Mi alma sólo alberga odio. Es por el desprecio de los otros; míralos cómo agachan la cabeza debajo de la axila, como pájaros, cuando pasan a mi lado; míralos relamerse los labios porque cometieron un acto atroz y se ríen por mi desgracia. He dejado pasar el hecho de que quienes declaraban ser mis amigos me tratan como si fuéramos extraños o incluso adversarios.
Y he callado, casi siempre lo hago. Guardo silencio ante el dolor porque no deseo que el otro sepa que me afectaron sus gestos o sus palabras. Últimamente me escondo de todos. Tengo miedo. Soy como un animalito solitario que sale de su madriguera para buscar el sustento, pero al que le gustaría quedarse encerrado y leer, y llorar, y escribir sobre el mal.
He intentado salir de este estado que es más bien parecido al infierno, pero lo único que he conseguido es un plan para matarlas a todas. Lo he pensado mucho antes de escribirlo, porque lo que se escribe es un presagio.
Para matarlas a todas y dejar de sentirme insignificante, primero tengo que decidir en qué orden y cómo las mataré. Comenzaré con la más fácil. La seguiré todos los días a su casa. Veré qué hace, con quién vive, quiénes son sus hijos, su pareja. Caminaré en silencio junto a ella y, en una calle oscura, le enterraré un cuchillo negro en el estómago. Veré, paciente, cómo se desangra, escucharé cómo me pide perdón por todas y cada una de las humillaciones, y yo, simplemente, diré: “es demasiado tarde”. Y caminaré y me alejaré del callejón oscuro sonriendo, pensando en mi siguiente libro sin ella en este mundo.
El segundo asesinato será aún más dulce. Dejaré ir toda mi ira. Seduciré a tu marido y él mismo te matará. Debes saber que ya nos vimos varias veces y dice que está contigo por costumbre. Será él quien acabe con tu vida, con tu cuerpo gordo. Él será el encargado de envenenarte todos los días, sólo un poco, para que seas más fea que de costumbre y, un día, llegaré a tu casa y, frente a tus hijos, tu gran amor te quitará las plumas del cuerpo porque yo se lo pediré.
Y tú, la peor de todas, la que camina agresiva frente al mundo con los pelos parados, no te escondas detrás de tu mal gusto para vestir. Para ti tengo la mejor muerte, será aún más lenta que la de las otras dos, estarás tú sola en tu casa, que es mi casa, nuestra casa y, rodeada de tus almohadas como murallas, dejarás de caminar porque tu cuello y tu espalda no funcionarán, como ya ha sucedido, y ella, tu amiga a la que ayudaste, será quien me lleve a ti desde la sombra para que vea cuando estés acostada y no soportes el dolor y decidas quitarte la vida.
