Cáncer de mama: donde jardines florecen y las mariposas vuelan

Aria Villa, en homenaje a su madrina, cubre con sus tatuajes las cicatrices que la lucha contra el cáncer de mama ha dejado en mujeres; Guadalupe agradece ver flores sobre su seno

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La artista Aria Villa realiza una campaña para tatuar a sobrevivientes del cáncer de mama. Fotos: Skull Gallery Tattoo/ Arte: Paulina Cabrera

Allí donde hubo un seno, allí donde estaba la cicatriz de una ardua lucha, allí, ahora hay jardines con bellas y coloridas flores, listones rosas y mariposas postradas o revoloteando; hay vida donde la tristeza se posó, hay paz y un renacer para las sobrevivientes del cáncer de mama, hay arte tatuado por Aria Villa.

En febrero de 2020 se detectó en México el primer caso de covid-19 y un mes después inició la Jornada Nacional de Sana Distancia, se restringieron las conglomeraciones y algunas actividades económicas fueron suspendidas. Para abril, con el alza de los contagios y la rápida propagación del virus, inició la fase 3 de la crisis sanitaria en el país. 

Entre el sinfín de actividades que se frenaron por la pandemia estuvo uno muy especial para la tatuadora profesional de Hermosillo, Sonora, Aria Villa: el apoyar con su arte a mujeres sobrevivientes del cáncer de mama; no obstante, antes de finalizar el año recibió una noticia que la motivaría a cambiar su vida, la de su esposo Pocho Medina y la de decenas de mujeres.

“La campaña la empecé como un homenaje a mi madrina Guadalupe Medina, quien atraviesa el proceso de la lucha contra el cáncer de mama, y a su esfuerzo.

A ella le retiraron un seno. Ya terminó las quimios, ahora sigue en remisión, pero podríamos decir que gracias a la vida lo peor ya pasó”, comentó en entrevista con Excélsior Digital, aunque aceptó, entre risas, que a su madrina no la ha tatuado, porque “no es muy fan de los tatuajes”.

La detección del cáncer de mama de Guadalupe fue uno de los miles de casos nuevos identificados en 2020 y fue una de las mujeres que afrontaron una mastectomía, la cual es una cirugía que extirpa el seno por completo, aunque existen otras intervenciones quirúrgicas como la mastectomía doble, radical modificada, con conservación de pezón o de piel o la cuadrantectomía.

Durante el inicio de su campaña, Aria Villa enfrentó situaciones que no había tenido, por ejemplo, descifrar cuál era la manera más adecuada de comunicarse con las sobrevivientes, o bien, la de encerrarse a llorar luego de atender a sus pacientes y de escuchar sus historias. Pero la fuerza  de esas mujeres la impulsó a superar el sufrimiento, para brindar un mejor soporte y obras que significaran eso: fuerza.

“Ven a la cara a la muerte y vienen con otro rostro hacia ti, que te da mucha fuerza; ves la vida de otra manera. Yo veo que estas mujeres ya se pusieron su capa de superhéroe y lucharon contra esta terrible enfermedad y están aquí, y las ves y te dicen: ‘¡Sí se puede, no pasa nada, cualquier problema es mínimo en comparación con esto!’”, expresó la joven artista, dueña del estudio Skull Gallery Tattoo.

UN CAMBIO DE VIDA

“¡Tania, contéstame!”, exclamaba desesperada Guadalupe Romo, al no tener comunicación con su hija. Le mandaba mensajes de Whatsapp y nada. Después de varios intentos las dos se enlazaron.

—Tania, ¿tienes los resultados?

—Bueno, lo que pasa es que sí los traigo en la mamo, mamá, pero vengo manejando y hay mucho tráfico.

—Busca un lugar dónde pararte y léemelos, por favor —aunque Tania ya los había leído y no sabía qué decir ni cómo dirigirse a su madre— A ver, ¿no te quieres parar porque salió positivo o no me quieres decir o qué pasa?

—Te voy a decir la verdad: saliste positiva.

