Entre voluntarios y equipos de rescate extranjeros: así sacan a los cuerpos en Pereira
Habitantes de Pereira organizaron cuadrillas de trabajo para remoción de escombros, vigilancia nocturna y búsqueda de sobrevivientes.

En Pereira son los voluntarios los que están rescatando a su gente. Calle tras calle, gran parte de esta zona tiene edificios con daños estructurales y otros que ya no existen.
“Ni siquiera se puede caminar. Debido a que si se escucha un ruido, los de audiovisual, ellos colocan un micrófono y se escuchan frecuencias muy bajitas. Por eso las personas alrededor tienen que hacer total silencio porque cualquier sonido que se escuche puede ser de una persona atrapada o de una persona a dos cuadras caminando”, dice Kevin David Giraldo, un voluntario cuya función es pedir a los vecinos guardar silencio.
Los voluntarios son, al mismo tiempo, dueños de los escombros en los que buscan a personas desaparecidas. Juan, por ejemplo, tenía una ferretería que se derrumbó. Hoy se encarga de coordinar a los voluntarios de la calle 16, donde estaba su negocio. Menciona que es doloroso ver su lugar de trabajo totalmente en ruinas.

“Ha sido muy complejo porque ya no hay acceso a ninguna parte, es muy difícil, inclusive que ustedes estén acá sí es un poquito complejo, pero como son prensa tienen prioridad”.
“Ver sacar la gente muerta es lo más difícil y es lo más duro y desgarrador para todos, tanto para uno que no tiene nada que ver, para las familias es demasiado triste”.
Con material que obsequiaron vecinos o que sacaron de sus propios comercios, los voluntarios trabajan día y noche para rescatar a aquellos que siguen atrapados o remover los escombros para que entre maquinaria pesada.
John Fray Gutiérrez vive en el barrio Álamos, a cinco minutos del centro de Pereira. Junto con 20 de sus amigos, tomaron herramientas y salieron a ayudar.

“Personas que ya están cansadas, nosotros entramos para ayudarlos. Para relevarlos. Gracias a Dios recibimos comida voluntaria y más lo que nos dan, agüita, y eso nos mantiene hidratados”.
Desde el lunes organizaron cuadrillas. Unos acordonan la zona, piden a los vecinos que no pasen por ahí y que guarden silencio; otros, con solo unos guantes y un casco de construcción, caminan sobre lo que queda de los edificios derrumbados a buscar cuerpos o a organizar la retirada de escombros, como Jonathan Alexander Castilló:
“Lo único que estoy haciendo acá es evitando que haya más tragedias porque todo el mundo está numerado aquí llegando a ayudar, pero no de esa forma, hay que buscar otro plan, como el plan de las hormigas, que es de llevarse en pedacito y pedacito, manteniendo un orden parejo”.
Otros tantos, por las noches, vigilan las zonas más afectadas para evitar los saqueos.

También están los equipos de rescate profesionales. En esta zona, por ejemplo, usan aparatos de sonido especiales para detectar cualquier movimiento, por muy mínimo que sea, que indique que hay una persona o un animal atrapado. El puño arriba como señal de silencio ya es una regla.
“Lo que hacen es decir: da dos golpes, si me escucha, o tres golpes; todo lo que sea o haga cualquier cosa, algo respecto al ritmo, tres golpes, tres golpes, señal de personas, cualquier cosa”, explica Kevin.
Imagen Noticias de la Noche corroboró la presencia de rescatistas de Estados Unidos. Son un grupo de aproximadamente 20 personas, entre hombres y mujeres, provenientes, en su mayoría, de Fairfax, Virginia.