Prescripción social

México enfrenta una elevada prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, hipertensión, obesidad y trastornos de salud mental, problemas asociados a factores biológicos y a determinantes sociales como el aislamiento social, el sedentarismo, la falta de espacios de convivencia, el estrés y la escasa participación comunitaria.

Actualmente, el sistema de salud se centra en la atención médica y farmacológica. Sin embargo, existen factores sociales que influyen directamente en la salud y que no suelen abordarse mediante las intervenciones tradicionales.

En este contexto, Giada Scarpetti (Scarpetti et al., 2024) apunta a la prescripción social como una estrategia implementada en diversos países como Australia, Austria, Canadá, Inglaterra, Finlandia, Alemania, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia, Países Bajos, Estados Unidos y Gales, que conecta a pacientes con recursos comunitarios para mejorar su bienestar físico, psicológico y social. Su objetivo es complementar la atención médica mediante actividades no farmacológicas adaptadas a las necesidades de cada persona. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido la importancia de los determinantes sociales en los resultados de salud. La experiencia internacional muestra que la prescripción social puede contribuir a mejorar el bienestar general de la población, fortalecer la atención comunitaria y aprovechar recursos existentes con costos relativamente bajos.

Desde una perspectiva social, la prescripción social fortalece el tejido social y comunitario, reduce el aislamiento de adultos mayores y grupos vulnerables, promueve estilos de vida saludables e incrementa la participación ciudadana en actividades comunitarias.

En el ámbito sanitario, favorece la prevención de enfermedades crónicas, complementa el tratamiento de pacientes con diabetes, hipertensión, obesidad y depresión leve, promueve la actividad física regular y mejora la adherencia a tratamientos médicos.

Con inversión limitada y la infraestructura existente se posibilita disminuir la demanda en consultas médicas derivadas de problemas socioemocionales. Con estas consideraciones, el objetivo consiste en implementar un modelo nacional de prescripción social para que los servicios de salud vinculen a pacientes con programas y recursos comunitarios con el fin de mejorar su bienestar físico, mental y social, contribuyendo a la prevención y control de enfermedades crónicas.

Para alcanzar este objetivo se plantea incrementar la participación de personas con factores de riesgo en actividades comunitarias de promoción de la salud, reducir el sedentarismo y fomentar hábitos saludables mediante actividades físicas, culturales y recreativas, mejorar el bienestar emocional de personas con síntomas de ansiedad, depresión leve o aislamiento social, fortalecer la coordinación entre centros de salud, municipios, instituciones educativas y organizaciones de la sociedad civil y desarrollar redes de apoyo comunitario para grupos vulnerables, especialmente adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.

Brindar atención a esta población a través de la Prescripción Social en Centros de Salud, en los que personal de salud en atención primaria identifiquen pacientes candidatos a emitir una “receta social”. Creación del Catálogo Comunitario de Salud, que registre espacios deportivos, casas de cultura, bibliotecas y centros comunitarios.

La Prescripción Social Comunitaria representa una política pública innovadora, viable y de bajo costo para México, y aborda las determinantes sociales de salud, integrando la atención médica tradicional con intervenciones comunitarias que pueden mejorar la calidad de vida de la población. Su implementación gradual mediante programas piloto permitiría generar evidencia nacional y facilitar su expansión a todo el país.