Inventos con origen en la discapacidad: el nuevo libro infantil de Bárbara Anderson
Teléfono, jacuzzi, futbolito y otros inventos revelan su origen en historias de empatía, en un libro que busca cambiar la mirada desde la infancia.

La discapacidad no es una excepción, es parte de la vida cotidiana. Sin embargo, durante años ha sido contada como algo lejano, ocasional o incluso incómodo. Para la periodista Bárbara Anderson, cambiar esa narrativa no sólo ha sido una convicción profesional, sino también una experiencia personal que terminó por convertirse en un libro que invita a mirar distinto.
Inventos que usamos a diario y que rompieron la barrera de la discapacidad es el primer libro infantil de Anderson, quien espera que los más pequeños conozcan el origen de muchos de los inventos que hoy son cotidianos, pero que surgieron desde la empatía y el amor.
Yo nunca había escrito para niños, lo cual es un público mucho más exigente, pero también es mucho más ávido. En estos tiempos de pantallas, de velocidad y de reels, competir con un libro requiere de muchísima creatividad”, expresó.
Este libro y sus más de 20 historias prometen cautivar no solo a los más pequeños, sino a cuidadores y lectores curiosos. Después de todo, ¿quién no querría descubrir el origen, muchas veces oculto, del teléfono, la máquina de escribir o el jacuzzi?
Del póster a las librerías
Todo comenzó hace seis años, cuando junto con Katia D’Artigues desarrolló un póster para el sitio Yo También, con una selección de inventos creados para personas con discapacidad, pero que hoy forman parte de la vida de todos.
“Muchos de los que recibían el póster nos mandaban fotos desde los salones de clases de sus hijos, porque a los niños les encantaba, les daba curiosidad. Ahí me di cuenta de que estábamos en un camino para hacer un libro infantil. A los chicos les gusta mucho la anécdota, y así empezamos a buscar más historias hasta reunir cerca de 23”.

Ese proceso también transformó su propia mirada. La llegada de su hijo Luca, hace 14 años, la confrontó con una realidad poco visible en los medios.
“Me di cuenta de que había muy poca representatividad de la discapacidad, salvo en fechas como el 3 de diciembre. El resto del año, o no se hablaba o solo aparecía desde la denuncia o lo negativo. Cuando en realidad es algo estadístico: 17% de la población vive con alguna discapacidad”.
En México, eso se traduce en más de 30 millones de personas. Pero si se considera el entorno familiar, la dimensión es mucho mayor. “Estamos hablando de que dos de cada tres mexicanos tienen la discapacidad en casa. No es una minoría, es algo profundamente invisibilizado”.
Amor y tecnología
A partir de esa mirada, Anderson decidió usar su oficio como periodista para amplificar estas historias. El libro reúne ejemplos que no sólo sorprenden, sino que resignifican la forma en que entendemos la discapacidad.
Uno de los casos que más la impactó durante su investigación fue el del teléfono.
Hoy todo circula a través del teléfono, no imaginamos la vida sin él, y pensar que su origen está ligado a una discapacidad auditiva me parece impresionante”.
Otro ejemplo es el jacuzzi, creado por Candido Jacuzzi para ayudar a su hijo con una condición médica. “Es un reflejo de cómo muchas veces los padres inventan cosas para hacer la vida de sus hijos un poco más fácil”.
Aunque hoy existe más información, eso no necesariamente significa que haya más empatía, asegura la autora.
“La empatía es un músculo que cada quien tiene que ejercitar desde su lugar. Muchas veces creemos que es responsabilidad de las leyes o del gobierno, pero también es de cada uno. Tú, al darme voz, estás siendo empática con alguien que va a leer esto”.
Hoy la minoría de los niños con discapacidad no va a la escuela, la minoría tiene empleo y apenas 30% accede a un trabajo formal. Hay una desvalorización de las personas según su condición, y eso tiene que ver con la empatía”.
Más allá de los datos o las historias, la intención de Bárbara Anderson es provocar un cambio.
“Me gustaría que el lector termine el libro viendo con ojos más amables las condiciones de los demás. Entender que las diferencias son naturales y pueden ser un gran motor de creatividad y reconocer que estamos rodeados de personas con discapacidad, aunque no lo notemos”.
Detrás de muchos de los objetos que usamos todos los días hay historias de empatía, necesidad y amor. Y quizá, al conocerlas, también podamos empezar a construir una sociedad más consciente, donde la discapacidad deje de ser invisible y se entienda como lo que siempre ha sido: parte de la vida.