdadera experta en el espacio que habita.

thumb

Democracia participativa

Ante la falta de estatus legal de muchos habitantes, Placemaking impulsa una alternativa para generar arraigo. Guillermo Bernal señala que la Constitución restringe las decisiones urbanas a ciudadanos con INE, excluyendo a extranjeros y residentes temporales. “Lo que nosotros buscamos en Placemaking es decir: quien tiene que estar en la toma de decisiones es todo mundo, incluyendo a los migrantes, porque cuando todos nos sumamos a la toma de decisiones, todos lo cuidamos, todos lo sentimos nuestro”, afirma.

Las acciones puestas en marcha buscan mitigar este déficit de pertenencia.

Corresponsabilidad en la frontera: En Ciudad Juárez, se involucró a migrantes en espera para decidir la ubicación de bancas y macetas en plazas abandonadas.

Integración acelerada: En playas de Tijuana, se han creado canchas y parques inclusivos durante cinco años para combatir la xenofobia, el racismo y el clasismo.

Prevención del crimen: En Azcapotzalco, la recuperación de espacios antes ocupados por focos de delincuencia permitió rehabilitar zonas para el uso comunitario mediante “prevención situacional”.

Entre las acciones que mejoran la inclusión democrática de quienes habitan cierto espacio, está la seguridad.

Como parte de las acciones, la fundación lanzará la iniciativa Alcalde de la Noche, buscando que la ciudad sea un bien público las 24 horas.

Por ello, la participación es importante. 

Hay casos muy específicos en Europa, donde los residentes temporales o permanentes ya votan por cosas muy sencillas, como su alcalde, por ejemplo, su diputado local. ¿Por qué? Porque a ellos les afectan temas como la basura, la seguridad, la iluminación, el agua y viven en el país. (...) Y no es solamente por aumentar la base electoral, que también es una estrategia, pero es más bien porque sean responsables también del lugar en el que habitan, del espacio que ocupan”, destaca el especialista.

*mcam