“Las adicciones son simplemente falta de voluntad”

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

MITO 

“Las adicciones son simplemente una cuestión de falta de voluntad o debilidad moral”. 

En estas épocas, cuando las cifras de adicciones superan con mucho a las anteriores, hay quienes siguen afirmando que el problema es simple falta de voluntad o debilidad moral.

CONSECUENCIA

En México, el consumo general de sustancias psicoactivas en la población aumentó de 10.3% a 14.4% en nueve años, según datos de la Instituto Nacional de Salud Pública. El uso de drogas ilegales creció en adultos, destacando las metanfetaminas y el cannabis, que es la droga ilegal de mayor consumo, aumentó de 8.6% en 2016 a 12% en 2025. El consumo de cocaína, anfetaminas y otras drogas ilegales también registra un incremento.

REALIDAD

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) fue considerada una hoja de ruta para el diseño de políticas públicas de salud, que México había elaborado rigurosamente entre 1993 y 2016, pero el señor que se fue a La Chingada, Palenque, la canceló en 2022 como parte de sus “políticas de austeridad”. Aunque en 2023-2024 se difundió una encuesta de consumo, la propia Secretaría de Salud la descartó por carecer de rigor metodológico y los especialistas la criticaron porque esa política se desarrolló a ciegas. Es por eso que la encuesta de 2025 se usa como referencia para conocer la magnitud del problema.

Actualmente, la adicción a las drogas es reconocida como una enfermedad crónica con cambios cerebrales específicos, y así como la enfermedad cardiaca afecta el corazón y la hepatitis daña el hígado, la adicción perjudica el cerebro, lo secuestra.

Los estudios de gemelos y adopción muestran que alrededor de 40% a 60% de la susceptibilidad a la adicción es hereditaria.

Las adicciones no son una falta de fuerza de voluntad. La ciencia demuestra que la adicción es una enfermedad crónica compleja del cerebro, ya que altera zonas que controlan el placer, los impulsos y la toma de decisiones, por lo que la sola voluntad no basta para superarla y se requiere ayuda profesional

La dopamina es un mensajero químico involucrado en la motivación, el placer, la memoria y el movimiento, entre otras funciones. En el cerebro, el placer se produce a través de la liberación de la dopamina en el núcleo accumbens, una región a la cual los neurocientíficos llaman el “centro de placer del cerebro”. Justamente, la acción de una droga adictiva funciona a partir de la influencia en ese sistema.

La adicción se aprende y se almacena como memoria en el cerebro, por lo que la recuperación es un proceso lento. Incluso después de que una persona renuncia, por ejemplo, al consumo de drogas, durante semanas, meses e incluso años, la exposición al sitio de la droga, caminar por una calle donde la compraron o tropezar con personas que siguen consumiendo les trae un tremendo impulso a querer consumir de nuevo.

Algunos adictos llegan a focalizarse en conseguir y disfrutar de la droga excluyendo todos los demás aspectos de sus vidas: descuidan a su familia, su trabajo, su propia salud. Y aun sabiendo que se están destruyendo a sí mismos, siguen con el consumo de la droga y, a medida que continúan con su uso, se hacen tolerantes. Así, las dosis que inicialmente utilizaron para estimularse ya no son eficaces y necesitan usar una dosis más alta.

La persona que es adicta no quiere serlo. Su adicción ya le costó su trabajo, su pareja, su bienestar. Sin embargo, no puede resistir la tentación. Como dijimos al principio, se trata de una enfermedad de la que actualmente no existe cura. Se la debe tratar como otras enfermedades crónicas (hipertensión, asma, cáncer) y, como tal, mantener el tratamiento, ya que, de otro modo, el paciente recae.

La adicción es un problema personal, pero también social, porque su presencia en una población ignorante y desempleada, la droga se presenta junto con la pobreza y la marginación; su solución no es sólo atacar la adicción, sino su entorno.