Ocho de cada diez en la UNAM perciben falta de reglas claras para usar IA
Aunque la mayoría ve con buenos ojos a la IA, el 37.2 por ciento de los alumnos confesó que no sabe cómo usarla para aprender y casi el 40 por ciento teme sus efectos negativos.

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero su adopción avanza más rápido que las reglas para utilizarla. Alrededor de ocho de cada diez integrantes de la comunidad universitaria consideran que la institución no cuenta con directrices claras sobre el uso de estas herramientas en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Así lo revela una encuesta aplicada a más de seis mil estudiantes y docentes como parte del “Estudio sobre Inteligencia Artificial en Educación Superior en América Latina”, cuyos resultados muestran una percepción mayoritariamente favorable hacia tecnologías como ChatGPT, aunque acompañada de incertidumbre sobre su aplicación y sus posibles efectos.
De acuerdo con el estudio, entre el alumnado predominan usos relacionados con la búsqueda de información, la resolución de dudas y el apoyo en tareas académicas. En el caso del profesorado, la inteligencia artificial se utiliza principalmente para la elaboración de materiales didácticos.
Sin embargo, la investigación también detectó áreas de preocupación. El 37.2 por ciento de los estudiantes aseguró no estar seguro de cómo emplear la inteligencia artificial en su aprendizaje, mientras que 39.7 por ciento manifestó inquietud por los posibles efectos negativos de estas tecnologías.
Entre los docentes, el panorama es similar. El 41 por ciento reconoció que no tiene claridad sobre cómo incorporar estas herramientas a sus actividades de enseñanza y 19.2 por ciento expresó preocupación por las repercusiones que podrían generar.
Durante la presentación de los resultados, el titular del Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial de la UNAM, Pablo Pruneda Gross, señaló que existe una brecha entre la rápida adopción de estas herramientas y el conocimiento de lineamientos institucionales para su uso ético y pedagógico.
Indicó que los resultados ofrecen un diagnóstico confiable sobre la situación actual de la inteligencia artificial en la Universidad y evidencian que, aunque existe una opinión favorable sobre estas tecnologías, aún falta avanzar en su integración institucional.
Pruneda Gross consideró que la construcción de una política universitaria en la materia requiere la participación conjunta de coordinaciones, facultades, escuelas, centros e institutos, debido a que el uso de la inteligencia artificial en la educación no depende únicamente de decisiones individuales.
Por su parte, el titular de la Coordinación de Evaluación, Innovación y Desarrollo Educativos (CEIDE), Melchor Sánchez Mendiola, advirtió que el desafío no es solamente tecnológico, sino también pedagógico, ético, cultural e institucional.
Subrayó que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta valiosa para apoyar la preparación de materiales, explorar ideas y personalizar procesos educativos, pero enfatizó que no sustituye el juicio docente ni la formación crítica que caracteriza a la educación superior.
El estudio también reveló que 60 por ciento del estudiantado espera participar en las decisiones institucionales relacionadas con el uso de inteligencia artificial, mientras que 57.3 por ciento del profesorado considera que estas herramientas pueden contribuir al desarrollo del pensamiento creativo.