Día del Niño: Minijefes con sueños y propósito
Niños emprendedores convierten el recreo en ideas, mezclan creatividad, apoyo familiar e inclusión en proyectos con impacto social en el Día del Niño.

Mientras que para muchos el recreo es el momento de olvidar las responsabilidades, para una nueva generación de niños es el espacio ideal para la lluvia de ideas. Hoy, los pequeños emprendedores están sumando herramientas digitales y visión social para construir proyectos que van más allá de un simple pasatiempo. Desde el aroma de cupcakes que inunda la cocina de Alejandro, quien ahorra y destina una parte de esas ganancias a sus terapias, por su condición de autismo, hasta los dibujos que Luna hace, con los que obtiene dinero, pero con los que, más que nada, busca hacer felices a sus compañeros de clase. Sus familias están detrás de cada cupcake, dulce, dibujo… su apoyo es un ingrediente invisible pero vital. A diferencia del modelo empresarial tradicional,…
Alejandro: Hornear un futuro con rayos de colores
Un sol con rayos de colores acompañado por la frase “Gracias x tu pedido”, escrita a mano, son el sello de Sole Mío, el emprendimiento de Alejandro, quien desde los dos años y siete meses fue diagnosticado con autismo.
Ahora, a punto de cumplir 11 años, Ale vende cupcakes que él mismo hornea. Cada pedido va en una bolsa decorada por él, con un logotipo que nació de sus propios trazos: un sol con rayos de colores que representan la neurodivergencia.
Desde muy chiquito cocinaba conmigo por todo el tema de texturas, de probar otros alimentos. Estaba bebé, de unos tres años... empezaba a hacer brownies conmigo. Es una actividad que le gusta”, cuenta a Excélsior su mamá, Lucía Agraz.

En 2023, hornear, una actividad familiar, se transformó en una pequeña empresa. Ale participó en un evento de niños emprendedores en Morelos, donde instaló su propia mesa para vender cupcakes.
Él ya estaba haciendo cupcakes sin gluten y sanos. Le gustan mucho los postres. Entonces, cuidando su alimentación, pues empezamos a buscar recetas, a probar recetas. Los llevó ya hechos, puso su mesita y los vendió ahí. Y pues eso le da no solamente esta habilidad de cocinar, sino toda esta interacción, el tener el producto, el poder venderlo, intercambiarlo, convivir con otros niños”, explica Lucía.
Se trata de un gran avance, especialmente por la dificultad de Ale para comunicarse verbalmente, un desafío que sus papás le han ayudado a enfrentar, dotándolo con un sistema aumentativo y alternativo de comunicación (SAAC) que le permite externar las ideas más complejas que aún no puede pronunciar.
Desde hace más de un año, el comunicador le ha servido como puente entre su mundo interno y el exterior. Gracias a esta herramienta, su habla se disparó.
“Por primera vez le puedes preguntar ‘¿cuántos años vas a cumplir?’ y te dice ‘11’. Es algo que hemos tardado 11 años en escuchar”, cuenta Lucía.
Ale utiliza este dispositivo para exponer temas en la escuela, hacer la lista del supermercado y también para vender sus cupcakes. El dinero que genera Sole Mío se divide en tres partes. Un 30% se destina al ahorro personal de Ale, para que aprenda el manejo del dinero; otro 30% se reinvierte en insumos para el negocio, y el resto se utiliza para costear sus propias terapias.

Su emprendimiento pasó de ser un evento ocasional a una rutina familiar semanal. Ale hornea y se encarga de la personalización de cada pedido.
Ahora recibe encargos semanales de la cafetería de su escuela y hornea pasteles de cupcakes temáticos para los cumpleaños de sus compañeros. Incluso lanzó el "cupcake pizza" para las fiestas infantiles. De acuerdo con su mamá, las habilidades que Ale ha adquirido van más allá de lo culinario.
Es algo que le entusiasma mucho... le da muchas habilidades y, sobre todo, es sentir que es una actividad en la que se siente sumamente competente; es darle la confianza de hacer las cosas”, asegura.
No se trata sólo de un negocio. Para Ale, hornear también es una vía para regular sus emociones y fortalecer su autoestima. Una actividad que lo relaja y que le permite comprender procesos lógicos.
“Sabe perfectamente cuáles son los pasos, qué es lo que va a pasar... lo vemos que se entusiasma, que es algo que le interesa y que su autoestima también ha crecido mucho”, narra Lucía.
Y aunque el camino hacia la independencia aún es largo y Lucía admite que no existe una certeza absoluta, los cupcakes de Ale son el posible cimiento de una futura oportunidad laboral.
Por Olimpia Ávila

