Los tres álbumes más emblemáticos de Tex Tex
Tex Tex, el grupo que marcó a más de una generación de jóvenes rebeldes mexicanos que hoy son parte de la vida laboral del país, es recordado por uno de sus fanáticos más fieles

CIUDAD DE MÉXICO.
Corrían los primeros años de la década de los 90. Estaba recién egresado de la secundaria y no sabía qué diablos haría con mi vida. El horizonte de muchos jóvenes de esa época era igual de nebuloso que el mío: había crisis económicas cada mes, había mucho PRI (del viejo, que en realidad es el mismo de ahora) y casi nulo acceso a una despensa musical decente.
En mi casa se escuchaba de dos venas musicales: mi padre, oriundo de Tamaulipas, escuchaba toda clase de música norteña, con un poco de ranchera y mucho Rigo Tovar. Mi madre, del estado de Guerrero, le entraba a La Luz Roja de San Marcos, al conjunto Mar Azul y toda clase de guapacheses típicas de esta región. El repertorio era interesante, pero la edad me exigía algo más.
Ingresé a la Universidad Autónoma Chapingo, a dos pasos de Texcoco, Estado de México. Esta escuela fue determinante en mi vida, no por lo académico, sino porque me enseñó a vivir (me dediqué a vagar por el DF y Estado de México) y me acercó a lo que años después sería mi oficio: la escritura. La Universidad era un caldero inmenso donde confluían músicas, regionalismos, costumbres, vestuarios, creencias y comidas. Los gustos musicales variaban según el lugar de procedencia: los estudiantes del norte escuchaban corridos; los del noreste, banda; los del bajío, gruperas; los del sur, charangas o cumbias; los chilangos y mexiquenses, rock y blues. Fueron ellos quienes me presentaron a una banda que de inmediato me cautivó: Tex Tex.
Los Muñecos, como se les decía de cariño, tomaban algo del norte, le echaban un poco de la alegría del sur y lo revolvían con algo que no sabíamos qué chingados era, pero que ellos decían que era rock (tal vez lo era; aunque para mí siempre fueron algo más que eso). El resultado es divertido hasta las cachas, sin virtuosismos musicales, pero con mucha ironía y ritmos de todo tipo.

Lalo Tex y compañía se reían de todo: de nuestro color de piel, de nuestra pobreza, de trabajos mal pagados, de la migración, de la política, del racismo, del desamor. El escritor Iván Farías afirma: " En un país tan racista es mal visto que alguien con sus características quisiera destacar". La perspectiva de sus letras, en vez de recurrir a un patetismo simple (algo, hasta cierto punto, lógico en ese tiempo), mostraban su inconformidad con canciones llenas de ingenio y sarcasmo. Su música nos ayudó a sobrellevar una década jodidísima llena de odio, desgano y sin Internet.
Tex Tex fue encasillado a ese submundo del rock, llamado rock urbano. Quizá los metieron ahí porque en su momento, muy pocos supieron a qué sonaba realmente. Su mescolanza aún hoy nos asombra, pero es evidente que no tenían nada que ver con El Haragán, Banda Bostik o Vago. Quizá a eso se deba que estos últimos suenan tan arcaicos y que Tex Tex suena igual de divertido.
Comparadas con Los Muñecos, muchas bandas de la actualidad parecen grupos de señoras amargadas: sabiondas, cuadradas e inalcanzables. Carecen de carisma, de humor y sencillez. Tal vez por eso Tex Tex fue de los primeros grupos de rock urbano que tocaron en un Vive Latino (y en el escenario principal). El músico Alex Otalola lo define muy bien: " para él la música y el humor servían para conectar a las personas".

Un año después de ingresar a Chapingo, expulsado por mis pésimas vacaciones, emigré a Guerrero. Pero llevaba conmigo dos grandes influencias: el alcohol y Tex Tex. Cuando me hice de una pandilla en tierras guerrerenses, descubrí con asombro que Tex Tex eran de su agrado. No sé cómo, pero Tex Tex eran bien conocidos en tierras sureñas. Poco a poco me adapté al sur, mas la música de Los Muñecos siempre estuvo conmigo durante el resto de mi adolescencia, una llena de borracheras, de empleos temporales (peón de albañil, pelador de pollos o campesino) y muchas, pero muchas serenatas con temas de Tex Tex.
De todos sus discos (algunos, inconseguibles), me quedo con tres:
Super Hits en vivo volumen 3. (1992).
Éste es un concierto grabado en Pachuca, Hidalgo. Muy cerca de donde yo vivía en ese momento. Contiene apenas ocho temas y una calidad de sonido deficiente. Sin embargo, lo que importa es la pasión con la que tocan: Lalo logra momentos sublimes con "Despedazado", "Toque mágico" o "Devuélvelo". Y la gente, qué puedo decir de la gente, si cantamos a morir todo el concierto...
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