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La semana pasada se presentaron movilizaciones de trabajadores, tanto activos como jubilados, en diversas partes del país, con demandas de distinta naturaleza. La principal de ellas es la solicitud de un aumento salarial de 10 por ciento. Médicos, enfermeras y personal administrativo se manifestaron en rechazo a la propuesta de un incremento global del 6.8% (que implica un 2.9% directo al salario y 3.9% a las prestaciones). Entre los planteamientos está la exigencia de que Rafael Olivos Hernández, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), sea destituido, además de que se convoque a un Congreso Nacional Extraordinario.
Las autoridades han reconocido las demandas laborales y especialmente han convocado mesas de negociación con el sindicato; uno de los principales temas que ha conmocionado a la opinión pública ha sido la denuncia del personal del instituto orientada a que se contrate más personal y cese la saturación hospitalaria. Especial énfasis se ha hecho en la falta de medicamentos, material de curación, jeringas, alcohol y equipo médico en los hospitales. Sin embargo, el problema no es nuevo, es crónico. Sería equivocado circunscribir la crisis sólo al IMSS. La situación imperante es, ante todo, la principal “herencia maldita” que nos dejó ese pequeño personaje tabasqueño que gobernó al país.
De acuerdo con datos del Coneval y del propio Inegi, la población sin acceso a servicios de salud se incrementó dramáticamente de 20 millones a más de 45 millones de personal. La inestabilidad en el sistema, provocada por el desmantelamiento institucional, hoy afecta de manera masiva a los mexicanos. La desaparición del Seguro Popular en 2020, que implicó la eliminación del esquema que financiaba la atención médica de casi 53 millones de personas sin seguridad social, no sólo ha sido una de las decisiones más polémicas en materia de política pública, sino que significó el inicio de un laberinto de malas decisiones, contradicciones y errores que no logran subsanarse.
AMLO creó el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) con la idea de centralizar la atención y la distribución de medicamentos. Sin embargo, fue disuelto antes de terminar el sexenio, pues colapsó administrativamente debido a la improvisación y malos manejos. Las funciones del Insabi se trasladaron apresuradamente y sin mucha planeación al modelo IMSS-Bienestar, lo que se tradujo en parálisis burocrática, interrupción de cadenas de suministro y confusión sobre qué instituciones deben atender a la población abierta.
La crítica por la falta de medicamentos ha sido recurrente. La modificación al sistema de compras iniciada por López Obrador desmanteló el anterior sistema de consolidación de medicamentos operado por el IMSS e intentó implementar varias agencias de compra (tales como la UNOPS, Birmex y la Megafarmacia del Bienestar), lo que alentó, fracturó y dinamitó la distribución. El reporte que hacen médicos y pacientes es que no sólo faltan fármacos especializados (como los oncológicos), sino de insumos básicos (gasas, jeringas, anestésicos) y reactivos para laboratorios o instrumental quirúrgico. Ese “líder pequeñito” que se ufanaba de que “no es difícil gobernar” y que gritaba a los cuatro vientos que tendríamos “un mejor sistema de salud que el de Dinamarca”, colapsó los servicios de salud del país.
De acuerdo con los datos presentados por la propia Secretaría de Salud, durante ese sexenio, México registró un déficit de 154,786 médicos especialistas; por otro lado, México se mantuvo como uno de los países con menor capacidad hospitalaria dentro de la OCDE, con 1.0 camas por cada 1,000 habitantes, frente al promedio que fue de 4.3. Hacia el cierre del sexenio, Hacienda reportó que el gasto en salud llegó a caer 4.1%, una de las contracciones más severas de los últimos 20 años. ¿No hubiera sido mejor invertir en hospitales, infraestructura sanitaria y medicamentos que en proyectos faraónicos como el AIFA, Dos Bocas o el Tren Maya?
Sirvan estas líneas para cotejar los resultados en un tema tan sensible para la población como es la salud. Las movilizaciones de la semana pasada, realizadas por trabajadores del IMSS, fueron un importante recordatorio de la crisis que se vive en ese sector. No es casualidad que éstas hayan ocurrido en paralelo a los “festejos” por los primeros 15 años de vida de Morena como partido político. Quince años de un crecimiento electoral vertiginoso y exitoso, pero también 15 años que han dejado un enorme fracaso en cuanto a políticas públicas en materia de salud.
