Museo reconstruye el búnker de Hitler
El recinto Top Secret recrea en el sótano de su edificio una parte del famoso refugio con el fin de revivir en la memoria colectiva de la nación el capítulo más sombrío y violento de la historia alemana
BERLÍN, 10 de enero.— Las estadísticas que maneja la Oficina de Turismo de Berlín no mienten. Uno de cada dos turistas que llegan a la capital alemana pregunta con ansiedad si aún se puede visitar la más famosa de todas las ruinas que ostenta la ciudad: el búnker de Hitler, la mole de hormigón y acero donde el Führer se enterró en vida para intentar alargar el martirio de la Wehrmacht e impedir el ocaso de su imperio, que debía durar mil años y en cuyo interior el dictador se disparó un balazo en la cabeza el 20 de abril de 1945.
La curiosidad nació cuando Berlín, al igual que el resto del país, se unificó gracias a la desaparición del odioso Muro que dividió la ciudad durante casi tres décadas y la capital pudo recuperar su innegable atractivo turístico. Pero los guías siguen escuchando con impotencia la ansiada pregunta de sus clientes por una razón simple. El búnker, por deseo de las antiguas autoridades comunistas de la antigua República Democrática Alemana (RDA) y, posteriormente por capricho del nuevo gobierno de la ciudad unificada, fue literalmente tragado por la Tierra.
Al finalizar la guerra, los generales del Ejército Rojo ordenaron dinamitar el refugio y cubrieron con tierra la tumba del Tercer Reich. Más tarde, los nuevos jerarcas comunistas de la RDA echaron más tierra sobre la tumba del imperio y levantaron feos bloques de vivienda en el lugar exacto donde Albert Speer, el arquitecto de Hitler, construyó la fastuosa cancillería.
Pero nadie podía indicar con el dedo el lugar exacto donde se encontraba el búnker. Un interesado y cómplice manto de silencio cubrió la tumba del Reich para evitar que los nostálgicos herederos del dictador lo convirtieran en un lugar de peregrinación.
Por eso, el hallazgo que hizo un grupo de obreros en una fría mañana de octubre de 2000 causó una conmoción en la ciudad. Los trabajadores, que buscaban municiones sin estallar de la Segunda Guerra Mundial, después de excavar varios metros en la tierra se toparon con una formidable y sospechosa placa de hormigón.
Aquí es”, admitió con emoción un funcionario del gobierno de Berlín, después de visitar la excavación y confirmar que la pared de hormigón formaba parte del histórico refugio. “El hallazgo no es nuevo, y tampoco es necesario desenterrar el búnker”, añadió.
Después de un apasionado debate entre los partidarios de volver a sepultar la fortificación y los que deseaban conservarla como una valiosa reliquia del capítulo más trágico que haya vivido nunca la nación germana, las autoridades de la ciudad apostaron por la cordura del olvido y volvieron a cubrir con tierra los restos del famoso búnker.
Pero ahora, cuando el país se apresta a recordar el septuagésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y quizás también la muerte del tirano, el Museo privado Top Secret ubicado en Oberhausen, y que ofrece una visión del espionaje de ayer y de hoy, anunció que está reconstruyendo en el sótano del edificio una parte del famoso búnker con el fin de revivir en la memoria colectiva de la nación el capítulo más sombrío y violento de la historia alemana. Con base en planos auténticos, el museo dedicará más de 300 metros cuadrados para levantar cuatro habitaciones del búnker: la sala de comunicaciones, una habitación donde trabajaban las secretarias del dictador, una sala de reuniones y la oficina de Hitler.
Queremos ofrecer una documentación objetiva y estamos conscientes de la enorme sensibilidad que despierta el proyecto”, dijo el director del museo, Ingo Mersmann, al revelar algunos detalles de la muestra que tendrá carácter permanente. “No habrá fotos de Hitler en las habitaciones y en su lugar colgaremos marcos vacíos”.