La ahora  enfermera jubilada recordó a Excélsior Digital que tras escuchar esas palabras no hubo “poder humano” que la consolara. No paraba de llorar.

Cada año ella se realizaba sus mastografías (como médicos y autoridades sanitarias sugieren) y en una ocasión le detectaron “una bolita de grasa” en el seno izquierdo. Así vivió cerca de 4 años hasta que en septiembre de 2015 le pidió al doctor Francisco Vega, con quien trabajaba, que la revisara.

Tras una serie de estudios se confirmó que tenía una bolita de 2 milímetros y bordes irregulares en su seno.

Posteriormente,  el doctor Vega pidió a un oncólogo que revisara a Guadalupe Romo, por lo que ésta asistió al consultorio del especialista;  sin embargo, la cita se convirtió en un procedimiento diagnóstico.

—Te voy a hacer una biopsia— dijo el doctor con material quirúrgico en la mano.

¡Cómo que me va a hacer una biopsia? ¡Cuándo?

—Sí, ahorita te la voy a hacer.

—¡Ahorita?

—Sí, pasa por favor otra vez, te retiras toda tu ropa y te pones tu bata.

El doctor realizó una incisión en el seno izquierdo de Guadalupe, tomó una muestra y la colocó en un frasco para ser enviada a Patología. Una semana después, los resultados de los estudios estaban listos y confirmaron la presencia del tumor cancerígeno maligno.

El 26 de octubre de ese año, Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, le fue practicada una cuadrantectomía, que consiste en quitar sólo una parte del seno, en este caso, la parte superior e interior de su mama izquierda.

El 16 de diciembre fue la primera quimioterapia y el 31 de diciembre, antes de la noche de Año Nuevo, se rapó, pues durante el baño el cabelló comenzó a caérsele.

Yo ese día no salí a festejar con nadie, estaba en mi duelo, sola en mi recámara”, expresó.

Esto marcó el principio de una serie de dificultades que Guadalupe tuvo que afrontar en su combate en la lucha contra esta enfermedad, como dolor de articulaciones, vómitos, problemas para comer,  entre otros; así como quimioterapias, radioterapias, una embolia,  un infarto.

“Me morí 3 veces; no me podían resucitar, estuve intubada, en terapia intensiva… estuve hospitalizada un mes, pero gracias a Dios ahora estoy aquí platicando mi historia”, comentó con una sonrisa.

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Luego de ser ser sometida a una cuadrantectomía, ahora Guadalupe Romo luce feliz con sus mariposas tatuadas donde quedó la cicatriz de la operación. Foto: Cortesía

Luego de ser ser sometida a una cuadrantectomía, ahora Guadalupe Romo luce feliz con sus mariposas tatuadas donde quedó la cicatriz de la operación. Foto: Cortesía

VIDA EN EL SENO DE LA VIDA

Gracias a que una chica que realizaba trenzas africanas le habló de Aria, una tatuadora con más de 8 años de experiencia,  y que ayudaba de manera gratuita con sus tatuajes a sobrevivientes del cáncer de mama.

Guadalupe se contactó con la propietaria del estudio Skull Gallery Tattoo, quien la citó, ya con el alta médica, para una revisión de la cicatriz de su seno. Guadalupe le pidió a Aria que le tatuara mariposas y un listón rosa.

Las mariposas para mí son vida, libertad, ganas de seguir viviendo… ser libre otra vez, que me libré de una celulita que andaba allí mal portada. Es como volver a nacer, porque la mariposa sale de un capullo y regresa a la vida nuevamente. Es una oportunidad más que Dios me dio, la oportunidad de vivir”, comentó Guadalupe.

En junio pasado, Guadalupe y Aria se reencontraron, ahora para cubrir con flores rosas la cicatriz que dejó la biopsia de mama.

“La flor en acuarela significa vida: si riegas esa plantita ella va a vivir. Dios nos da la oportunidad de vivir, porque, desafortunadamente, muchas mujeres no lo logran, y yo doy gracias porque aún con mi cáncer, mi embolia, mis infartos y la covid-19 que sufrí, son muchas oportunidades que Dios me ha dado por vivir. Quizá aún tengo una misión en la Tierra por cumplir”, dijo.

