Los grandes negociadores; tres décadas de diálogos
Los personajes han sabido sacar provecho de situaciones en contra en distintos momentos y gracias a ellos se lograron acuerdos que han moldeado la democracia y rumbo del país

CIUDAD DE MÉXICO.
Porfirio Muñoz Ledo, Carlos Castillo Peraza, Cuauhtémoc Cárdenas, Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador, Ifigenia Martínez, Amalia García, Rosario Ibarra de Piedra y Santiago Creel ocupan la primera fila en la construcción de los acuerdos, las reformas y transformaciones de la democracia mexicana.
Al ir enumerando las aportaciones de cada uno de ellos, el periodista Ernesto Núñez Albarrán distingue entre aquellos que se sentaron a la mesa de las negociaciones y quienes asumieron la determinación política de firmar los consensos como dirigentes partidistas, así como de las movilizaciones sociales que fueron clave para empujar cambios.
Cronista de la transición democrática y de las alternancias políticas del México contemporáneo, el coautor con Lorenzo Córdova de La democracia no se construyó en un día responde a la pregunta de quiénes son los personajes icónicos de los acuerdos que derivaron en el actual andamiaje institucional y constitucional.
“El primero y más importante es Porfirio Muñoz Ledo. Porque tuvo muy clara, después del fraude el 88, la visión de que había que transitar hacia una reforma del Estado, para darle viabilidad a este país, y no acabáramos a madrazos. A México no le ha tocado vivir lo que otros países latinoamericanos, donde la izquierda ha llegado por golpes de Estado o guerrillas”, plantea.
“Y desde luego el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Fue muy importante, desde la derecha, Carlos Castillo Peraza, en esos primeros años del 90. Y después, en la reforma del 96 es importante recordar que les toca firmarla a López Obrador y a Felipe Calderón, como presidentes del PRD y del PAN, quienes posteriormente serían los grandes beneficiarios de esa reforma”.
IFIGENIA, AMALIA, ROSARIO IBARRA
El analista político y columnista apunta que el caso de la actual senadora Ifigenia Martínez, sus aportaciones como economista, académica y política formada en el PRI, debe añadírsele una más:
“Fue alguien que permitió conciliar los egos de Cuauhtémoc y Porfirio para siempre decirles es más importante la agenda general, que la agenda individual de cada uno de ustedes. Ella, en muchas ocasiones, fue la que dijo hay que sentarnos a construir, a dialogar. Lo hizo desde la creación de la Corriente Democrática del PRI y después cuando la creación del PRD. Es una persona fundamental en esta historia”.
Núñez Albarrán destaca que Amalia García Medina, actualmente diputada federal por Movimiento Ciudadano, fue como presidenta y legisladora del PRD un enlace determinante con actores de la sociedad civil y con el PAN, al reconocer la importancia de esa vinculación, antes de 1994.
“Como también fue importante para la construcción de acuerdos la presencia y participación de Rosario Ibarra de Piedra, como ejemplo de resistencia, con sus candidaturas presidenciales”, detalla.
Recuerda el también autor de Crónica de un sexenio fallido que la impulsora de la lucha por los derechos humanos se sumó a la denuncia de fraude en 1988 y su testimonio, en las elecciones de 1982, como candidata presidencial, de que la transformación del país era por la vía pacífica, fue importantísimo, ya que ella venía del agravio de que le desaparecieron a su hijo.
LA DEUDA DE CREEL
“Una de las figuras interesantes en el PAN fue Santiago Creel, primero como académico, intelectual y desde la sociedad civil en 1994. Después, como constructor de algunos acuerdos, sobre todo para la reforma del 2014.
“Sin embargo, cuando fue secretario de Gobernación (2000-2005), a él le tocaba hacer lo que Muñoz Ledo insistía que debía hacer: que la alternancia fuera realmente una transición a un nuevo régimen. Y el hecho de no haber tenido el empuje, las ganas de convencer a Vicente Fox, de que no bastaba la alternancia, retrasó la transición del país, porque uno de los grandes fracasos del gobierno de Fox fue político.
“Así que cuando a Creel le tocó construir una gran reforma del Estado, en un momento histórico clave, que era la alternancia del 2000, no lo quiso hacer, a pesar de que había condiciones idóneas. Y decidieron desterrar literalmente a Porfirio en su instancia de que necesitábamos un cambio de régimen porque este país no podía transitar simplemente con una alternancia de partidos. También se lo insistió a López Obrador y también Morena lo ignoró en 2018”, recuerda.
CLAVES DEL ÉXITO
Académico en la UNAM y la UIA, Núñez Albarrán subraya que en las reformas político electoral más importantes se han presentado tres características: no las promueve el gobierno ni el partido en el gobierno, sino la oposición; son impulsadas en la primera mitad del sexenio, como resultado de una elección en la que hubo problemas e inconformidades. Esos fueron los casos de las de 1990, 1996, 2007 y 2014.
“Y tres: tienen un amplio consenso y los partidos políticos, también los minoritarios están incluidos en el acuerdo, lo cual hace transitable la reforma. Pero si se plantea una reforma electoral en la segunda mitad del sexenio, ésta tiene un gran problema: todo va a indicar que está hecha para sacar alguna ventaja en la siguiente elección presidencial”, alerta.
