Los escándalos que mancharon la corona inglesa
Desde antes de tomar el trono en sus manos, la monarca aprendió que las polémicas que involucran a su familia deben tratarse a puerta cerrada en el Palacio de Buckingham

CIUDAD DE MÉXICO.
Estoica, centrada, discreta, entregada a su deber —como lo dijo en el discurso de su cumpleaños 21— y con un casi impecable manejo de daños por parte del equipo de relaciones públicas del Palacio de Buckingham, Isabel II siempre salió avante de los muchos escándalos que han rodeado la Casa de Windsor.
AMOR POR ENCIMA DEL DEBER
En 1936, el entonces rey Eduardo VIII sacudió la casa real británica cuando anunció que abdicaría al trono después de 326 días en él, todo para casarse con Wallis Simpson, la estadunidense dos veces divorciada y completamente rechazada por la familia real. Este suceso dio paso a que su hermano menor, el entonces duque de York, Alberto, se convirtiera en el rey Jorge VI y con esto Isabel, siendo la hija mayor del rey, ocupara el primer lugar en la línea de sucesión.
MARGARITA, LA PRINCESA REBELDE DE LA CORONA
En diferentes ocasiones a lo largo de su vida la princesa Margarita, hermana menor de Isabel II, puso en jaque las normas y tradiciones de la corona británica. Después de la Segunda Guerra Mundial, la princesa entabló una relación con el coronel Peter Townsend, 16 años mayor que ella, asistente de la familia británica y casado, la cual estuvo destinada al fracaso por las condiciones sociales de ambos. En 1953, Townsend se divorció de su esposa, le propuso matrimonio a la princesa, quien aceptó, y le informó a su hermana la reina. La soberana aceptó, pero la Iglesia protestante, de la cual es dirigente, se opuso de manera rotunda, al igual que el gabinete. Tras dos años de relación, Margarita anunció que no se casaría con Townsend, consciente de su deber con la comunidad.
En 1960, y tras haber superado la ruptura con Townsend, la princesa se casó con el fotógrafo y cineasta británico Antony Armstrong-Jones. Después de 16 años de matrimonio y de hacer vidas separadas en donde el consumo de alcohol, drogas y las infidelidades se volvieron del dominio público, la pareja se divorció, siendo así el primer divorcio de un miembro de alto rango de la Casa de Windsor desde que en 1901 la princesa Victoria Melita de Edimburgo lo hizo.
OJOS QUE NO VEN… CASA REAL QUE SE MANTIENE
Durante los 74 años que llevaban juntos Isabel II y Felipe, duque de Edimburgo, mucho se dijo sobre las infidelidades del consorte de la reina, pero nada se pudo comprobar. Para la hija del rey Jorge VI, el divorcio nunca fue una opción.
Si bien el duque de Edimburgo, quien falleció a los 99 años de edad en abril de 2022, siempre apoyó a la soberana, a lo largo del matrimonio hubo varios rumores de infidelidades de su parte. Nombres como el de Helene Cordet, Sasha, Duquesa de Abercorn, Daphne du Maurier, Patricia Kluge, Alexandra de Kent, Lady Penny Brabourne y Pat Kirkwood —de quien sus piernas fueron consideradas la octava maravilla del mundo— son sólo algunos que han figurado en los rumores de infidelidad.

