Futuros gladiadores de la lucha libre: Niños prefieren los costalazos a la tablet

En una era dominada por los videojuegos y las redes, un grupo de niños entrena 2 horas diarias para cumplir su sueño; gimnasio integra a niños con autismo y TDAH

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La pasión de Sacro por enseñar a los niños el amor por la lucha libre. En la imagen aparecen Kikiri Punk, Sacro, El Demasiado, Luna, Iktan, Paolo, Natalia, Emilio, Leo, Iker y Leonel.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Natalia le diría a las niñas que todos los deportes son para todos; los invita a dejar sus tabletas. Quiere ser luchadora, no quiere perder la cabellera y su luchador favorito es Penta.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez 
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Una vez al mes, los niños reciben a un luchador invitado, que en esta ocasión fue Kikiri Punk; en la imagen ayuda a Iktan en su entrenamiento.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez.
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Parte del entrenamiento de lucha libre de Sacro se basa en que mientras unos hacen el ejercicio, los demás tienen que esperar pacientes su turno. Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Kikiri Punk y Sacro apoyan a Paolo a lograr un lance desde la tercera cuerda.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Todos observan el entrenamiento de lucha libre.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Natalia y Luna son dos niñas que acuden al entrenamiento de lucha libre. Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Natalia realiza un ejrcicio de cuello llamado puente olímpico.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Emilio e Iktan realizan ejercicios como el puente olímpico durante su entrenamiento de lucha libre.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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La mayoría de los niños acuden al entrenamiento, porque cuando crezcan quieren dedicarse a la lucha libre.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Natalia, quien esta de pie, es una de las alumnas con más tiempo en las clases; aquí ayuda a Luna a realizar un puente olímpico.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Entrenamiento de lucha libre.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Emilio, de 5 años, aprendiendo a hacer una pose de defensa; Sacro le explica personalmente cómo hacerlo.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Iktan, al igual que sus compañeros, es fan de la lucha libre, por lo que decidió entrenar.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Entrenamiento de lucha libre.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Emilio va iniciando las clases, por lo que aún siente miedo a subirse a las cuerdas, pero le dice a Sacro que confía en que no lo dejará caer. Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Parte de los ejercicios que realizan es el saber caer en la lona, por lo que se preparan para lograrlo sin que se lastimen.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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De manera muy atenta, todos miran los ejercicios que realizan sus compañeros.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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A Emilio le ha ayudado acudir al entrenamiento de lucha libre, pues su concentración ha mejorado.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Sacro y Kikiri Punk, con mucha paciencia, les enseñan ejercicios a los niños en el entrenamiento de lucha libre.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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 Sacro, con Emilio, de 5 años, quien, a pesar de tener pocas clases, es uno de los más emocionados; quiere ser luchador.Foto: Elizabeth Velazquez Ramirez
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Cuando eres niño, es muy común que te pregunten ¿qué quieres ser de grande? La respuesta, en los últimos tiempos, se ha resumido en ser creadores de contenido o gamers, debido a la vida frente a la pantalla. Ya no es tan fácil escuchar que un niño quiere ser doctor, maestro, astronauta o alguna otra profesión. Y de ser deportistas, mejor no hablemos.

Pero no todos piensan así: algunos encontraron en la lucha libre un deporte que les apasiona, a tal grado de decir “¡Yo quiero ser luchador profesional!”. Es el caso de Natalia, Luna, Iktan, Emilio, Leo, Leonel, Iker y Paolo, quienes entrenan para ser luchadores. En resumen, “es simplemente luchar por tus sueños”… con esta frase es que Territorio Sagrado se define como un espacio donde no sólo se llevan a cabo funciones de lucha, también forman luchadores.

Sacro y una pasión que le llevó a enseñar a las infancias el amor por la lucha libre

Dentro de esas clases se encuentra una particularidad: se imparte a niños de 5 a 16 años de edad, quienes prefieren entrenar dos horas en lugar de estar el mismo tiempo en una tablet. La clase es impartida por un joven luchador de nombre Sacro, quien se ha convertido en la motivación que ellos buscan.

Desde niño veía las luchas en la televisión con su papá, y de ahí supo que quería dedicarse al pancracio, pero no había escuelas dedicadas a este deporte para su edad, sólo atendían a los mayores. Debido a esto, El Demasiado, otro gladiador conocido por Sacro, le propuso dar clases enfocadas en niños.

La sorpresa que Sacro se llevó al impartir sus primeras clases de lucha libre

No ha sido sencillo y ha enfrentado varios retos. Para empezar, Sacro creyó que sólo tendría niños y la sorpresa fue que llegaron tres niñas, el primer día, y ningún niño. Pese a que hay luchadoras profesionales, no pensó que serían sus primeras alumnas, pero les brindó un entrenamiento de calidad y en igualdad de condiciones.

El luchador también ha tenido que aprender cómo hacer la clase más atractiva para niños diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o con autismo.

Dentro de la lucha hay una persona que se llama Harley Williams; él tiene autismo, es un compañero de lucha libre. Yo hablé con él para que me diera consejos porque sinceramente yo desconocía el tema. Me dio muchos consejos e incluso vino a la clase como invitado y bueno, pues creo que funcionó”, comparte.

La lucha libre también se trata de respetar, de ayudar, de comprender…

También ha recibido niñas que han sufridobullying y, de no tener ganas de regresar a la escuela, tomaron confianza. 

“Les enseño varias cosas, pero en la lucha olímpica, además del ejercicio, es aprender a defenderse y que lo apliquen en su vida diaria. De cómo es defenderse es una lucha de cuerpo a cuerpo, pero trato de enseñarles a que se defiendan, mas no a que abusen por saber lo que les enseñé. A los niños hay que alejarlos de las malas compañías, de estar haciendo cosas que no deberían, incluso de las redes sociales, donde a veces hay otras personas que buscan la maldad en los niños. Trato de que estén aquí dos horas, les guste entrenar, que se motiven. De enseñarles valores no sólo arriba del ring, sino abajo; darles muchos valores que se han perdido. La lucha libre también se trata de respetar, de ayudar, de comprender y de ser empático”, sostiene.

“Verme en ellos es lo que me emociona, les enseño algo y les sale a la perfección. A mí me da mucha emoción que sigan avanzando. Siempre se los he dicho: es la disciplina, el respeto y la humildad lo que abre las puertas, entonces es lo que yo les inculco”.

*mcam

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