Destaca otra constante: las reformas políticas a cambio de transformaciones económicas, como ocurrió con Carlos Salinas de Gortari y todo el paquete que dio paso al denominado neoliberalismo. Y en 2014 el cambio político como trueque de la reforma energética.
“Y si excluyes a alguna fuerza política porque es minoritaria, pues también estás generando un grave problema de gobernabilidad para las elecciones que se hagan con base en esas nuevas reglas del juego. Y si es una reforma que no se propone desde la oposición, sino desde el gobierno, da la impresión de que el gobierno quiere volver a obtener ciertas ventajas, y control de los procesos electorales”, prevé.
LA GRAN REFORMA DEL 96
Asesor en la presidencia del Consejo General del INE, el periodista reseña:
“La reforma del 1996 fue muy importante: veníamos de una crisis política muy gruesa, en el 94, por la irrupción del ejercito Zapatista, por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y después por la propia elección del 94. Esa reforma se hizo como demanda de la oposición, en la primera mitad del sexenio de Ernesto Zedillo.
“La otra reforma muy importante es la de 2007, que es la del modelo de comunicación y ocurre después de una crisis política importante: las acusaciones de fraude con la elección de Calderón en 2006. Era la oposición, el PRD, el que reclamaba reglas de equidad en la adquisición de tiempos en radio y televisión, y se da también en esa primera mitad del sexenio.
“La reforma del 2014 que convierte al IFE en INE responde a un reclamo muy intenso de la oposición, por el caso Monex. Se le reclamaba, además al PRI, que los gobernadores estaban manipulando las elecciones. Se dio la creación del INE con una reforma que buscó homologar los procesos electorales con la calidad que se tiene en lo federal. Era un reclamo de la oposición que pidió ese cambio para firmar el Pacto por México, en la primera mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto”.
“Son reformas de amplio consenso, sobre todo la del 96, en el que también hubo un empujoncito de la sociedad civil, con el grupo San Ángel y los Diálogos de Chapultepec, exigiendo esa reforma política que fue de cambio de régimen. Y así fue:
Se crea un órgano electoral ciudadano y se le quita completamente el control de las elecciones al gobierno; crea el financiamiento público para poner un piso parejo de competencia. Fue la que permitió avanzar hacia la alternancia en el 97 en el Congreso y con el gobierno de la Ciudad de México, y luego en el 2000 en la presidencia de la República”.
OBLIGADA DISCRECIóN
Cuestionado respecto a las dosis de discreción que debe tener la construcción de acuerdos, reflexiona:
“De las reformas que permitieron transitar hacia otro estadio del sistema político electoral mexicano, nosotros los periodistas nos enteramos de los grandes acuerdos semanas, meses o incluso años después”.
Ejemplifica que de la visita de Luis H. Álvarez y Carlos Castillo Peraza a Los Pinos con el presidente Salinas hubo información tres años más tarde.
“Veíamos con suspicacia que Diego Fernández de Cevallos se la vivía en Los Pinos. Pero de esos diálogos salieron los acuerdos. Sí, con justificada razón criticables, pero también tuvieron una parte positiva”, pondera.
“Incluso, nos enteramos como 10 años después que incluso Cuauhtémoc Cárdenas había hablado con Carlos Salinas de Gortari y que en ese diálogo el ingeniero le sugirió hacer algo con el tema electoral, porque este país no aguantaba otro 88”, narra.
“Está muy complicado construir un acuerdo sentados en el Zócalo frente a todo mundo. Por eso, uno de los grandes errores que se han cometido en este sexenio para una reforma de Estado, política importante, es que ha sobrado estridencia de las dos partes y ha faltado diálogo”, alerta.
La confianza entre las partes resulta fundamental, enfatiza, cuando van a cambiarse las reglas del acceso al poder. “No en balde el artículo 41 de la Constitución, que es el que regula todo eso, tiene 14 páginas. Porque ahí los partidos han ido metiendo todos los pequeños arreglos a los que han llegado para pelearse por el poder de manera civilizada”.
LA APORTACIÓN DE AMLO
Núñez Albarrán subraya que, en este proceso, “la aportación de López Obrador fue desde la calle, la denuncia y la oposición estridente. Él es el líder de las masas que reclama el fraude del 95 en Tabasco; el que acompaña a Félix Salgado en 1999, en un éxodo desde Chilpancingo hasta la Ciudad de México; el que, como jefe de Gobierno, enfrenta la deslealtad democrática de Fox en el desafuero; lo mismo en 2006 con la toma de Reforma. No es el constructor de los acuerdos, pero él pone el escenario para que después otros pacten.
“Honor a quien honor merece: muchas de las causas de lucha de López Obrador alimentaron la construcción de este sistema electoral tan complejo porque fue él quien primero denunció las prácticas de la picaresca política mexicana: desde los mapaches hasta la declaración de que Roberto Madrazo había gastado más dinero para ser gobernador de Tabasco que Bill Clinton como presidente de Estados Unidos, cosa que más o menos era cierta”, ilustra.
“Exhibió a Fox como un presidente que se metió a la campaña para ayudarle a Calderón a como diera lugar, violando la Constitución, y denunció cómo las televisoras desbalancearon las reglas del juego democrático. Y de ahí surgió el modelo de comunicación política vigente todavía”, destaca.
