La nueva casa del equipo de beisbol de los Guerreros de Oaxaca se convierte en una extraordinaria contribución a la grandeza cultural de Oaxaca, un sueño cumplido de don Alfredo Harp Helú y de la doctora Isabel Grañén Porrúa, quien, a la letra, escribió: “El brillo de Oaxaca cala hasta el alma, porque su arte surge de manera natural, vive en sus mercados, en las fiestas, en la arquitectura, en el porte de sus mujeres coronadas por trenzas y en las manos de los artesanos. Sus paisajes y su inmensa riqueza cultural han inspirado a generaciones enteras y convierten a esta tierra en un lugar de extraordinaria belleza. Por eso, el Yu’va seduce a quien lo habita. Enmarcado por el cerro de San Felipe, el estadio dialoga con la luz cambiante del día; mientras la escénica de Oaxaca se manifiesta en sus cielos de añil, en los tonos de la grana, en los bordados de su campo y en el arte y la arquitectura transformados en barro, cerámica, madera, piedra y metal. Más allá de ser la casa de los Guerreros de Oaxaca, Yu’va honra la memoria y la riqueza cultural de esta tierra”.
El tiempo récord invertido en la construcción del Yu’va de sólo diez meses se traduce en un sueño cumplido, en el que el involucramiento y los recursos económicos, en su totalidad de don Alfredo, se plasmaron en la mejor calidad técnica, arquitectónica y artística, creando un complejo que volviera la memoria, la ciencia y la identidad de Oaxaca, sumando la voluntad política del gobernador del estado, Salomón Jara Cruz, y muchos otros entusiastas y capaces personajes como el arquitecto João Boto Caeiro. El proceso constructivo incorporó el rescate de vestigios recientes del estadio Eduardo Vasconcelos, pero, lo que a mi leal y saber entender es que este nuevo espacio genera la convivencia del deporte, cultura, naturaleza y comunidad, porque incorpora árboles, plazas y jardines con dos cisternas y un sistema de captación de agua y se añadirá una biblioteca infantil y juvenil BS-Mira, que se constituirá como un espacio de reflexión y creatividad por medio de los libros, la lectura y el esparcimiento.
El museo de los Guerreros de Oaxaca tendrá la misión de resguardar su memoria y recopilar testimonios de una historia que aún sigue y seguirá escribiéndose, haciendo énfasis a lo que iniciara hace 76 años y que pasó a las manos de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca en 1955, es decir, que en el 30 aniversario de los bélicos en la Liga Mexicana de Béisbol se celebra con un proyecto abierto.
El ensamble tecnológico e histórico hacen homenaje a seres ancestrales que jugaron a la pelota en tiempos remotos y la representación de los jugadores que portan máscaras de jaguar, semejantes a las caretas de cácher, pelota, guantes, varas, petos, cascos, zapatos especiales y protectores en piernas, cintura y brazos, y su semejanza con los actuales peloteros de beisbol parecen atravesar siglos.
El beisbol es también el juego de la vida, la participación artística no deja de sorprender y cada rincón, cada espacio, cada material deja saber y sentir que este inmueble está lleno de magia, el amor, compromiso y pasión se traslucen y generan un sentido en donde los astros se alinearon no sólo para unos Guerreros y Guerreras, sino como un ejemplo de lo que es vivir y morir jugando beisbol.
