Sistema de salud cubano al borde del colapso… denuncias, equipos rotos, médicos exhaustos
Los hospitales de la capital no cuentan con servicio de tomografía a causa de desperfectos.

“Esto es una locura”, afirma un ciudadano cubano identificado como Miguelín en redes sociales. Según relata, acudió a un hospital para realizarse unos análisis clínicos, pero se encontró con un escenario que, asegura, refleja el deterioro de los servicios básicos. “Ayer no había agua, hoy hay agua y no hay corriente”, expresó al describir las condiciones que encontró al llegar al centro médico.
De acuerdo con su testimonio, la situación se volvió aún más preocupante cuando preguntó a una de las especialistas qué debía hacer si enfrentaba una emergencia médica mientras el hospital permanecía sin energía eléctrica. La respuesta que asegura haber recibido se viralizó rápidamente y volvió a colocar en el centro del debate las condiciones que atraviesa el sistema de salud pública en Cuba.
¿Y si me estoy muriendo? La doctora me dijo que era directo para la funeraria. Y ya, después dentro de dos o tres horas me enterraban, sin problema, que eso no había problema, que era así. Entonces, asere, ¿qué estamos viviendo aquí? ¿Qué cosa es esto?”, comentó el ciudadano en un video difundido en plataformas digitales, cuyo contenido ha generado numerosas reacciones dentro y fuera de la isla.
Denuncias que se multiplican en distintos hospitales
El caso se suma a una cadena de denuncias sobre el deterioro de la infraestructura hospitalaria cubana. En los últimos meses se han documentado testimonios de pacientes, médicos, técnicos y periodistas que describen problemas relacionados con la falta de agua potable, apagones, escasez de medicamentos, equipos médicos averiados y retrasos en estudios especializados. Entre esos casos destaca el de Rosa Valentina Pérez, quien, mientras recibe atención en el Instituto de Oncología y Radiobiología (INOR), declaró a la AFP que lleva semanas esperando una tomografía para determinar la causa de la pérdida de movilidad en sus piernas debido a que los equipos disponibles resultan insuficientes para atender la demanda.
Cuando esta mujer de 64 años nació, la revolución encabezada por Fidel Castro (1926-2016) impulsaba un sistema de salud gratuito y accesible presentado durante décadas como una de sus mayores conquistas sociales. Incluso en la crisis de los años 1990, tras el colapso soviético, el modelo sobrevivió. Sin embargo, la pandemia de covid-19, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y la escasez de combustible agravada por el bloqueo de Washington desde enero lo han llevado al límite.

El gobierno ha concentrado los recursos en programas prioritarios como cáncer, cardiología, nefrología y atención materno-infantil. Aún así, esos programas están hoy entre los más afectados por falta de medicamentos, deterioro tecnológico, apagones y éxodo de personal hacia sectores mejor remunerados.
La línea tecnológica del programa de cáncer hoy está afectada en más de su 50%", comenta Zholem Jorge Isaac, director nacional de Electromedicina, servicio que se encarga de mantener y reparar las tecnologías médicas.
Describe un sistema obligado a funcionar con equipos envejecidos, piezas difíciles de adquirir por las sanciones estadounidenses, y tecnologías parcialmente operativas.
Las denuncias también alcanzan a la capacidad tecnológica del sistema sanitario. Zholem Jorge Isaac, director nacional de Electromedicina, reconoció que "la línea tecnológica del programa de cáncer hoy está afectada en más de su 50%", al describir un sistema que opera con equipos envejecidos, dificultades para conseguir refacciones y constantes afectaciones derivadas de los cortes de energía eléctrica. A ello se suman los testimonios de personal técnico como Dariel Alexis Díaz, quien ha explicado las complicaciones para mantener en funcionamiento ventiladores neonatales y otros equipos esenciales ante la falta de repuestos.
La respuesta oficial ante los señalamientos
En paralelo, el periodista cubano radicado en Estados Unidos Mario J. Pentón ha difundido reportes sobre presuntas condiciones de insalubridad y problemas en el suministro de agua en distintos hospitales. Entre los centros señalados figuran el Hospital Universitario Provincial Manuel Ascunce Domenech, en Camagüey, así como el Hospital Calixto García, en La Habana, donde usuarios han denunciado deficiencias que, aseguran, afectan la atención de los pacientes.
Frente a esas acusaciones, el Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech respondió mediante un comunicado en el que calificó de “irresponsable y mal intencionada” la información que, según sostuvo, asegura “falsamente que el agua utilizada en el tratamiento de hemodiálisis está infectada por Monilia”. La institución defendió sus protocolos sanitarios y afirmó que el agua utilizada en sus procedimientos cumple con los estándares de calidad establecidos.

Una infraestructura médica sometida a presión
El hospital aseguró además que “el agua de nuestra planta es analizada rigurosamente. Semanalmente se realizan estudios físico-químicos y microbiológicos en toda la cadena: desde la cisterna de abastecimiento hasta la salida final de la planta de ósmosis inversa”. Añadió que “todos los registros son negativos, demostrando que el agua es apta y segura para los procedimientos”, e indicó que los expedientes de control de calidad permanecen abiertos para su consulta.
Sin embargo, las denuncias continúan acumulándose en distintas áreas del sistema de salud. Uno de los casos más representativos es el del Hospital Hermanos Ameijeiras, donde el propio personal médico ha informado que 72 pacientes dependen de 13 riñones artificiales obsoletos, de los cuales únicamente 11 permanecen en funcionamiento, una situación que refleja la presión que enfrenta la red hospitalaria cubana entre la escasez de recursos, el envejecimiento tecnológico y la creciente demanda de atención especializada.
La escasez de personal agrava la situación. Médicos, enfermeros y técnicos han abandonado el sector ante salarios insuficientes. Según la jefa de Nefrología, Iamara Castro, algunas sesiones de hemodiálisis se redujeron de cuatro a dos horas para distribuir recursos limitados y "no sobreexplotar el único personal que tenemos".
Cuando usted acorta el periodo del tiempo de hemodiálisis, está acortando la vida", lamenta.
Uno de sus pacientes, Nelson Companioni, de 81 años, dice que más de una vez temió no poder completar una sesión debido a fallas técnicas.
Este mismo equipo ha tenido serias dificultades con una bombita que tiene detrás y usted ve a las enfermeras arrodilladas allí dándole golpes para que eche a andar", dice.
Para la doctora Castro, si el sector de la salud aún se "mantiene en pie" es gracias "al valor humano".