Tiny Moving Parts, medicina para el corazón
La banda de Midwest Emo dio una noche memorable con rolas como Applause, Medicine y Before I Go, entre otras en la CDMX

Cuando vivimos shows épicos en Ciudad de México, como la primera vez de Alesana en el antes bar La Victoria, el irrepetible Taste of Chaos en el extinto Salón 21 y la doble noche con Scary Kids Scaring Kids y Saosin en otro desaparecido foro, el Hard Rock, siempre nos preguntamos: ¿la siguiente generación sostendrá la escena emo y pop punk?
El show de Tiny Moving Parts en La Piedad Music Live, el viernes pasado, nos dio la respuesta viendo a los chicos haciendo crowdsurfing al escuchar Applause, azotando a los pies de Dylan Mattheisen, el vocalista del grupo, y poniendo a temblar a la seguridad del lugar como pasó con Hot Mulligan.
Es normal arrancar un show algo inerte, o sea, las chelas aún estaban llenas cuando los primos de Benson, Minnesota, subieron a abrir con The Midwest Sky. Saltar no era opción, si un headbanging y unos gritos para acompañar a Dylan, cuya contagiosa sonrisa y felicidad de ver el caos provocado por las canciones que han escrito desde que armaron este grupo en 2008.
Los chicos, se les notaba en la cara, en su actitud despreocupada y las ganas que tenían de vivir el concierto, abrieron el pequeño slam y empezaron a “volar” justo con la rola que mencionamos antes y Before I Go, la rola con la que abren el nuevo disco Deep in the Blue (2024), que los trajo por tercera vez a esta ciudad.
Detrás, estuvimos los más paseadotes, viviéndolo tranquilamente, hasta que alguna rola favorita sonaba y nos acordábamos que en un show de punk se vale terminar sudado, con dos que tres madrazos e irse a acostar con algún dolor físico, pero con una plenitud imposible de erradicar en días.
Poco a poco el toquín subió, sobre todo cuando decidieron tocar un rolón muy old school: For the sake of Brevity, del segundo demo Moving to Antarctica (2010), que narra la trágica historia de una familia de osos polares casi aniquilada por el calentamiento global.
Si por si sola la historia es por depresiva, la emoción se puso más cañona en vivo después, cuando un chico tomó por asalto el micrófono de Matthew Chevalier (bajo) durante Common Cold para hacer la segunda voz. Matt lo dejó.
Le pareció cool la idea, se hizo para atrás y dejó que el pequeño hiciera suya la canción, mientras que Dylan le sonrió y le dirigió la mirada. Posiblemente es de esos momentos en los que una banda piensa que tanto esfuerzo vale la pena. La seguridad del lugar trató de bajarlo, pero, vamos, el único delito del morro fue ser punk y cumplir un sueño.
Y lo logró. Bloody Nose terminó por tirar el sitio y poner en alerta a los trabajadore del lugar, tremenda rolota en la que era imposible no pasar al slam, gritar, jalar aire y gritar la mejor parte de la rola. Siguió Vertebrae, también del disco breathe (2019), quizá el mejor en la carrera del grupo o al menos el que los hizo mucho más mainstream, por algo eligieron cerrar con Medicine, una canción que no estaba en el setlist, pero que se ha convertido en la identidad de Tiny Moving Parts y la gente que los sigue.
También llegó Feel Alive, aunque la reiniciaron porque a Dylan se le desconectó la lira. “Perdón, es mi primer show en seis meses”, se excusó. La acabaron y se echaron Dakota, Sundress, Caution y Birdhouse.
Dejaron algunas rolas fuera, sobre todo The Cure (But Not Really), pero el setlist fue impecable, logró su cometido y llegaron a una obertura enorme, con todos los fans cantando Medicine. Mención honorífica a la banda del edomex, Cacomixtle, que han adoptado el midwest emo para hacer una versión bastante propia e irreverente. Dieron un buen inicio y lo hicieron muy bien para dejar el escenario al grupo que esperamos siete años para su vuelta.