Nos dan el avión

Ahora resulta que Francisco Garduño es un funcionario ejemplar y que la muerte  de 40 centroamericanos en una estación migratoria, o más bien cárcel ilegal de Ciudad Juárez, de la que el propio Garduño era el principal responsable, se resuelve con el clásico “usted perdone”. Y ya.

Para sorpresas no ganamos los mexicanos. Ahora resulta que Francisco Garduño es un funcionario ejemplar y que la muerte de 40 centroamericanos en una estación migratoria, o más bien cárcel ilegal de Ciudad Juárez, de la que el propio Garduño era el principal responsable, se resuelve con el clásico “usted perdone”. Y ya.

Algunos observadores que saben leer señales de humo, que los hay, estando cerca de Palenque vieron que salía un mensaje, desde un rancho llamado La Chingada, que ordenaba darle un buen hueso al protegido del Gran Cacique, lo que se cumplió, pese al daño que causa al actual gobierno.

En la misma línea de quedar bien con poderes superiores, anteayer, el gobierno mexicano entregó al de Estados Unidos tres docenas de narcos para que sean juzgados en el país vecino, pues parece que por acá no hay tribunal confiable ni cárcel que impida las fugas.

Para entregar los 37 reos a la justicia gringa se requirieron siete aviones, pese a que, según se informó, las aeronaves tenían sólo seis destinos: el estado de Washington, San Diego, San Antonio, Houston, Pensilvania y Nueva York. No se aclaró qué hizo la séptima aeronave ni a dónde se dirigió.

La cantidad de aparatos voladores permite suponer que, con gran generosidad oficial, no se quiso incomodar a los capos del narco enviándolos en autobús de segunda, o bien, que ese séptimo avión sirvió para fines que se consideran inconfesables.

Como resulta obvio, con la entrega de reos se pretende amansar a la fiera de la Casa Blanca. Vana ilusión, pues el mismo día que recibió el tributo, el energúmeno anunció que pronto sus fuerzas armadas realizarán “ataques terrestres”, lo que significa que pretende violar la soberanía del condescendiente vecino.

Y precisamente por tal condescendencia es que, en los últimos días, presenciamos un intenso debate sobre otro asunto de naturaleza celestial (es un decir), pues, con toda discreción, una aeronave militar de Estados Unidos aterrizó el sábado pasado en el aeropuerto de Toluca. Pero alguien tuvo la buena ocurrencia de grabar todo en un video y hacerlo circular en redes sociales, de modo que el público se enteró de inmediato de lo ocurrido, en tanto que las autoridades tardaron más de treinta horas en informar sobre la presencia de la gigantesca aeronave, un C-130 Hércules.

Como era de esperarse, la oposición —bola de neoliberales, conservadores y mal nacidos, dirían en Palacio— exigió una información clara y precisa. El senador panista Ricardo Anaya rechazó que el C-130 hubiera venido para transportar a la Unión Americana a personal de la Secretaría de Seguridad federal, como se dijo, y mostró una solicitud que en diciembre presentó el gobierno federal al Senado, donde decía:

“La Cámara de Senadores del Honorable Congreso de la Unión, en ejercicio de la facultad exclusiva que le concede el artículo 76. Fracción III, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, concede autorización a la Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos para permitir la salida de 60 elementos de la Armada de México fuera de los límites del país, para que participen en el evento ‘Aumentar la Capacidad Operacional de la Unidad de Operaciones Especiales’” (sic). Pero ocurre que la autorización nunca fue concedida.

La respuesta desde el Poder Ejecutivo fue que el avión de marras no traía milicos gringos y que, por lo tanto, no necesitaba permiso del Senado, aunque la tripulación sí era militar, y algunas versiones periodísticas afirman que también venían tropas y armas a bordo.

Lo curioso es que hasta en las filas cuatroteras se piden aclaraciones, como es el caso del diputado morenista Alfonso Ramírez Cuéllar. Por su parte, desconfiado, Ricardo Mejía, legislador del PT, insistió en que “cualquier actuación debe realizarse en el marco de la ley”. Pues sí, pero…

Todo indica que estamos ante otro acto de sumisión al poder imperial, de probable insubordinación de las jerarquías o de entendible temor frente a las amenazas y desplantes del payaso pelirrojo. Pero ante eso se requiere unidad de los mexicanos, defender la soberanía y poner las cosas en claro. Sin embargo, se prefiere darnos el avión, esto es, ignorar, evadir o fingir interés sin intención de cumplir, según dice la Wikipedia.