En ese video tan serio y solemne en el que la fiscal Ernestina Godoy anuncia que acusará al exfiscal general de Chihuahua César Jáuregui de traición a la patria, inconscientemente revela que su patria no es la misma que la nuestra. La fiscal que acusó de secuestro a Santiago Taboada para poder espiar su teléfono porque así se lo pidieron en la campaña de Morena; la fiscal que inventó una licencia falsa para poder encarcelar ilegalmente a Rosario Robles porque así se lo pidió el entonces presidente; la fiscal que nombró a Ernesto Ruffo Appel el jefe de jefes en el delito del huachicol mientras que no toca a la verdadera mafia que financia las campañas electorales del oficialismo, con esa acusación desmesurada esa fiscal me hizo reír a carcajadas y luego enojarme. El tamaño de la estupidez lo merecía. Veamos:
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, ofreció voluntariamente informar a presuntos agentes de inteligencia de Estados Unidos de lo que se discutía en las mesas de seguridad que ella presidía. Informar de lo que informaba el Ejército, la Marina, informar de estrategias de seguridad del gobierno con tal de que le regresaran la visa. Es decir, una gobernadora mexicana, perteneciente a Morena, ofrece compartir información de seguridad con otro gobierno para darle una ventaja sobre nuestra política de seguridad. Que todo fue un montaje, no importa. Ella creía que lo estaba haciendo y ofrecía alternativas para encontrarse con los agentes. Pero en ese caso, según la fiscal y la Presidenta, que también es fiscal, no hay ningún indicio de posible traición a México.
Pero sí lo encuentran en el caso del exfiscal general de Chihuahua, César Jáuregui, quien, al parecer, dio facilidades a dos agentes de la CIA para, en conjunto con la Fiscalía local, ubicar un macrolaboratorio de metanfetaminas en la Sierra Madre y poder montar una operación para destruirlo, como se hizo. La operación fue informada al Ejército que colaboró con 70 elementos. Comparando los resultados de los dos casos, la una ofreciendo la seguridad de México a los estadunidenses; el otro, con la destrucción de miles de litros de drogas, parecería ser que lo que les dolió fue la ubicación del laboratorio y su destrucción. Por ello, no hablamos de la misma patria. La una la de todos los mexicanos y mexicanas de bien; la otra, la de la connivencia con el crimen organizado y la defensa férrea de los beneficiarios y operadores del narco: Rocha Moya, Adán Augusto y Américo Villarreal, por lo menos.
Hace escasos 20 años que el delito de traición a la patria merecía la pena de muerte en caso de darse durante una guerra. Afortunadamente, México ha tenido una larga tradición garantista en contra de la pena de muerte, a pesar de que estuvo presente en nuestra Constitución de 1917 hasta 2005. Ese año se modificaron los artículos 14 y 22 y en 2007, México ratificó el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Protocolo de la Convención americana sobre Pena de Muerte. No sabemos si ahora que el oficialismo encontró a un sujeto que, según nuestra fiscal ejemplar, podría ser acusado de traición a la patria (TaP), piensen volver a la pena de muerte y empezar con los fusilamientos.
Los mexicanos asociamos la TaP con Miramón y Mejía, MyM, aquellos que fueron a traer a Maximiliano y luego fueron fusilados junto con el príncipe austriaco en el Cerro de las Campanas. Es una acusación con una gran carga emocional para quienes nos acordamos de quienes fueron M y M. No sé si los jóvenes los identifiquen o piensen que son una marca de chocolates. Lo que sí creo es que las encuestas diarias que examina el equipo presidencial detectan un creciente desencanto con el gobierno y una reprobación que no cede en materia de seguridad, salud y economía y que explota en las calles con marchas, protestas y expresiones de rechazo a la Presidenta. ¿Qué hacer con ese descontento, se preguntan los genios del marketing presidencial? Ya falló el truco con Ernesto Ruffo, ahora consigamos alguien menos simpático y querible que Ruffo y acusémoslo de lo peor de lo que se puede acusar a un mexicano.
Les va a fallar otra vez y van a exponer a México, nuevamente, a otro ridículo monumental.
