La fresa mexicana, una potencia exportadora bajo presión
La determinación preliminar antidumping de Estados Unidos abre un nuevo frente para uno de los cultivos mexicanos con mayor presencia internacional. La disputa alcanza a una cadena formada por casi 5 mil productores, alrededor de 151 mil empleos y un mercado estadunidense que en 2025 recibió 263 mil toneladas de fresa mexicana.

Para la fresa mexicana, el conflicto comercial con Estados Unidos ha llegado justo al punto donde convergen su fortaleza y su fragilidad. México se ha convertido en uno de los grandes productores mundiales del fruto y ha construido una poderosa plataforma exportadora. Ese éxito, sin embargo, depende en buena medida de un mercado difícil de sustituir.
Estados Unidos abrió ahora una etapa de incertidumbre para el sector.
El Departamento de Comercio estadunidense determinó de manera preliminar que exportadores mexicanos incurrieron en prácticas de dumping en las ventas de fresa durante la temporada de invierno. Los márgenes calculados oscilan entre 3.37% y 5.28%, mientras que para la mayoría de los exportadores mexicanos se estableció un margen promedio de 4.83%.
La decisión todavía no es definitiva. Pero el tamaño de la relación comercial y la estructura del campo mexicano explican por qué el procedimiento ha encendido las alertas.
México produjo 696,113 toneladas de fresa en 2024 y se ubicó en el quinto lugar mundial, de acuerdo con el Panorama Agroalimentario 2025. La posición permite dimensionar una industria que va mucho más allá de un cultivo estacional o de consumo interno.
Pero las grandes cifras nacionales descansan sobre unidades productivas considerablemente más pequeñas.
Casi 5 mil productores participan en el cultivo de fresa en México y 97% trabaja superficies de 10 hectáreas o menos. A su alrededor se articula una cadena que genera aproximadamente 151 mil empleos entre trabajadores permanentes y temporales.
La combinación resulta relevante para entender el conflicto: México tiene escala mundial como productor, pero buena parte de esa capacidad se sostiene en miles de parcelas de dimensiones reducidas.

Un mercado difícil de sustituir
El otro lado de la ecuación está al norte de la frontera.
Durante 2025, México exportó a Estados Unidos alrededor de 263 mil toneladas de fresa, con un valor aproximado de mil millones de dólares. Para el sector mexicano, el mercado estadunidense no constituye simplemente otro destino dentro de una larga lista: es una pieza fundamental de su modelo exportador.
Ahí aparece la paradoja.
La capacidad de colocar grandes volúmenes en Estados Unidos ha contribuido al crecimiento y competitividad de la fresa mexicana, pero también aumenta la exposición del sector cuando cambian las condiciones comerciales en ese país.
Una alteración en el acceso al mercado estadunidense difícilmente queda confinada a las compañías que realizan directamente las exportaciones. Los costos pueden recorrer una cadena que comienza mucho antes de que una caja de fresas cruce la frontera.

Una disputa sobre precios, pero también sobre reglas
El caso comenzó el 31 de diciembre de 2025, cuando productores de Florida solicitaron una investigación antidumping contra las importaciones mexicanas de fresa.
Su planteamiento no se limitó al precio del producto. Los promotores del procedimiento argumentaron que las fresas comercializadas durante el invierno debían considerarse un producto diferenciado y que existía un mercado regional específico dentro de Estados Unidos.
Ahí se encuentra una de las claves del desacuerdo.
De acuerdo con la información difundida por la Secretaría de Economía, la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos había determinado preliminarmente en marzo que no existían elementos para considerar a la llamada “fresa de invierno” como un producto distinto de la fresa en general. Tampoco encontró entonces bases para reconocer el mercado regional propuesto.
El Departamento de Comercio mantuvo posteriormente ambos conceptos al emitir su determinación preliminar sobre dumping.
México cuestionó esa metodología. Para el Gobierno mexicano, la manera en que se definieron el producto y el mercado modifica la base sobre la que se realiza la comparación comercial.
El desacuerdo, por tanto, no se reduce a determinar si existe una diferencia de algunos puntos porcentuales en el precio. También enfrenta dos maneras de construir el mercado que sirve como referencia para decidir si hubo o no una práctica comercial desleal.

Del expediente al campo
Una investigación comercial se resuelve mediante expedientes, metodologías y porcentajes, pero sus efectos potenciales se trasladan a una actividad mucho más tangible.
La fresa es un producto perecedero. Su cosecha, selección, empaque, transporte y comercialización operan con tiempos estrechos. El productor no puede guardar indefinidamente la mercancía mientras espera mejores condiciones de mercado.
Por eso una eventual presión adicional sobre la exportación puede avanzar en sentido inverso a la cadena comercial.
Primero puede aparecer en el exportador. Después en el empacador o comprador. Finalmente puede alcanzar las condiciones bajo las que se adquiere el producto en el campo.
Eso no significa que el procedimiento vaya a provocar automáticamente una determinada pérdida para los agricultores mexicanos. El caso permanece abierto y sería prematuro calcular consecuencias definitivas.
Pero la exposición sí es visible: 97% de los productores trabaja superficies de 10 hectáreas o menos y aproximadamente 151 mil empleos están relacionados con la cadena productiva.
Para esos productores, la disputa que se desarrolla entre oficinas gubernamentales de México y Estados Unidos está bastante lejos de ser una discusión abstracta.

Una decisión todavía abierta
El procedimiento estadunidense continúa. Su carácter preliminar importa porque todavía no existe una resolución definitiva que permita conocer las condiciones bajo las que continuará entrando la fresa mexicana al mercado estadunidense.
México ha anunciado que seguirá el caso junto con productores y exportadores.
Lo ocurrido hasta ahora, sin embargo, ya permite observar algo más profundo que una disputa sobre porcentajes.
México consiguió convertir a la fresa en un producto competitivo a escala internacional. Alcanzó el quinto lugar mundial, desarrolló una cadena capaz de movilizar cientos de miles de toneladas y encontró en Estados Unidos un mercado capaz de absorber una parte sustancial de esa producción.
Esa misma integración tiene un costo: las decisiones comerciales tomadas del otro lado de la frontera pueden propagarse rápidamente hacia el interior de la cadena.
La controversia antidumping ha colocado esa relación bajo examen. Lo que Estados Unidos decida finalmente no afectará solamente el balance de un expediente comercial. Detrás están exportadores y empresas, pero también miles de productores para quienes el mercado internacional comienza en unas cuantas hectáreas de tierra mexicana.