Cuauhtémoc Cárdenas y la democracia

Cecilia Soto

Cecilia Soto

Editorial

Era una presa que estaba a punto de derramarse. A sus compuertas llegaban nuevas aportaciones que las hacían chirriar, pero nada más. El mecanismo de cierre de las compuertas permanecía firme. La democracia significaba desorden: las compuertas no se abrirían, es más, las reforzarían con pesadas cadenas. Había habido ensayos desde una parte del poder: Carlos Madrazo, dirigente nacional del PRI, impulsó en 1967 elecciones primarias para elegir candidato a gobernador. Como fuego en pasto seco, la sociedad acogió la iniciativa y se organizó. Díaz Ordaz reaccionó: “Democracia es desorden” y mandó al ejército a reprimir, con el general Hernández Toledo a la cabeza. Los estudiantes en Morelia también en 1967, el movimiento estudiantil de 1968, cuyas demandas pedían abrir las compuertas a la democracia; la terrible respuesta a las demandas estudiantiles en 1971 con los Halcones golpeando y matando. Los movimientos por respeto al voto en San Luis Potosí y el movimiento ejemplar de Chihuahua en 1986.

La ruptura del ingeniero Cárdenas y la Corriente Democrática con el PRI en octubre de 1987 fue también por la democratización de la vida interna de ese partido y para moderar el presidencialismo que se vivía (y se vive). Disiento del análisis del muy respetado Roger Bartra que enmarca la disidencia de Cuauhtémoc en contra del “neoliberalismo” y catapultada por la candidatura de Carlos Salinas. La Corriente Crítica, que después pasa a llamarse Corriente Democrática, se inició mucho antes del dedazo a favor de Salinas en octubre de 1987; empezó a nacer después de la XII Asamblea del PRI en el verano de 1986 y culmina con la XIII Asamblea y la rotunda negativa de la cúpula priista a modificar los métodos de elección de candidaturas, en especial la candidatura presidencial.  

En ese entonces se hablaba de tecnócratas y tecnocracia, no de neoliberalismo, y ciertamente Cárdenas estaba en contra de esa corriente. Pero lo que creo que lo movía era el convencimiento de que si el PRI se democratizaba, lo que él llamaba “los grandes problemas nacionales” podrían ser debatidos por cientos de miles de mexicanos y, por tanto, modificadas las respuestas a ellos. Eso plantean los documentos iniciales de la Corriente Democrática y la intervención de Cuauhtémoc en la XIII Asamblea que enfureció a la cúpula tricolor. “Lo que ocurra en el seno del partido alcanzará a la sociedad en su conjunto y determinará las opciones de los mexicanos. Dos son las líneas centrales que deberían orientar su actividad: pugnar por el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores mayoritarios… e impulsar la democratización de los procedimientos de participación y de los mecanismos de decisión del partido, como la vía más progresista para un desarrollo democrático…”.

La candidatura presidencial de Cárdenas tiene un aspecto fascinante que desafía las ideas grandilocuentes de cómo se cambia la historia. Lo sé de cerca porque desde 1985 yo militaba renuentemente en el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, PARM, partido que fue el primero en formalizar la candidatura presidencial de Cuauhtémoc. Leo en sus memorias Sobre mis pasos que “por un lado había dirigentes del PARM que no tenían confianza en mí ni en la Corriente. Unos nos veían como grupo que estaba haciendo algún juego en interés del gobierno”. ¡Ésa era yo! El PARM había sido siempre una pieza del PRI y una corriente de jóvenes de izquierda que habíamos ingresado a ese partido, que tenía tan mala fama, con la condición de que en las elecciones de 1988 no lanzara a un candidato priista. Y hete aquí que íbamos a lanzar la candidatura de un megapriista. Yo era joven y veía el mundo en blanco y negro.

Otro argumento que leo en las memorias puede dar una idea a los lectores del presente del ambiente de control total que representaba el PRI y el reto de pensar en actuar políticamente fuera de este partido de Estado. Cárdenas razona que prefería que su candidatura fuera oficializada por el PARM porque de los partidos que le habían ofrecido candidaturas, todos con la palabra “socialista”, era el más cercano al PRI y por tanto “no podría desatarse una campaña macartista contra mi candidatura y contra la Corriente”. Ahí sí se equivocó el ingeniero, pues hubo campaña macartista, de persecución y de asesinatos: más de 600 militantes, especialmente del PRD.

Su exitosa campaña, su apego a la Constitución y sus convicciones democráticas abrieron las compuertas a la democracia en este país, sabedor de que la ruptura violenta de la cortina de una presa acarrea destrucción y tragedias. Exigirle que hubiera frenado a López Obrador o acusarlo de haber sido su impulsor, no sólo es imponerle al pasado un impulso teleológico con una dirección previsible. Es, sobre todo, ignorar que el ingeniero Cárdenas era, ante todo, profundamente respetuoso de las decisiones de las personas. Pensar en sustituirlas autonombrándose la voz del pueblo y erigiéndose en líder moral, me parece, choca con lo que ha dejado como testimonio, en su actuar y en sus memorias. Un demócrata de pies a cabeza. Descanse en paz.