Apps de comida, trampas para migrantes en Francia

Repartidores autorizados sacan provecho de la necesidad de migrantes indocumentados y les rentan su cuenta para trabajar

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PARÍS.

Aymen Arfaoui se ajustó una maleta de plástico de Uber Eats y revisó su celular para encontrar la ruta más rápida en bicicleta antes de comenzar a pedalear entre el caudal de automóviles que circulaban alrededor de la Plaza de la República. El tiempo era dinero, y Arfaoui, un nervioso migrante de 18 años, necesitaba dinero.

Lo hago porque tengo que comer. Es mejor que robar o pedir dinero en la calle”, comentó.

Arfaoui no tiene documentos para trabajar, y se lleva la mitad de las ganancias de ese día. El resto se lo debe a un repartidor francés que consideraba que los pagos de Uber Eats eran muy bajos (cuatro dólares por pedido) como para hacer el trabajo él.

El repartidor parisino había subcontratado ilegalmente a Arfaoui, quien vivió en un coche abandonado durante un mes tras su llegada de Túnez. El joven señaló que había ganado 17 euros (370 pesos) ese día por cuatro horas de trabajo.

El reparto de alimentos se ha convertido en un negocio de miles de millones de euros debido a que el gigante estadunidense de transporte privado Uber, la plataforma de entrega a domicilio con sede en Londres, Deliveroo, y algunas empresas luchan para captar mercados y consumidores.

Sin embargo, la competencia ha reducido las ganancias para los repartidores, provocando que algunos se aprovechen de quienes buscan empleo con mayor urgencia.

ABUSOS

En Francia, donde el reparto de alimentos es una tendencia al alza, algunos repartidores registrados en esas aplicaciones rentan sus cuentas.

Los repartidores suplentes, por lo general, son migrantes no autorizados en el país, solicitantes de asilo y menores de edad dispuestos a trabajar varias horas por salarios bajos, sin importar el tráfico ni el clima, según agrupaciones laborales y humanitarias francesas, de algunas empresas, y de entrevistas con más de una decena de repartidores y migrantes.

Los repartidores hacen esos tratos en la calle o a través de mensajes por Facebook, WhatsApp y Telegram, y se quedan con entre el 30 o 50 por ciento de las ganancias. Muchos de los repartidores y migrantes aceptaron conversar con la condición de mantener su anonimato debido a la naturaleza del trabajo.

Hasta ahora, esta actividad se ha desarrollado a pequeña escala entre los aproximadamente 20 mil repartidores de comida en Francia. Las compañías han dado de baja a una gran cantidad de socios que fueron descubiertos haciendo tratos en el mercado negro. Sin embargo, los negocios y los reguladores están enfrentando nuevas quejas de otros indicios de explotación en la economía de los trabajos esporádicos.

Estos empleos se han vuelto más precarios. El hecho de que las plataformas den menos dinero ha alentado a la gente pobre a subcontratar a gente todavía más pobre”, afirmó Jean-Daniel Zamor, presidente del Colectivo de Repartidores Independientes de París, un grupo que trabaja sobre cuestiones laborales para los repartidores.

Uber Eats y sus competidores, incluyendo Stuart, una aplicación francesa, y Glovo, con sede en España, señalaron que sabían de estas conductas indebidas.

Nos preocupa porque existen prácticas ilegales en las que la gente se aprovecha de la vulnerabilidad de los demás”, comentó Nicolas Breuil, gerente de mercadotecnia a nivel global de Stuart.

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Uber Eats refirió que los repartidores de Francia ganaban un promedio de 10 a 15 euros por hora en las horas pico, de 11:30 a 14:00 y de 19:00 a 22:00. Deliveroo y Stuart comentaron que sus repartidores ganaban un promedio de 13 euros por hora. Glovo afirmó que sus repartidores ganaban aproximadamente diez euros por hora.

Sin embargo, repartidores dicen que ahora las empresas están reclutando a más repartidores y que la paga es peor. Los repartidores tienen que emplearse como contratistas independientes, de tal modo que las empresas se ahorren gastos e impuestos relacionados con empleos de tiempo completo.

Cada año ganamos menos, entregamos menos. Cambian las condiciones reduciendo salarios o modificando las reglas del pago”, indicó Florent, un repartidor de más de 20 años que aceptó que lo identificáramos sólo por su nombre de pila.

Florent mencionó que había trabajado para tres aplicaciones de entrega de alimentos y ahora rentaba ilegalmente su identidad de cada aplicación a trabajadores indocumentados a cambio de 30 por ciento de su ingreso.

Youssef El Farissi, de 18 años, residente de Avignon, comentó que había rentado ilegalmente su cuenta de Uber Eats a una decena de trabajadores indocumentados el mes pasado. Seis de sus amigos estaban haciendo lo mismo con diversas plataformas.

Mientras que los migrantes siguen huyendo de África y Oriente Medio, en Francia aumenta la población de solicitantes de asilo que no pueden trabajar en tanto el gobierno revisa sus casos. Los migrantes dijeron que necesitaban trabajar y que hacer reparto en bicicleta, incluso bajo condiciones precarias, era mucho mejor que otras formas de ganar dinero, como la venta de drogas.

Arafoui, el joven migrante, afirmó que tenía pocas alternativas. Para escapar de la economía turbulenta de Túnez, abordó un bote en septiembre junto con cientos de personas en Libia. Llegó a Italia, dijo, y se escondió en trenes con dirección a Francia. Puede que solicite asilo.