León XIV verificó en Francia un renacimiento: “Peregrino entre los peregrinos”

El Pontífice movilizó a multitudes de fieles durante su visita a territorio galo, llamada la “hija mayor de la Iglesia”, y ofreció un contundente llamado a la paz

El papa León XIV saluda a los fieles franceses durante su visita a territorio galo.
Notre Dame, Lourdes y Metz mostraron a un Papa que habló de abusos, vida, paz, Europa y el futuro del cristianismo.Foto: AFP.

En la audiencia general en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV puso nombre a lo que había vivido en cuatro días entre París, Lourdes y Metz. Fue, dijo, la constatación de un renacimiento.

Ha sido un gran don para mí y para el pueblo de Dios en ese país”, declaró.

Notre Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios”.

Francia no es un país cualquiera para la Iglesia. Es la tradicionalmente llamada “hija mayor de la Iglesia”, pero también el país de la Revolución que cerró templos, nacionalizó bienes eclesiásticos y dañó parte de su patrimonio religioso. Y es la República de la laicidad, consagrada por la ley de separación de 1905 y por una legislación que, desde 2004, prohíbe los signos religiosos ostensibles en la escuela pública. Ese mismo Estado recibió a un Papa que celebró misa en la Plaza de la Concordia —donde la guillotina cortó cabezas de reyes y sacerdotes—, y que lo hizo ante una multitud de 800 mil personas, según la estimación difundida por el Vaticano.

El papa León XIV bendice a un niño entre una multitud de franceses.
El Papa pidió decir no a la “codicia de los likes”, defendió la vida y llamó al diálogo ante las guerras en Europa.Foto: AFP.

En Notre Dame, pocas horas antes, León XIV se emocionó cuando la multitud le gritó “merci”, agradecimiento de algo que se había sentido silenciado: ese catolicismo popular que algunos llevan décadas tratando como un residuo folclórico del pasado. Allí mismo recordó al clero francés cuál es la misión esencial: “ser una casa abierta para los oprimidos y los marginados”.

La restauración de Notre Dame, dijo, fue también una demostración de coordinación política y civil: “Su restauración fue una prueba de la posible colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil”, y añadió “la sinergia en pro del bien común debería ser el estilo normal de las instituciones”.

80 mil jóvenes, "los Santos de Francia"

Pero la imagen más impactante se dio en Saint-Denis, en la noche del viernes: 80 mil jóvenes cantando el Salve Regina a capela. Con rosarios en las manos y con el teléfono levantado para grabar un momento que sentían histórico. León XIV los miró y dijo: “¡Ustedes son los santos de Francia!”. La frase hizo explotar el estadio. Poco después, hubo un silencio casi surreal cuando el Papa les pidió que dijeran “no” a “la codicia de los likes que esconde sólo soledad” y “sí” a un compromiso por la paz y la justicia.

León XIV optó por palabras del catolicismo tradicional, pero vivas: “Queridos jóvenes, la experiencia religiosa de cada persona expresa esa búsqueda de sentido que anima el alma. En Jesús, el Redentor del mundo, Dios se deja encontrar hablando a los hombres como amigos”.

Lo que entendió la prensa francesa

Mientras los diarios italianos buscaban coherencias con pontificados anteriores, los medios franceses captaron desde el principio lo que estaba ocurriendo. Le Monde tituló con una sola palabra: “Offensif”. Le Figaro tomó el pulso al entusiasmo popular y concluyó que “el impacto de León XIV es inmenso y se extiende mucho más allá de la Iglesia católica”.

Un detalle que habla por sí solo: Emmanuel Macron, que al inicio del viaje mantuvo la distancia institucional correcta, terminó yendo a misa en Metz. Decisión propia, sin protocolo que lo obligara.

Lourdes: “Ninguna ley puede dar la muerte”

En Lourdes, el domingo por la mañana, León XIV celebró lo que muchos corresponsales calificaron como una de las homilías más poderosas de este pontificado. Habló de conversión y penitencia y se dirigió a los enfermos y los que van en silla de ruedas: “Vuestras muletas, vuestras sillas de ruedas, vuestras lágrimas no son obstáculos”. Y luego, directo al debate legislativo que divide a la sociedad francesa: “Ninguna ley puede dar la muerte”.

Antes de esa misa, a puertas cerradas en la Casa Episcopal, el Papa se había reunido casi dos horas con siete víctimas de abusos dentro de la Iglesia. Primero cada uno por separado, para que pudiera contar su historia sin filtros, y luego todos juntos. Los agradeció por su “doloroso testimonio” y reiteró ante los obispos lo que ya les había dicho: “La lucha contra la plaga dolorosa de los abusos debe proseguir sin la mínima indulgencia y ejerciendo la máxima vigilancia”.

Se definió a sí mismo con una fórmula que condensaba todo el viaje: “peregrino entre los peregrinos”.

Metz: Europa ante el espejo

La última etapa del viaje tuvo el tono más político. En Metz, ciudad marcada por la historia europea, León XIV puso en el centro las raíces del continente. “No se puede hablar de Europa sin hablar de cristianismo”, afirmó. Frente a dirigentes políticos e institucionales, el Papa insistió en la paz, el diálogo y el multilateralismo, y cuestionó lo que definió como “la ilusión del rearme” como respuesta a las tensiones que atraviesan el continente.

León XIV recordó que la unidad europea no puede darse por descontada y que necesita ser alimentada por una visión común.

Fue ya en el vuelo de regreso a Roma cuando el Papa amplió esa reflexión. Preguntado por el auge de la extrema derecha, advirtió sobre la utilización de la religión para justificar determinadas posiciones políticas y señaló que esa instrumentalización no representa una expresión auténtica del cristianismo. También pidió tomar en serio las preocupaciones de los expertos sobre la inteligencia artificial y volvió sobre las guerras en Europa, exhortando a los líderes de Rusia y Ucrania a dialogar y buscar soluciones.

“Para que el mundo tenga vida”

En Roma, el Papa cerró el círculo con el tema que eligió para este viaje: “Para que el mundo tenga vida”. Notre Dame, que arde en 2019 y reabre en 2024. Una catedral que los franceses creían perdida, volvió más viva.

Cuatro días, tres ciudades, 800 mil personas en la Plaza de la Concordia y Macron yendo solo a misa en Metz. Lo que parecía el quinto viaje apostólico de un pontificado joven terminó siendo otra cosa: la demostración de que, en tiempos de líderes que dividen, hay una multitud “que busca algo, dijo el Papa. Y que ese algo, en cuatro días en Francia, tuvo un nombre preciso: Jesucristo.

*mcam