Ignacio Solares, escritura dolorosa y gozosa

El narrador mexicano decidió dar un nuevo final a su novela 'Serafín', cuyo protagonista se quedó en su alma

Foto: Daniel Betanzos
Foto: Daniel Betanzos

CIUDAD DE MÉXICO.

Vivo de sombras, de nostalgias y de reescrituras. A sus 76 años, el novelista y dramaturgo Ignacio Solares (1945) hurgó en sus obsesiones y descubrió que Serafín, el protagonista de la novela homónima que publicó en 1985, “se quedó dentro de mi alma”; y decidió volver a él, “encarnarlo para sacármelo”, así que reescribió la historia y le puso un final totalmente nuevo y diferente.

Fue una reescritura dolorosa y gozosa a la vez. Retomé a un personaje que se me había quedado en el alma y en el tintero. Tiene tanto qué ver con mi niñez y mis primeras lecturas. Comparto su alma y su infancia dolorosa por las carencias económicas y, de alguna manera, no puedo dejar de reflejarme en él”, afirma en entrevista con Excélsior.

El también ensayista y editor, nacido en Ciudad Juárez, Chihuahua, explica que dedicó todo un año a la reescritura de Serafín. “Aproveché el encierro de la pandemia. Le metí mucho a las metáforas, al estilo; es una nueva versión, más enigmática. Con Serafín tengo una relación entrañable, no se me ha salido del inconsciente. Está cautivo del mal, del infierno, pero la fe y la esperanza lo salvan”.

Serafín es un niño de pueblo que viaja a la Ciudad de México para buscar y enfrentar a su padre, quien lo abandona a su suerte y el chico debe enfrentar solo los peligros que se esconden en la gran urbe.

La niñez es una etapa muy dura. Siempre me ha creado un conflicto. Quise retomarlo para hacer referencia a lo que viven actualmente los niños. Pensé en la crueldad infinita que los padres envíen solos a sus hijos a cruzar a Estados Unidos para que ellos entren después. Me impresionó esa niña a la que suben por el muro y luego la sueltan del otro lado”, detalla.

El Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010, en Lingüística y Literatura, confiesa que lo que más le preocupó de Serafín fue trabajar “en esa parte esencial de la novela, la fantástica, que las imágenes te lleven a otra realidad, que valgan por sí mismas”, detalla.

Admite que es una novela sobre el viaje y la búsqueda del padre, pero es más sobre la niñez. “Es un viaje iniciático y doloroso, pero hacia las profundidades, como el de la barca de Caronte, que lleva al infierno a las almas perdidas.

Y un descubrimiento del padre, que es un modelo del macho mexicano, de lo que puede llegar a ser un hombre canalla, cómo victimiza a la madre, se vuelve bebedor, todo es significativo en esa relación”, añade.

El Premio Xavier Villaurrutia confiesa que evocó su propia infancia durante la reescritura de Serafín. “En la niñez aprendí a leer. Era un lector voraz, al grado que el médico se preocupaba porque me quedaba demasiado tiempo encerrado. No tenía muchos lugares a dónde ir, iba a la escuela, pero mi refugio eran las lecturas infantiles.

Nunca leí cómics ni escuché radionovelas, no teníamos televisión. Vivía en un departamento pequeño con mis padres, sin jardín. Pero tuve la fortuna de que mi padre me regalaba libros: Julio Verne, Emilio Salgari, Robinson Crusoe y Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas; lloré cuando matan a D’Artagnan. La lectura ha sido mi fuente de felicidad y de dolor. No nos conformamos con esta vida, queremos vivir muchas y nada como la lectura para esto”, destaca.

Solares dice que le llevó un año la reescritura, pues “no tengo sistema ni horario; escribo y leo en las noches, duermo poco pero mal. Escribo a mano. Ya me estaba animando a agarrar la máquina de escribir cuando inventaron la computadora, me ganó la tecnología. Escribir a mano es un placer particular. Ya me estoy volviendo viejo, vivo en el pasado”.

Concluye que una de sus certezas es la esperanza. Creo que la esperanza es un problema más físico que mental; nos acompaña más en el cuerpo que en el alma, es casi como un instinto. Ahora la necesitamos más que nunca”.

Pero advierte que “por más firme que parezca el suelo que pisamos y el sol que nos alumbra, estamos rodeados de demonios y en cualquier momento pueden causar una hecatombe. Siempre debemos estar prevenidos, nunca sabemos cuándo nos pueden dar el coletazo”.

El narrador adelanta que acaba de escribir dos cuentos y que planea seleccionar sus textos de la columna Minucias para hacer un libro.

LAS HISTÓRICAS

Francisco I. Madero.  Solares publicó en 1989 Madero, el otro, novela histórica sobre la vida del prócer revolucionario.

Felipe Ángeles. En 1991 lanzó la historia La noche de Ángeles, inspirada en este héroe popular que colaboró con Francisco Villa.

Plutarco Elías Calles. Un año después, en 1992, da a conocer El jefe máximo, dedicada a la figura del político y militar que fue presidente de México de 1924 a 1928.

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