Morena arranca proceso por Michoacán; suenan Morón, Ixtláhuac, Fabiola, Gladyz y Torres Piña
De cara a la elección de 2027, comienzan a perfilarse en Michoacán los posibles aspirantes de Morena a la gubernatura. Entre los nombres que ya circulan están Raúl Morón, Antonio Ixtláhuac, Fabiola Alanís, Gladyz Butanda y Carlos Torres Piña, mientras que el alcalde de Zitácuaro destaca por su nivel de aprobación

Con la ruta interna de Morena ya sobre la mesa rumbo a 2027, en Michoacán empezó a moverse con mayor claridad la conversación sobre quiénes podrían entrar a la disputa por la gubernatura. El acuerdo nacional del partido no solo fijó tiempos y reglas; también abrió, de facto, la etapa de posicionamiento de perfiles en los estados.
En el caso michoacano, los nombres que más comienzan a repetirse en la conversación política son el del senador Raúl Morón, el del presidente municipal de Zitácuaro, Antonio Ixtláhuac, el de la diputada Fabiola Alanís, el de Gladyz Butanda y el del fiscal Carlos Torres Piña. Cada uno desde su propia trinchera, pero todos ya dentro del radar de un proceso que todavía no arranca formalmente en lo local y que, sin embargo, ya empezó en el terreno de la opinión pública.
La lógica de Morena es conocida: antes de que llegue la definición, primero se instala la conversación. Y en ese acomodo de piezas, no solo pesan los cargos o los grupos, sino también el nivel de conocimiento, la presencia territorial y la percepción pública de cada perfil. Por eso no es casual que, conforme se acerca junio, comiencen a circular mediciones, menciones y lecturas sobre quién está realmente en la jugada.
En ese escenario, Antonio Ixtláhuac empieza a aparecer con mayor frecuencia. No desde la estridencia, sino desde un dato político que empieza a pesar: su nivel de aprobación como alcalde.
El presidente municipal de Zitácuaro fue ubicado en febrero dentro del Top 10 nacional del Ranking Cualitativo de Alcaldes, con 60 por ciento de aprobación y con atributos asociados a un perfil proactivo, cercano y trabajador.
Ese elemento no es menor en un partido como Morena, donde las encuestas terminan siendo el filtro decisivo. Porque más allá de la fotografía de hoy, lo que empieza a construirse es la viabilidad de cada perfil frente a una eventual medición interna. Y ahí, el nombre de Ixtláhuac comienza a meterse en una conversación que hasta hace poco parecía reservada solo para figuras con mayor exposición estatal.
Morón mantiene presencia por su trayectoria y estructura; Fabiola Alanís ha manifestado abiertamente su disposición a entrar al proceso; Gladyz Butanda ha venido ganando espacios en la conversación pública; y Torres Piña aparece como un perfil con peso político propio.
En medio de ese tablero, Toño Ixtláhuac comienza a colocarse como un actor competitivo, con una ventaja que en política suele valer más de lo que parece: resultados que ya lo vuelven medible.
Falta tiempo para la definición, pero en política los procesos no empiezan el día de la convocatoria; empiezan cuando los nombres comienzan a instalarse en la conversación. Y en Michoacán, esa lista ya se está escribiendo.
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