Empresas productivas, motor del crecimiento

El INEGI confirmó la estimación que presentamos en este espacio apenas tres días antes. La economía mexicana creció 1.2% durante el primer semestre de 2026.

México necesita crecer más y sostener ese crecimiento durante varios años para transformar la vida de millones de familias
México necesita crecer más y sostener ese crecimiento durante varios años para transformar la vida de millones de familias

El jueves pasado, el INEGI confirmó la estimación que presentamos en este espacio apenas tres días antes. La economía mexicana creció 1.2% durante el primer semestre de 2026.

El dato permite dimensionar el desafío que tenemos por delante. México ha recuperado algo de dinamismo, pero todavía crece muy por debajo de lo necesario para generar los empleos que demanda su población.

El empleo formal ofrece una medida clara de esa distancia. Durante el primer semestre de 2023, cuando el Producto Interno Bruto creció 3.6%, se generaron 514 mil nuevos puestos de trabajo registrados ante el IMSS. En el mismo periodo de 2025, con un crecimiento económico de 0.8%, se crearon apenas 87 mil.

Entre enero y junio de este año se generaron cerca de 263 mil empleos formales. El resultado mejora respecto del año pasado, aunque apenas supera la mitad de los puestos creados durante el primer semestre de 2023.

La comparación muestra que la generación de empleo depende de múltiples factores, pero difícilmente puede sostenerse cuando la economía crece a tasas tan bajas.

México necesita crecer más y sostener ese crecimiento durante varios años para transformar la vida de millones de familias, ampliar la base de contribuyentes, fortalecer las finanzas públicas y reducir la informalidad.

En distintos artículos hemos planteado los componentes de una agenda procrecimiento. El país requiere Estado de derecho, seguridad pública, infraestructura moderna, energía suficiente y competitiva, simplificación administrativa, financiamiento productivo, formación de talento, incentivos fiscales y reglas que alienten la inversión privada.

Esta agenda parte de un principio esencial. La economía tiene a la persona como origen y finalidad. Su propósito es crear las condiciones para que cada individuo pueda desarrollar sus capacidades, trabajar, emprender y construir con responsabilidad su propio futuro.

También debemos identificar dónde puede multiplicarse esa capacidad productiva. Las pequeñas y medianas empresas ocupan un lugar central porque generan una parte considerable del empleo, están vinculadas con sus comunidades y pueden extender el dinamismo económico hacia más actividades y regiones.

La experiencia internacional de las empresas conocidas como Hidden Champions, que analizamos la semana pasada en Coparmex, ofrece algunas orientaciones útiles. Se trata generalmente de compañías poco conocidas por el gran público, muchas de ellas familiares y medianas, que han logrado posiciones de liderazgo en mercados específicos. Su fortaleza se encuentra en capacidades construidas durante años y difíciles de reproducir por sus competidores.

De esa experiencia pueden extraerse tres puntos relevantes para México.

El primero es la especialización. Una empresa puede competir globalmente sin ser una gran corporación cuando conoce profundamente un mercado, desarrolla soluciones propias y concentra sus recursos en aquello que sabe hacer mejor. La especialización técnica, la calidad y el conocimiento permiten competir por valor agregado y establecer relaciones duraderas con clientes cada vez más exigentes.

El segundo es la construcción permanente de capacidades. Las empresas líderes mantienen una relación estrecha con sus clientes, invierten en innovación, forman talento especializado y desarrollan procesos eficientes. Su ventaja se fortalece mediante disciplina operativa, adaptación tecnológica y aprendizaje continuo. La formación dual, la certificación de competencias y la colaboración con universidades pueden acelerar ese desarrollo.

El tercero es el entorno que hace posible su desarrollo. Las empresas especializadas rara vez crecen aisladas. Necesitan financiamiento para adquirir maquinaria y tecnología, clústeres que faciliten el intercambio de conocimiento, grandes compañías dispuestas a desarrollar proveedores e instituciones que acompañen los procesos de certificación e internacionalización.

La vinculación entre grandes empresas y pequeños y medianos proveedores puede elevar estándares, transferir conocimientos y abrir oportunidades de largo plazo. Cuando esa relación se consolida, los beneficios alcanzan a transportistas, prestadores de servicios, centros educativos, trabajadores especializados y nuevos emprendimientos.

Fortalecer este tipo de empresas permitiría ampliar y articular mejor la base productiva. Cuando las pequeñas y medianas empresas elevan su productividad, innovan y desarrollan proveedores, el crecimiento se extiende hacia más trabajadores, actividades económicas y comunidades.

De esa manera se favorece un mayor equilibrio entre empresas y regiones. Aquellas que hoy muestran menor dinamismo adquieren capacidad para generar valor, atraer inversión y crear empleo, mientras las más desarrolladas mantienen su impulso. Esta es una forma real y sostenible de inclusión económica, porque la riqueza se distribuye mejor cuando se amplía la base de quienes la generan. Más empresas productivas significan más empleos formales, mejores salarios, formación de trabajadores y mayor reinversión en sus comunidades.

El crecimiento de 1.2% representa una mejoría, pero también muestra la magnitud del esfuerzo pendiente. México necesita convertir esta recuperación modesta en una etapa sostenida de inversión, productividad y empleo formal. Fortalecer a las pequeñas y medianas empresas con capacidad para especializarse, innovar e integrarse a las cadenas productivas es una ruta concreta para lograrlo.

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