El proyecto del museo es único y puede volver a despertar la pasión entre los alemanes por conocer algunos detalles de los últimos días del Tercer Reich que transcurrieron en el interior de la fortificación, que ahora está cubierta de tierra. La reconstrucción parcial del búnker forma parte de una nueva exposición que abordará el fin de la guerra y que será inaugurada, si no hay sorpresas de último minuto, a comienzos de mayo cuando el país recuerde un nuevo aniversario de la capitulación incondicional de la Wehrmacht
Las planes de la nueva exposición contemplan colgar una enorme foto de la Cancilleria que ocupó Hitler en el comienzo de la escalera que conducirá al búnker. Los visitantes también escucharán el sonido de las sirenas de alarma que advertían sobre los ataques de los aviones aliados. “Queremos que las jóvenes generaciones vivan en carne propia lo que pasó entonces y que esos hechos nunca más vuelvan a repetirse”, dijo Mersmann.
El museo, que fue inaugurado en 2012, ya causó una polémica en el país cuando presentó, el año pasado, una réplica de la casa que ocupó Bin Laden en Pakistán y donde un comando estadunidense acabó con la vida del líder de Al-Qaeda. Entre los más de 2000 objetos que se pueden contemplar en el museo, los visitantes pueden admirar una gorra militar que perteneció a Fidel Castro y que fue cedida por Marita Lorenz, una famosa espía alemana de la CIA y
examante del máximo líder.
Aunque hasta la fecha nadie había osado reconstruir parte del famoso búnker, tampoco es la primera vez que un museo intenta recrear los últimos días del Tercer Reich, pero los intentos no han sido fáciles y exentos de polémica. Cuando el famoso Museo de cera Madame Tussauds anunció, hace seis años que abriría una sucursal en Berlín, señaló que Hitler estaría representado en una sala especial donde se le podría ver sentado en una mesa, en una copia de su oficina del búnker.
Pero el día de la inauguración un visitante anónimo y que ocupaba el segundo lugar en la fila para entrar, se lanzó sobre la figura y, al grito de “no más guerra” decapitó la figura. En cambio, la iniciativa de Dietmar Arnold, un moderno Indiana Jones, que un buen día decidió investigar la estructura subterránea de la ciudad, un mundo misterioso donde el tiempo parece haberse detenido y donde aún se puede respirar la atmósfera agobiante que vivió Berlín cuando los aliados iniciaron sus ataques aéreos para acabar con el Tercer Reich, corrió con mejor suerte.
Arnold, que dirige la Asociación Berliner Unterwelten, nunca compartió los argumentos de las autoridades para mantener oculto el más famoso de todos los búnkers de la ciudad, ni tampoco la decisión oficial de ignorar el sitio donde Hitler se quitó la vida. Después de una titánica lucha burocrática, Arnold logró obtener un permiso de las autoridades de la ciudad para colocar una placa que recuerda la existencia del búnker de Hitler, en el mismo lugar donde yace sepultado a varios metros de profundidad.
Queríamos desmitificar el sitio”, justificó el arqueólogo cuando inauguró, hace ya diez años, la placa que recuerda la ubicación exacta del lugar donde murió el Tercer Reich. Uno de los primeros visitantes del último souvenir histórico de la ciudad fue Rochus Misch, quien trabajó como telefonista en el búnker y es el último testigo con vida de la agonía de Hitler.
“Por fin la gente puede saber dónde está enterrado el Tercer Reich”, declaró Misch después de leer en silencio las explicaciones escritas en la placa. “La historia puede ser buena o mala, pero aunque el personaje principal haya sido un diablo, la gente debe estar informada de la historia”, añadió. Misch había cumplido 96 años cuando murió, en septiembre de 2013.
Desde el 9 de junio de 2006, los guías ya tienen una respuesta a la pregunta de los turistas, y las autoridades de la ciudad han perdido el miedo a que el lugar atraiga a los nostálgicos de un régimen funesto para Alemania. La placa se ha convertido en un recuerdo inofensivo y la mayor atracción de la zona sigue siendo la enorme plaza, ubicada a no más de cien metros del búnker, donde Alemania recuerda a las víctimas del Holocausto.
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