El príncipe Enrique, duque de Sussex, y su esposa Meghan Markle, duquesa de Sussex, el 8 de enero de 2020 se retiraron de sus funciones reales como miembros de alto rango de la familia real.
LOS PRÍNCIPES Y SUS INESTABLES RELACIONES
Isabel II calificó 1992 como un “año horrible” y sin duda ha sido uno de los más complicados de su reinado en lo que se refiere a los dimes y diretes. Fue ese año cuando la monarca tuvo que enfrentar y manejar de la mejor forma la ruptura del matrimonio de tres de sus cuatro hijos. En 1989 la princesa real Ana se separó de Mark Phillips y fue en 1992 cuando firmó los papeles de divorcio.
Ese mismo año, con seis años de matrimonio y dos hijas, el príncipe Andrés, duque de York, se separó de su esposa Sarah Ferguson, duquesa de York.
Pero fue, sin duda, la separación de los príncipes de Gales, Carlos y Diana, la que más sacudió a la reina. El heredero al trono mantuvo un matrimonio de once años con Lady Di, con quien procreó al príncipe Guillermo, duque de Cambridge, y al príncipe Enrique, duque de Sussex.
DIANA Y SU REBELIÓN MONÁRQUICA
Tras la separación del príncipe Carlos, Diana se convirtió en una figura frecuente en la prensa del corazón y en los tabloides británicos. La que fuera la princesa de Gales entabló una guerra mediática con su exmarido en donde ambos declararon intimidades en la prensa, lo cual se convirtió en algo insostenible de ocultar por parte del Palacio de Buckingham, por lo que la reina ordenó el divorcio, mismo que se firmó el 28 de agosto de 1996.
Desde ese momento los paparazzi siguieron la vida de Diana durante un año hasta el 31 de agosto de 1997, día en el que Diana salió del hotel Ritz en París, Francia; en el vehículo iba acompañada por su entonces pareja Dodi Al Fayed, grupo de siete paparazzi los siguió en motocicleta para lograr conseguir una fotografía. A la entrada del Puente del Alma, alrededor de las 00:20 horas, el conductor del automóvil, Henri Paul, perdió el control tratando de evadir a los fotógrafos y se estrelló en uno de los pilares del interior. Diana falleció en el hospital Pitié-Salpêtrière alrededor de las 04:00 am, una hora y media después anunciaron el fallecimiento. La reina, el duque de Edimburgo, el príncipe de Gales y sus nietos, Guillermo y Enrique, se encontraban en Balmoral, Escocia, por las vacaciones de verano.
Fue hasta el fallecimiento de Diana, a quien nombraron la princesa del pueblo, cuando la corona fue consciente de la influencia y del poder mediático que tenía la exesposa del príncipe heredero. Miles de flores, peluches, cartas, fotografías y mensajes fueron depositados por los ciudadanos y turistas en las puertas del Palacio de Buckingham y el Palacio de Kensington. ANDRÉS Y EPSTEIN MANCHAN LA CORONA
En 2019, la corona se sacudió una vez más cuando, después del suicidio del magnate y convicto por tráfico sexual y explotación sexual de menores Jeffrey Epstein, el príncipe Andrés, duque de York, fue relacionado con las actividades ilícitas del neoyorquino. Epstein falleció en prisión en agosto de ese año, para octubre el nombre del tercer hijo de Isabel II comenzó a ser parte del entramado de acusaciones en contra del inversionista.
Virginia Roberts Giuffre, estadunidense, afirmó que había sido forzada a tener relaciones sexuales con el príncipe Andrés cuando era menor de edad y se encontraba bajo el yugo de Epstein.
El príncipe Andrés de Gran Bretaña fue despojado de sus títulos militares y de sus organizaciones benéficas, según anunció el Palacio de Buckingham en enero pasado.

Meghan Markle acusó ante la prensa estadunidense que la princesa Catalina tuvo actitudes negativas con ella que la llevaron a padecer problemas de salud mental.
UNA BOMBA LLAMADA MEGXIT
A la par que se hacía pública la relación del príncipe Andrés con Jeffrey Epstein, Isabel II tuvo que lidiar con otra bomba que le deparaba el 2020. El príncipe Enrique, duque de Sussex, y su esposa Meghan Markle, duquesa de Sussex, anunciaron el 8 de enero que se retiraban de sus funciones reales como miembros de alto rango de la familia real. La noticia llegó en medio del creciente miedo mundial por la recién declarada pandemia de covid-19. Cuatro días después la reina lamentó el hecho y expresó el apoyo de la familia real a la decisión. Tomó un año de transición para resolver cuestiones de seguridad y supresión de los fondos públicos que recibían los duques de Sussex.
Justo unos días antes de que se concluyera esa transición, Enrique y Meghan decidieron otorgar una entrevista a la conductora estadunidense Oprah Winfrey, en donde la pareja denunció que la familia real habría tenido conductas racistas contra Markle y su hijo; la duquesa declaró haber tenido problemas de salud mental, que no se le habría brindado atención psicológica y que fue aislada, mientras sufría en aquel momento de ideas suicidas por una eventual depresión.
Isabel II, quien supo de la entrevista días antes de su transmisión, pero no de su contenido, tomó acciones sin dudarlo. Primero se anunció que los duques de Sussex dejarían de trabajar para los patronatos y fundaciones que la corona les había encargado y decidió retirarle a Enrique sus títulos militares. Además, tanto él como Meghan dejaron de ser presidente y vicepresidenta de la Queen’s Commonwealth Trust y perdieron sus cargos honorarios en la Rugby Football Union, la Rugby Football League, el Teatro Nacional y la Asociación de Universidades de la Commonwealth.
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