Máximo tribunal de California exime a Gilead de un supuesto deber de innovar
La Corte Suprema de California desestimó las demandas contra Gilead Sciences al concluir que no existe obligación legal de desarrollar un medicamento alternativo más seguro.

Por Jonathan Stempel
El máximo tribunal de California falló el lunes a favor de Gilead Sciences en un caso seguido con gran interés que abordó la cuestión de si los fabricantes de medicamentos considerados seguros deben intentar desarrollar otros que puedan ser aún más seguros.
En una sentencia por 6 a 1, la Corte Suprema de California ordenó desestimar las demandas por negligencia presentadas contra Gilead (GILD.O) por unos 24 mil pacientes que usaban un medicamento contra el VIH fabricado por la empresa, debido a su decisión, tomada hace más de 20 años, de dejar de desarrollar un medicamento alternativo que presentaba menos efectos secundarios.
Lo que la sentencia de hoy se niega a hacer es reconocer, por primera vez en cualquier lugar, una responsabilidad generalizada por los daños causados por un medicamento que se admite que no es defectuoso, debido a que el fabricante supuestamente no puso a disposición un medicamento diferente antes", escribió el juez Joshua Groban en nombre de la mayoría.
"Imponer tal responsabilidad crearía cargas sustanciales y supondría un riesgo de consecuencias adversas para la innovación farmacéutica, la salud pública y la seguridad de los pacientes", agregó.
Los abogados de los pacientes no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.
La decisión supone una victoria para todos los que trabajan en el desarrollo de mejores tratamientos médicos y nuevos medicamentos", afirmó Gilead en un comunicado. "La decisión (...) respalda la innovación estadunidense, al permitir a las empresas seguir buscando avances para los pacientes y los consumidores".
El caso fue seguido de cerca por la industria farmacéutica, ya que abordó la cuestión de si los laboratorios deberían sacrificar los beneficios de los productos exitosos al verse obligados a invertir recursos en desarrollar y comercializar rápidamente productos alternativos, lo que a veces se denomina "deber de innovar".
Los críticos consideran que imponer ese deber encarecería demasiado el desarrollo de medicamentos, castigaría a los fabricantes al limitar los beneficios de los fármacos exitosos y privaría a los pacientes de tratamientos necesarios que funcionan.