César, el CEO de Rock calavera; espíritu emprendedor en Oaxaca
Con solo siete años de edad, César, creó su primer proyecto de emprendimiento, incluida la marca, logotipo y nicho de mercado. Su modelo de negocio vio la luz en un tianguis de niños emprendedores.
El logotipo de su marca, involucró su gusto por las calaveras, y también su incipiente afición por el rock, de ahí surgió la marca: rocket araña y rock calavera, en productos como llaveros, pulseras, alcancías y tazas.
No, no son (calaveras) de Día de Muertos , es que las calaveras me gustan un montón…Porque en mi videojuego favorito, aparecen personajes que son calaveras”, comenta en una breve entrevista que tuvo para Excélsior para contar cómo fueron sus inicios y lo que hay que considerar para crear una empresa.
A César Mateo Vásquez Magaña, originario de la ciudad de Huajuapan de León, en la mixteca oaxaqueña, le despertó el espíritu emprendedor a la edad de cinco años, mientras estudiaba el preescolar.
En unas vacaciones de verano, viendo el potencial de hijo, sus padres —César y Yessica— lo inscribieron a BusinessKids un programa que se enfoca en despertar vocaciones emprendedores desde temprana edad, y fue allí donde se le ocurrió diseñar su primer proyecto, a partir de piezas de metal reciclables, que su papá soldó y pintó.
La primera vez, vendí tazas, pulsera, alcancías, hechas de fierro. Las pulseritas, fuimos a comprar el material al centro de Huajuapan...me compraron el hilo, y ahí las fui haciendo”, comenta.
Aunque muchas personas creen que César, al ser un niño empresario, no tiene tiempo para hacer cosas de su edad, lo cierto es que es todo lo contrario; comparte tiempo con su familia y amigos, hace actividades como cualquier chico de su edad.
En la entrevista, habló como cualquier otro niño de su edad, que va a la escuela, convive con su hermana, va a clases de natación, su gusto por los videojuegos, y hace planes para su cumpleaños en septiembre próximo.
Sin embargo, César nos confió que tiene en mente un nuevo emprendimiento: venderá dulces en bolsita, que llevarán la etiqueta de la calavera, que ya posicionó como marca en la ciudad de Huajuapan.
Voy a hacer otro emprendimiento. Venderé dulces y jugos de frutas congelados, preparados con chilito,Tajín y Miguelito. Aquí afuera ( de la casa), porque es que estoy ahorrando para un Xbox”, adelantó.
“Y, es que me interesa mucho porque a los niños les encantan los dulces. Mmm. Pues por eso yo digo que me van a comprar un buen, y que a veces sus mamás, se les van a antojar y van a querer”, comenta César, el aprendiz de empresario.
Por Patricia Briseño.

