La nueva era de la seguridad privada
Durante décadas, la seguridad privada dependió principalmente de la presencia física y la reacción ante incidentes.

En Grupo IPS acabamos de recibir nuestros primeros robots autónomos, diseñados para tareas de seguridad y prevención de riesgos en plantas industriales, instalaciones logísticas y grandes superficies. Su llegada es resultado de años de investigación, acercamientos con fabricantes y pruebas. Más que incorporar equipos, buscamos una tecnología capaz de transformar la manera en que protegemos a las personas, las instalaciones y el patrimonio de nuestros clientes.
Esta experiencia nos permite plantear cómo la robótica y la IA pueden transformar procesos, elevar la productividad y ampliar las capacidades de los trabajadores, una posibilidad que se extiende mucho más allá de la seguridad privada. El desafío para las empresas consiste en aprovechar estos avances para ofrecer mejores servicios y, al mismo tiempo, generar empleos más especializados, mejor remunerados y con mayores oportunidades de desarrollo.
Durante décadas, la seguridad privada dependió principalmente de la presencia física y la reacción ante incidentes. Hoy los robots pueden efectuar recorridos programados, vigilar grandes superficies, identificar anomalías mediante sensores y transmitir información en tiempo real. Integrados con cámaras inteligentes y centros de monitoreo, permiten anticipar riesgos y actuar antes de que se produzcan daños.
Estamos pasando de un modelo predominantemente reactivo hacia otro preventivo e inteligente. Para ello se necesitan equipos confiables, mecanismos de respaldo y protocolos de actuación. Una alerta sólo tiene valor si existe personal capaz de interpretarla y responder oportunamente. La tecnología puede procesar información y prevenir errores, pero es indispensable contar con profesionales preparados y con controles que también reduzcan el riesgo de decisiones equivocadas.
Esto cambia el trabajo de nuestros Técnicos en Seguridad Patrimonial (TSP). La tecnología debe encargarse de las tareas repetitivas; las personas, de aquellas que requieren inteligencia, criterio, sensibilidad y velocidad de respuesta. La combinación de ambas permite potenciar la inteligencia humana, ampliando extraordinariamente su capacidad para observar, analizar información, anticipar riesgos y tomar decisiones. Así, nuestros trabajadores pueden asumir funciones de mayor especialización y responsabilidad, con menor exposición al peligro. Queremos que los guardias de seguridad sean reconocidos como verdaderos profesionales de la protección patrimonial.
Hay una paradoja que conviene reconocer. La demanda de seguridad sigue creciendo y existen dificultades para cubrir determinadas funciones con personal preparado. Por ello necesitamos tecnología, pero nuestra visión no es tener menos trabajadores y más robots. La industria sigue generando empleo. En septiembre de 2026, los puestos de trabajo en servicios de protección y custodia registrados en el IMSS crecieron 4.7% anual, frente al 1.6% del empleo formal nacional, un ritmo casi tres veces superior.
Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo ya reflejan esta transformación. Entre 2022 y 2026, mientras el empleo en las empresas especializadas de seguridad creció 10.8%, prácticamente se duplicó el número de desarrolladores y analistas de software, así como el de trabajadores dedicados a la instalación y reparación de equipos electrónicos y de telecomunicaciones. Detrás de cada robot hay actividades de diseño, fabricación y programación; una vez en operación, requiere mantenimiento, supervisión y análisis de información.
Algunas tareas cambiarán y otras podrán automatizarse. El verdadero riesgo es que las personas y las empresas no nos preparemos para trabajar con estas herramientas. Por ello, uno de los compromisos más importantes del empresariado debe ser invertir en la capacitación y reconversión de habilidades de sus colaboradores. El mayor valor generado por el trabajo especializado debe reflejarse en posibilidades de promoción y remuneraciones acordes con esa contribución.
Los instrumentos, las máquinas y la técnica deben estar al servicio de la persona. Esto implica acelerar la adopción de nuevas tecnologías y, con la misma determinación, la preparación de los trabajadores para asumir funciones de mayor precisión y valor. El objetivo es que la transformación de las tareas vaya acompañada de nuevas oportunidades de desarrollo y de una mayor productividad que permita mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.
Esta visión se extiende a la manufactura, la logística, el comercio y los servicios. En todas estas actividades habrá procesos que puedan mejorarse con IA y nuevas funciones que demandarán nuevas habilidades. Las empresas necesitan revisar desde ahora sus modelos de operación y prepararse para esa transformación. México, además, cuenta con capacidad industrial, ingenieros y desarrolladores para integrar, adaptar y eventualmente fabricar estas tecnologías.
Para lograrlo será necesaria una mayor colaboración entre empresas de seguridad, desarrolladores tecnológicos, universidades, centros de investigación y fabricantes. Desde ASUME, Sociedad Nacional de Industriales de Seguridad Privada, impulsamos estándares profesionales, regulación adecuada, protocolos de operación y una adopción responsable de la IA y la robótica.
Después de más de tres décadas en la seguridad privada, nuestra visión es tener profesionales, bien remunerados y respaldados por la tecnología más avanzada. Apostamos por la robótica y la IA para proteger mejor, elevar la productividad y generar nuevas oportunidades de desarrollo para las personas.