Terror sicológico, redimensionado en novela de Cristina Rivera Garza

Aparece una nueva versión de La cresta de Ilión, debido a que la violencia contra las mujeres se ha extrapolado

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Cristina Rivera Garza publicó La cresta de Ilión en 2002. Foto: Sunny Quintero

CIUDAD DE MÉXICO.

La violencia contra las mujeres, la desaparición de sus cuerpos y el miedo. Los temas que la escritora tamaulipeca Cristina Rivera Garza (1964) exploró a principios del siglo XXI en su novela La cresta de Ilión han cobrado dimensiones mayores tres lustros después, razón por la cual acaba de publicar una nueva versión de esta historia de terror sicológico.

El miedo ha crecido. Esto lo vemos en las calles de la Ciudad de México, en los foros públicos en los que las mujeres debemos ir con mucho cuidado, voltear para atrás, estar en alerta. Todo esto me preocupaba cuando estaba escribiendo esta novela: el miedo, el terror, el vivir en un mundo donde hay lenguajes encriptados que producen lesiones y violencia concreta”, comenta en entrevista.

La narradora considera que este es el momento de La cresta de Ilión. “La desaparición física de cuerpos de mujeres, y también la desaparición cultural del corpus literario escrito por mujeres; hay una interconexión que va signada por distintos niveles de violencia”.

Publicada por Tusquets en 2002, finalista al año siguiente del Premio Iberoamericano Rómulo Gallegos y traducida al italiano como Il segreto en 2010, La cresta de Ilión se editó en inglés hace dos años en una versión actualizada por la autora, que ahora regresa al español. “Fue como cambiar un texto de contexto, no sólo de una lengua, sino también en otro tiempo. Una de las cosas que, para bien o para mal, son ciertas de esta publicación es que la realidad que estaba explorando la novela a principios del siglo XXI se ha hecho más aguda, ha explotado de alguna manera justo en estos años”, explica.

La autora de las novelas Nadie me verá llorar y La muerte me da, piensa que la violencia contra el cuerpo femenino está ahora acompañada, por fortuna, de un activismo más visible de mujeres y hombres jóvenes para quienes los asuntos de género y violencia son impostergables.

No fue así en generaciones anteriores, cuando los escritores, hombres y mujeres, estaban muy dispuestos a desmarcarse de las cuestiones de género, a no participar en estas conversaciones. Escribir esta novela me permitió poner en la mesa cuestiones como género, desaparición y violencia”, agrega.

 

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Rivera Garza destaca que esta nueva versión busca interlocución con las nuevas generaciones de lectores, cuya relación con estos temas es distinta a la que experimentó. Sin embargo, aclara que la novela conserva el diálogo que quiso establecer con la obra de la cuentista Amparo Dávila. “Admiro mucho su trabajo, lo leí con cuidado. Me interesaba su exploración del registro de lo fantástico, la creación de atmósferas y el miedo, que ella explora con precisión; por eso busqué esta interacción”.

Añade que, además del crecimiento de la violencia, la época actual se caracteriza porque vivimos en un siglo signado por los procesos migratorios. “Creo que los procesos de producción del capital se han hecho de tal manera que obligan a la migración de la fuerza de trabajo. Seguiremos viviendo con estos éxodos de lugares donde la vida y la producción no son posibles. Necesitamos repensar nuestras fronteras, el lugar del otro en nuestro proceso de socialización”, indica.

Señala que con La cresta de Ilión, su segunda novela, aprendió a moverse en el registro de lo fantástico, de lo gótico. Ahora la llamaríamos ficción especulativa. Y esa ha sido una veta que he explorado. He seguido haciendo trabajos más pegados a documentos e investigación”.

Un ejemplo de estos últimos, detalla, es el proyecto literario que espera terminar este año. “Involucra a la producción del algodón en la frontera entre Texas y Tamaulipas. Es una exploración histórica, pero también de ficción especulativa. Hay algo que tiene que ver con mi familia, norteña y fronteriza, pero también con la formación de la frontera tal cual. Es una novela muy materialista, en la que el algodón será tan importante como los personajes”, adelanta quien detenta una estancia académica en la Universidad de Stanford.

cva