Manualidades Luna: el arte de combatir el aburrimiento
A sus ocho años, Luna es consciente de un problema en el patio de su escuela: el aburrimiento. Mientras sus compañeros de tercer grado se limitaban a comer su lunch, ella aprovecha para vender dibujos.
Hago dibujos de capibaras y los empecé a hacer porque se me ocurrió en la escuela... vi que muchos traían dibujos y se aburrían en el recreo porque no tenían más que hacer que comer”, explica Luna a Excélsior.
Es por eso que decidió poner manos a la obra con hojas blancas y crayolas. Su producto estrella, los dibujos de capibaras, se ha convertido en el motor de su emprendimiento.
El precio de los dibujos varía, dependiendo de qué tan difícil sea su ejecución, aunque a veces sólo entrega el contorno para que sus clientes los iluminen.
“Depende de si son más difíciles o más fáciles... (los vendo) en 10 o cinco pesos”, afirma.
En su inicio empresarial, Luna se encontró con obstáculos. Antes de los capibaras, intentó lanzar un negocio similar que terminó en un conflicto de propiedad intelectual infantil. Una de sus amigas la acusó de copiar el negocio de un compañero. Sin embargo, ese "rival" comercial hoy es uno de sus clientes frecuentes.
Tuve un negocio que no funcionó... de pronto empezaron a decir que era una copia, porque una amiguita (dijo) que yo estaba haciendo otro negocio de dibujos... pero este de capibaras sí (funcionó). El amigo que dicen que soy una copia de él, sí me compra, le gustan mucho los capibaras”, relata Luna.
Además de los dibujos, Luna fabrica squishies caseros —juguetes antiestrés— y aviones de papel, pero, a pesar de su éxito, enfrenta prejuicios por parte de algunos compañeros de clase.
“A muchos no les gusta lo que hago porque dicen que sólo es de niñas”, menciona.
El espíritu comercial de Luna cuenta con el respaldo de sus padres, quienes han fomentado su autonomía financiera. Con sus ganancias, ella quiere comprar un juguete miniatura. Y para obtener más dinero, siguiendo el consejo de su maestra de pintura, planea expandir su oferta hacia productos estacionales, como flores para el Día de la Madre o aretes artesanales.
¿ Y qué es lo que más le inspira a seguir? “Pues que me sigan comprando y que tengan con qué no aburrirse”.
Por Olimpia Ávila.

Gomitas locas desde Saltillo, una forma de ahorrar y crecer
Desde muy pequeño sintió la curiosidad por iniciar un pequeño negocio que le ayude a impulsar sus habilidades y proyectos.
Humberto Altamirano Martínez, de 12 años de edad, alumno de secundaria de un colegio particular de Saltillo, ha proyectado su creatividad más allá de sus actividades escolares.
El menor quien es apoyado por sus padres en todo momento, ha buscado desde muy corta edad sacar a flote su proyección empresarial, con su negocio de venta de dulces y gomitas agridulces preparados de una manera creativa con chamoy, chile, limón, y otros productos, los cuales han tenido gran aceptación entre sus consumidores.
Con esta actividad Humberto ha creado independencia, disciplina y educación financiera, que son básicos para su desarrollo y crecimiento.
Altamirano Martínez, sostuvo que el emprendimiento lo inicio para que la gente conozca su producto, y a empezar a tener y desarrollar habilidades y como interactuar con la gente.
Desde hace un año comenzó con esta actividad ya que algún día le gustaría tener su negocio propio de comida rápida de hotdogs y hamburguesas.
Puntualizo que cuando les comentó a sus papás lo apoyaron, inclusive algunas veces le han apoyado para comprar la materia prima para elaborar el producto
El negocio que le ha dado grandes satisfacciones se llama “Gomitas Locas”, ya que tienen mucha variedad y la bolsita tiene un costo de15 pesos.
La cantidad que invierte es de 50 pesos para armar un lote de 8 bolsitas, “mi ganancia total de producto es de 120 pesos.
Añadió que está actividad no interrumpe sus actividades escolares, la lleva a cabo cuando las concluye
El centro de la ciudad de Saltillo es un buen lugar para ofrecer su producto.
Las vendo en el centro de la ciudad, porque es concurrido por muchas personas y es buen punto de venta”.
Puntualizo que ya tiene definidos algunos clientes que le han sugerido que introduzca nuevos productos, ya que el que ofrece es delicioso.
Ya soy conocido por varios clientes y me compran frecuentemente, son muy ricas y les gustaría que sacara un nuevo producto”.
Ha pensado en ofrecer papas fritas preparadas con elote, salsa y otros productos.
Humberto Altamirano Martínez, se tarda 20 minutos en elaborar su producto y de inmediato sale a ofrecerlo a sus clientes.
Por Alma Gudiño.
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