Los rectores y su legado: de la polarización a la estabilidad
A partir de hoy y hasta el viernes, Excélsior publicará entrevistas con los cuatro últimos exjefes natos de la UNAM sobre el actual proceso de sucesión de Enrique Graue. Pero antes, conozca el panorama interno que enfrentó cada uno de ellos y la huella que dejaron en la historia de la Universidad.

Entre 1989 y 2015, la UNAM tuvo cuatro rectores que debieron enfrentar no sólo conflictos internos que llevaron a la huelga más larga de la Universidad, la renuncia de uno de ellos, la toma de planteles, de la Rectoría y la entrada de la Policía Federal Preventiva (PFP) a las instalaciones universitarias, sino además las intenciones latentes del poder político para controlar a la máxima casa de estudios.
José Sarukhán Kermez recibió una institución polarizada y heredó el compromiso de realizar un Congreso Universitario, acordado en medio del nacimiento del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), el movimiento que durante el rectorado de Jorge Carpizo McGregor logró frenar la llamada Reforma Carpizo, que proponía elevar las cuotas y pagos por servicios académicos, así como regular el pase automático.
Cuando Sarukhán volvió a intentar aumentar las cuotas en 1992, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari lo presionó para abortar la propuesta. En su libro Desde el Sexto Piso, Sarukhán cuenta que comprobó que había un acuerdo entre Manuel Camacho Solís, entonces jefe del Departamento del Distrito Federal y alguno de los grupos que promovieron originalmente el CEU.
Manuel Camacho había apostado a que, a como diera lugar, habría un conflicto en la Universidad si yo no retiraba la propuesta. Desde luego él, también en mi opinión, se encargaría de que tal conflicto ocurriera.
Además de lidiar con la cuestión de qué tan aceptable era admitir la interferencia de miembros del gobierno en la vida universitaria, tenía la pesadumbre de cómo enfrentar, públicamente, el nada sencillo trago amargo de desistir del proceso”, narra en sus memorias.
Pese a ello, Sarukhán fue el tercer rector que logró mantenerse ochos años en el cargo, después de Nabor Carrillo Flores y Guillermo Soberón Acevedo.
Pero su sucesor, Francisco Barnés de Castro, sólo tuvo dos años de rectorado. La gestión del ingeniero químico pasó a la historia por modificar, presionado por el gobierno del priista Ernesto Zedillo, el Reglamento General de Pagos al establecer diversas cuotas.
En noviembre de 1999, tras 207 días de huelga, Barnés renunció a la UNAM con la impotencia, dijo entonces, de no encontrar una solución al conflicto.
Las demandas del Consejo General de Huelga (CGH), que se radicalizaron por el dominio de los llamados ultras, terminaron tirando a Barnés, quien en su carta de dimisión expresó que su decisión se daba ante la intransigencia de los grupos radicales que se adueñaron de la conducción del movimiento, así como de “grupos políticos ajenos a la vida universitaria”.
Antes de Barnés, Rodulfo Brito en 1944, Salvador Zubirán en 1948 e Ignacio Chávez en 1966, fueron orillados a renunciar al cargo de rector a causa de movimientos estudiantiles. En 1972, Pablo González Casanova dimitió producto del nacimiento del sindicalismo universitario.
En medio de la huelga en la Universidad Nacional, el entonces secretario de Salud con Ernesto Zedillo, Juan Ramón de la Fuente, asumió la Rectoría y se convirtió en el protagonista de la recuperación, junto con el gobierno, de las instalaciones universitarias y del proceso de reconciliación.
Tras el inicio de su mandato y en medio de la polarización interna, De la Fuente planteó una propuesta institucional para dejar sin efecto el Reglamento General de Pagos y realizar un Congreso Universitario para analizar otras demandas de los panistas.
De manera paralela, organizó un plebiscito en el que alrededor de nueve de cada diez universitarios votaron por el fin de la huelga. Pero ante la negativa del CGH a reconocer el resultado, el 6 de febrero la PFP entró a Ciudad Universitaria para recuperar las instalaciones y poner fin al conflicto.
Everardo Moreno Cruz, quien como subprocurador General de la República coordinó dicho operativo, contó recientemente a Excélsior que pocos días después hizo entrega de CU al entonces abogado general de la UNAM, Fernando Serrano Migallón.
Ya no había ni las matas de mariguana que se habían sembrado, ni los despojos que se habían cometido. Lamentablemente, poco tiempo después, volvió a ocuparse el auditorio, que desde entonces, más de 20 años, sigue ocupado, el Justo Sierra. El rector Juan Ramón de la Fuente permitió que se ocupara nuevamente ese auditorio”, relató.
A De la Fuente lo sucedió José Narro Robles, quien a su lado trabajó por la recuperación y la posterior reconciliación en la Universidad.
Como mano derecha del jefe nato, primero en la subsecretaría de Salud con Zedillo y luego como uno de los principales interlocutores con el CGH, a Narro, reconocido por su amplia capacidad negociadora, le tocó encargarse del plebiscito en la UNAM y luego coordinar la Reforma Universitaria.
Pero desde antes sus dotes como operador político ya habían sido puestos a prueba en otro movimiento estudiantil en la UNAM. En 1986 se incorporó a la secretaría general de la institución y desde esa posición condujo el diálogo con el CEU para dar salida al conflicto detonado durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari a causa del Plan Carpizo.
Con Sarukhán como rector, Narro se mantuvo como secretario general hasta 1991, luego de que se realizó el Congreso Universitario, que él mismo negoció.
Así, Narro se convirtió en protagonista de las dos más grandes huelgas estudiantiles en los últimos 37 años. Para 2003, el médico llegó a la dirección de la Facultad de Medicina, antesala de su arribo al sexto piso de la Torre de Rectoría.
Con la estabilidad dada por la Junta de Gobierno a la UNAM, a partir de la Ley Orgánica de 1945, son los médicos quienes han dominado la Rectoría, pues hasta antes el control del gobierno universitario estaba en manos de los abogados.
De los 15 jefes natos que ha nombrado la Junta de Gobierno en su historia prácticamente la mitad, 46%, son médicos. En 78 años, este gremio ha estado al frente de la Rectoría durante 43 años. El abogado Genaro Fernández MacGregor fue el primer rector nombrado para la nueva era de la Universidad Nacional, pero sólo se mantuvo 11 meses en el cargo.
A partir de 1973, Guillermo Soberón Acevedo encabezó la UNAM, siendo el primer médico que logró culminar un rectorado de ocho años. Lo sucedió otro médico: Octavio Rivero Serrano, quien concluyó su primer periodo al frente de la Universidad, pero no contó con los apoyos para reelegirse.
Entonces fue designado Jorge Carpizo, otro abogado, quien duró cuatro años en la Rectoría. Le siguió el ecólogo José Sarukhán, que dirigió a la UNAM entre 1989 y 1996, y luego arribó un tercer ingeniero, Francisco Barnés, que renunció en 1999.
Desde entonces, suman 24 años ininterrumpidos de médicos rectores con Juan Ramón de la Fuente, José Narro y Enrique Graue.
Con información de Leticia Robles de la Rosa
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