Teatro de la UNAM montará la obra ‘Las brujas de Salem’, de Arthur Miller
Jóvenes actores del Centro Universitario de Teatro demuestran la vigencia de la obra del estadunidense Arthur Miller y la recrean a partir de una nueva mirada

Entre 1692 y 1693, se llevó a cabo uno de los episodios más crueles de la historia colonial de Estados Unidos: 144 personas fueron procesadas por brujería, principalmente en Salem, colonia inglesa de Massachusetts; de las acusadas, 19 fueron ejecutadas en la horca y una murió durante el proceso.
Retomando este suceso histórico, el dramaturgo estadunidense Arthur Miller (1915-2005) escribió en 1953 la obra The Crucible (Las brujas de Salem), una alegoría del fanatismo y la intolerancia que funcionó como crítica a la “caza de brujas” contra presuntos comunistas, desatada por el senador Joseph McCarthy entre 1950 y 1956.
Ahora, 72 años después, el montaje de la generación 2022 del Centro Universitario de Teatro (CUT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), recién egresada, demuestra la “aterradora vigencia” de la pieza, que evoca “la fragilidad de la justicia en tiempos de miedo”, afirma en entrevista la directora escénica Ángeles Castro.
La obra es relevante como una poderosa advertencia sobre los peligros de la intolerancia, del autoritarismo y la persecución injusta; pero, más aún, de la imposición de una moralidad social en beneficio del poder.
A pesar de que han pasado más de siete décadas, lamentablemente resuena hoy e invita a no caer en el fanatismo y el miedo que nos puede provocar vivir en sociedades que tienden a polarizarse”, agrega.
Los 16 actores jóvenes dan vida a Las brujas de Salem a partir de una nueva perspectiva y diferentes cuestionamientos. Se presentará, para hacer un total de 50 funciones gratuitas, los jueves, viernes, sábados y domingos en la Caja Negra del CUT, hasta el 6 de julio; y, posterior a las vacaciones, del 14 de agosto al 24 de octubre.
Castro explica que este es un proyecto totalmente universitario, es decir, de la UNAM, y es parte de la última fase de formación de la Generación 2022 del CUT; además, participan diversos egresados de este plantel.
Detalla que cuando seleccionaron la pieza, “no sabía qué tanto resonaría o haría eco en las nuevas generaciones. Para mi sorpresa, resonó mucho entre los actores por distintas causas; pero, sobre todo, por lo que pasa en las redes sociales con la estigmatización, con el miedo de hablar sobre un mundo al que perciben totalmente dividido entre buenos y malos”.
Para la puesta en escena, señala, siguieron la misma estrategia de Miller. “También la montamos en 1692, para ver si al público le hacía sentido hoy. Y, sí, a los espectadores les resuena en el mundo en que vivimos, en las políticas de Trump, en las cancelaciones políticas, en los poderes fácticos que pueden manipular determinada opinión.
Plantea un tribunal presidido desde el poder político-religioso, relacionado con el poder económico. Hay muchos intereses. Se pierde la autonomía, el equilibrio en las decisiones de la justicia”, añade.
Castro destaca que, finalmente, la obra muestra cómo los testigos que acusan de brujería son las víctimas “que están siendo manipuladas por estos poderes y por el miedo, por su necesidad de sobrevivencia personal, porque su vida está en juego. Frente a eso, acusan a cualquiera.
Pero también se resalta la integridad individual de aquellos que deciden no delatar a nadie y, por eso, son ejecutados, por mantener una integridad y no mentir con tal de salvar su vida. Nuestro planteamiento es que muchos de los personajes son tanto víctimas como culpables”, indica.
Admite que pedagógicamente fue un desafío importante para los jóvenes actores. “Tenemos más mujeres que hombres. Hay mujeres que hacen el papel de personajes masculinos. Y eso resuena como una propuesta en el terreno de la inclusión y de amortiguar una posible perspectiva, desde el texto de Miller, de cierto machismo; que, desde mi punto de vista, existe”.
La pieza se desarrolla en un escenario austero de madera en forma de cruz, donde se evocan sitios como la iglesia, el tribunal y la casa de uno de los personajes.
El diseño de escenografía e iluminación es de Tere Uribe; Estela Fagoaga es la diseñadora y coordinadora de vestuario; y Miguel Romero y Omar B. Betancourt son asistentes de dirección.
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