Paisajes del libro contra la utopía de el artista visual Antonio Luquín
El Museo de la Ciudad de México presenta 36 paisajes ruinosos en la exposición Scriptum

El artista visual Antonio Luquín (Guadalajara, 1959) expondrá 36 paisajes ruinosos y apocalípticos en torno al mundo del libro, en el Museo de la Ciudad de México, como parte de su exposición individual Scriptorum, donde aborda temas como la censura, la indiferencia y la ideología en torno a la lectura.
La muestra, que abrirá el próximo sábado 1 de octubre, cuenta con un texto de sala del poeta y ensayista Armando González Torres, en el que asegura que “en su pintura, Antonio Luquín, con una depurada técnica hiperrealista y una sugestiva imaginería, hace una crítica, tan amarga como lúcida, a las utopías de la vida moderna”.
Y agrega: “Luquín nos conduce por las más diversas variedades de la catástrofe del progreso y sus cuadros se emparentan, en mucho, con el paisaje de la distopía futurista”, donde es posible observar “las consecuencias de la hibris y la megalomanía moderna y, con afilado ojo, retrata los vestigios fantasmales, los despojos y los sedimentos de una cultura exhausta”.
En entrevista con Excélsior, el artista adelanta que, en esta ocasión exploró los ataques en contra del libro y la cultura. “Hay dos cuadros que hablan de eso: La censura y el censor, y La jauría, porque me interesa abordar el ataque que reciben los libros y la cultura, ese ataque por indiferencia o ideología, que me parece muy grave.
Luquín recuerda que no hace mucho tiempo un funcionario sugirió que leer era un acto burgués, es decir, quien aseveró que el mercado insistía en que leer es divertido porque quiere desarrollar en los lectores una necesidad de consumo, “lo cual me pareció una declaración penosísima; yo creo que el gran alimento de la sociedad está en la cultura, en el libro y en la investigación”.
¿Cuál es su mayor crítica en esta serie? “Lamento que hayan desaparecido las bibliotecas en los jardines. No tengo una queja específica sobre políticas (culturales), porque creo que uno de los grandes enemigos de la inteligencia y de la lectura es la indiferencia en torno a la gran oferta de títulos que hay en las librerías.
“Pareciera como si la sociedad industrial occidental, con todo lo que tenemos a nuestro alcance, fomentara el bostezo y eso es preocupante, porque no siento que haya una educación desde la instrucción básica que respete este gran hallazgo para ser humano y de la fascinación de la lectura, pese a que ésta es una forma de conocernos y de conocer a quienes están a nuestro lado. Lo más peligroso es la indiferencia”, advierte.
¿Qué relación encuentra entre la pintura y el libro como instrumento de la cultura? “Siempre he considerado que la literatura narrativa está en la base de la pirámide de la creación de todas las disciplinas artísticas. La literatura alimenta mucho de lo que hacen pintores y escultores, porque un artista iletrado es impensable.
“Me parece que tener el oficio de escritor, de pintor o bailarín de ballet no es posible mediante la improvisación, así que la literatura está en la base de esa pirámide y alimenta en gran medida la imaginación de los artistas en general. Así que el resultado de esta serie es una especie de biblioteca pintada en clave íntima”, asevera.
¿Hay algún homenaje en esta serie? “En toda esta obra gravita mi esposa (Rebeca), quien falleció en abril. La exposición es un homenaje a ella y al paso del tiempo; es una especie de serie funeraria y de una tristeza que enriquece el producto final.
“Al inicio me propuse que hubiera paisaje, cielo, nubes e iluminaciones extrañas, pero conforme fui avanzando el trabajo, éste se fue diversificando y empezaron a surgir algunas portadas de libros como en La montaña mágica, El viejo y el mar y Muerte en Venecia, con esa góndola funeraria y el perfil de la isla”, explicó.
¿Encontraremos los paisajes ruinosos de Luquín? “Quien conoce mi obra va a reconocer los elementos que son recurrentes.
Hay paisajes, derrumbes, ruinas, grúas, elementos que se repiten, que están presentes, pero también abordé el tema de una manera novedosa, como cuando aparece una escultura funeraria”.
Finalmente, el artista recuerda algunos cruces entre literatura y arte, como en el caso de los ideogramas japoneses o en Mr Gwyn, de Alessandro Baricco, que entrecruza una serie de elementos y de nexos entre ambas disciplinas.
