Exponen en libro las marcas que han dejado huella en el español mexicano
El libro, que será presentado el lunes 24 de febrero a las 14:00 horas en la 46 feria internacional del palacio de minería, da cuenta de las distintas maneras como se gestan las nuevas palabras

Palabras como crayola, aspirina, curita, maicena, vaporrú y photoshop nacieron como marcas, pero poco a poco se convirtieron en palabras de uso común que han dejado una huella imborrable en el español mexicano, como lo expone el libro Marcas que marcan, coordinado por Axel Hernández Díaz, especialista en gramática que forma parte de la Comisión de Consultas de la Academia Mexicana de la Lengua (AML).
El volumen –que será presentado el lunes 24 de febrero, a las 14:00 horas, en la 46 Feria Internacional del Palacio de Minería (FILPM), en compañía de Alejandro Higashi– demuestra el dinamismo y la elasticidad del español en México, y da cuenta de las distintas maneras como se gestan las nuevas palabras.
Por ejemplo, a partir del uso de las etimologías, de tomar una voz de otra lengua (extranjerismos), a partir del ingenio de los hablantes, de las siglas y, en este caso, con la aparición de voces que, en principio, fueron marcas registradas o productos que llegaron a ser tan populares que se convirtieron en sustantivos de uso común.
Con el paso de los años nos damos cuenta de que muchos hablantes, que nacieron cuando estas voces ya están incorporadas al español mexicano, ya ni siquiera son conscientes de que curita era una marca. Nos cuesta trabajo saber cómo se llama eso sin utilizar el nombre de la marca.
Y ésa es una de las pruebas o de los ejercicios que hicimos en la Comisión de Consultas para constatar que esas son voces que se volvieron sustantivo, porque muchas veces no tenemos la idea de cómo se llama eso sin decir curita… y aunque podemos encontrar en el diccionario la palabra apósito, que es el sustantivo original, cuando lo escuchamos no sabremos a qué hace referencia”, destaca.
Algo que llama la atención de estas palabras recopiladas, apunta la investigadora, “es que hay una tendencia en que estas voces pertenecen al ámbito culinario y a los productos de higiene personal. Ésos son dos ámbitos muy claramente representados en el libro, probablemente porque los inventos del siglo XX fueron en esos contextos y debido a la relevancia que tuvieron en la vida cotidiana”.
Y agrega: “Yo comentaría kleenex, que es una palabra que se emplea para referir a los pañuelos desechables que reemplazaron a los de tela. Esta voz proviene de la marca Kleenex (formado a partir del adjetivo clean ‘limpio’, más el sufijo -ex, que se empleaba en la lengua inglesa en los nombres de compañías y sus productos), registrada por la empresa Kimberly-Clark, que nació en la primera mitad del siglo XX.
La popularidad del producto hizo que el nombre kleenex fuera usado para referirse genéricamente a cualquier pañuelo desechable sin importar la marca, debido a que pocos hablantes tienen consciencia de cuál es el nombre genérico del producto y ése es un ejemplo que marca este proceso de adaptar las marcas al lenguaje cotidiano”, dice.
¿En este libro se representaría la parte tecnológica con la palabra Photoshop? “Aquí no hay tantas palabras del mundo de la tecnología porque está en gestación otro libro que tiene que ver con esas voces, que son muchas. Aquí se coló Photoshop, porque no hay otra forma de decirle a ese procedimiento de retocar una imagen. Lo curioso es que es una marca y, ahora, aunque no utilicemos esa herramienta en particular, le aplicamos el verbo photoshopear”, puntualiza.
Otras palabras que se diseccionan en este libro son: alka-seltzer, chocomil, clavel, cocacola, cotonete, durex, fab, gelish, kótex, lechera, maicena, Maseca, póstit, prit, resistol, royal, sal de uvas, tehuacán y tóper.
Axel Hernández destaca la movilidad que ha tomado la lengua en las redes sociales. “Las redes, internet y todos esos fenómenos de comunicación, lejos de ser un peligro o un riesgo para la lengua, han resultado en un fenómeno que la revitaliza, que la ha hecho cuestionarse cosas y que los hablantes han debido resolver de manera práctica porque la inmediatez nos gana.
Además, “este manejo (en las redes) le da vida al lenguaje y nos muestran qué tan vivo está, qué tanto es el interés de los hablantes, porque el tema antes estaba reservado a académicos y profesores, pero hoy, estos soportes hacen que llegue a otras latitudes y ha redundado en la riqueza y la viveza de la lengua”.
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