‘Yo escribo con las vísceras, ni siquiera con el corazón’: José Ignacio Valenzuela
El escritor chileno José Ignacio Valenzuela, habló sobre promoción de la lectura en la Feria Internacional del Libro y Medios Audiovisuales de Querétaro (FILMAQ)

No escribimos libros ni hacemos películas con el cerebro, eso sólo sirve para hacer folletos. Yo escribo con las vísceras, ni siquiera con el corazón, y, de momento, la Inteligencia Artificial (IA) aún no tiene tripas, así que sólo es una tecnología más y por ahora me autoconvenzo de que voy a tener trabajo un tiempo más”, dice a Excélsior el escritor y guionista chileno José Ignacio Valenzuela Chascas, quien habló sobre promoción de la lectura en la Feria Internacional del Libro y Medios Audiovisuales de Querétaro (FILMAQ).
Digamos que estoy atento y distante a la IA, aunque sí he usado el ChatGPT para mejorar algunas traducciones al inglés y al francés, pero sólo vemos algoritmos y secuencias numéricas que han aprendido detalles, como el uso de la coma. Eso veo ahora, pero quizás en un año aquí estará un robot (hablando de literatura) y yo en casa llorando, o a lo mejor en cinco años la IA se quedará con el trabajo de todos (los escritores)”, comenta el autor de Un monstruo en la familia y Mi abuela, la loca.
De momento, asevera Chascas, la IA hace textos perfectos porque están hechos con recetas, pero la literatura y el arte no se hacen por receta, sino rompiendo las reglas. “Pensemos, ¿por qué nos gusta una película de Tarantino?, porque rompió con las reglas del momento; Hitchcock también lo hizo y cambió la manera de hacer cine. Lo mismo ocurre con la literatura y eso no lo hace la Inteligencia Artificial”.
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Por último, habló sobre el eslabón más débil en la formación de lectores. “La familia es el eslabón más débil y eso es lo más doloroso. En general los maestros, los bibliotecarios y los moderadores de lectura están viviendo su día a día, pero cuando necesitan insertar la lectura o el fomento de la lectura dentro de una familia con una dinámica, quizá disfuncional, comienzan los obstáculos”.
Claro que lo urgente siempre le ganará a lo importante, entonces cuando tienes que conseguir dinero para comida no voy a decirle a la gente que hable con sus hijos sobre la lectura. Es imposible. Por lo tanto, la única manera de tratar de vencer eso es incorporar la lectura a las rutinas familiares y es ahí donde hay que empezar a cambiar el switch”, apunta el también autor de Tres maneras de mentir.
Y en este caso es importante mostrar que, a menudo, las familias ahorran para cigarrillos, cervezas o barbacoas, pese a que un libro es más barato. Y, cuando al fin lo adquieren, el libro no debe ser guardado para evitar su desgaste. “Ahí lo que tienes que hacer es entrar y explicar que se va a dañar, pero ojalá suceda en las manos de sus hijos y no en la repisa con el polvo”.
Pero si al final no hay dinero para comprar un libro, México tiene la red de bibliotecas públicas más grandes del mundo y hay que aprovecharla”, concluye.
cva