De acuerdo con el más reciente informe del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en 2019, se reportaron 15 mil 286 nuevos casos de cáncer de mama, de los cuales 15 mil 119 fueron en mujeres y 167, en hombres.

Además, desde 2013, cuando se registró una ligera baja, y hasta 2020, los decesos de mujeres por este tipo de tumor maligno incrementaron 40.96 por ciento, por lo que el cáncer de mama continúa como la primera causa de muerte entre las mexicanas.

EL ARTE LO CURA TODO

“Nos dan más alegrías ellas a nosotros, que nosotros a ellas, aunque digan lo contrario”, afirmó Aria, pues destacó su admiración por la fortaleza de las sobrevivientes, así como por su alegría y sus ganas de no rendirse y de continuar luchando y viviendo.

Aria sostuvo la satisfacción que tiene al ver la felicidad de sus clientas —de varias se ha hecho su amiga—, cuando observan sus tatuajes cubriendo las cicatrices, los cuales pueden ser flores, insectos, dragones, moños rosas, o bien, un pezón y su areola.

El antes y el después es muy satisfactorio, verlas tan felices, ver que le pusieron un desenlace muy bonito a su lucha. Es muy impresionante cuando se paran y se ven al espejo, porque cuando se observan el pezón es impresionante su expresión. Muchas me dijeron: ‘yo no necesito sentirlo, yo sólo necesito verlo!’”, recordó Aria.

La joven tatuadora, y madre de dos niñas, lamentó que el cáncer de mama cada vez tome más fuerza y que más mujeres jóvenes se vean afectadas por este, pues muestra de ello es que ha tatuado a chicas que ya han luchado contra este tumor.

Ante esta situación mantiene su campaña todo el año, aunque le da más fuerza en octubre; además, dejó las puertas abiertas de Skull Gallery Tattoo, para todas aquellas personas del país que hayan sobrevivido al cáncer de mama y quieran cerrar ese ciclo con un tatuaje.

Asimismo, invitó a más artistas del tatuaje a sumarse a su “Campaña Guadalupe Medina”, para unirse a esta noble causa de brindar felicidad y ganas de vivir.

“También invito a los colegas que tenemos en México a que se animen, aquí están las puertas abiertas en caso de que quieran apoyar en el siguiente octubre en venir a unirse a la causa”, dijo.

A REGAR EL JARDÍN

Guadalupe concordó con la visión de Aria sobre la alegría de las sobrevivientes por medio de un tatuaje, pues sostuvo que antes de sus flores y mariposas se deprimía un poco al ver las cicatrices; no obstante, ahora gusta de ver cómo su cuerpo se ha convertido en un lienzo que obras que le transmiten esas ganas de vivir.

Me gusta, porque ya no se me ve mi cicatriz. Yo cuando me miraba, en cierta forma sí me agüitaba, pero ahora veo mis mariposas y me siento con más vida. Me gusta verlas, porque mi cuerpo se ve diferente, ya no están esas cicatrices que me recordaban todos esos los malos momentos, las mariposas me los han quitado, porque veo vida y muchas ganas de vivir todavía”, manifestó.

Además consideró que la labor que hacen tatuadores como Aria y Pocho “es algo bonito” y que son personas que Dios mandó a sobrevivientes de cáncer de mama, para ayudarles.

Ahora Guadalupe ya acordó con Aria cubrir con el tatuaje de una flor de lavanda la cicatriz de un catéter donde inicialmente le colocaban las quimioterapias. La espera es de un año, pero ya imagina una flor más en su jardín corporal.

“Si yo puedo, me voy a seguir haciendo más tatuajes,  porque, creo, represento que soy una mujer guerrera, luchona y con muchas ganas por vivir”, sentenció.

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Guadalupe Romo muestra la flor que cubre la cicatriz que le dejó la biopsia mamaria. Foto: Cortesía

Guadalupe Romo muestra la flor que cubre la cicatriz que le dejó la biopsia mamaria. Foto: Cortesía

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