László Krasznahorkai, Nobel de Literatura 2025, un rebelde alejado del poder
El escritor húngaro se presentó en Barcelona; la editorial Acantilado transmitió vía digital.

“La calidad humana de una persona no depende de la tecnología, sino del arte”, aseguró ayer el escritor húngaro László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025, durante la conferencia de prensa que dio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) transmitido vía digital por la editorial Acantilado, en lo que fue su primera aparición pública fuera de Hungría, tras ser galardonado en Estocolmo.
La tecnología sí que es una maravilla, pero (el arte) nos lleva más allá y, mientras el programa de Elon Musk piensa en llevar a la gente fuera de la Tierra y nunca volver, el arte puede producir un efecto distinto en las personas: puede hacer volar a un lector a un espacio libre y devolverlo a la Tierra, donde come, duerme, nace…
Y al mismo tiempo creo que necesitamos esa altura (que brinda el arte), que es muy difícil de apreciar y vivir desde aquí abajo. Pienso que los genios y los artistas más grandes lo son porque son capaces de crear ese imperio y, por supuesto, no estamos hablando del satélite chino más lejano, sino del museo egipcio, que está más cerca, porque si conservamos partituras, pinturas y artistas, entonces podemos decir que, mientras existamos, el arte está allí”.

La literatura de Krasznahorkai carece de un prototipo de lector
Además, el autor de Tango satánico y Melancolía de la resistencia, consideró que se puede vivir con arte y la literatura, aunque ambas actividades creativas no tengan una incidencia en la vida cotidiana.
El mundo está en una dirección distinta y no creo que el arte tenga mucho papel en esto. Yo soy como el poeta húngaro Endre Ady (1877-1919), que cuando se inventó la máquina de escribir, dijo: ‘Yo nunca en la vida voy a escribir a máquina, porque para escribir poesía no se puede; basta con una pluma y papel para hacerlo’, y creo que soy así”, dijo.
También explicó que su literatura carece de un prototipo de lector.
Es otro tipo de esfuerzo leer mis libros, pero piensen qué tipo de esfuerzo era leer a (Samuel) Beckett en su momento o escucharlo en el teatro… porque son autores que siempre han intentado alcanzar lo más alto”.
Sin embargo, lamentó que en la actualidad enfrenta un panorama pobre y descuidado, rodeado de lo que produce Hollywood. “Ahora mismo son tan populares todas esas baratijas que no se podían imaginar hace 40 años y ese es el problema, que son los peores enemigos de la literatura”.
En la miseria
En la charla, el también autor de Y Seiobo descendió a la Tierra fue cuestionado de si la Hungría que retrata en sus libros es tangible o ficticia. “Sí que es tangible, pero es mejor no tocarla. Sobre todo, los que no son húngaros. Es muy difícil contestar esta pregunta, porque he trabajado con la Hungría en la que nací, que no conservaba muchas cosas buenas para los que vivían ahí”.
Aseguró que en los años 50 el comunismo en Hungría era un teatro de títeres del Kremlin y reconoció que fue hasta que cumplió 30 años cuando logró salir de su patria para enfrentar aquel mundo occidental idílico y libre. Sin embargo, planteó que en sus libros escribe sobre Hungría, pero no sólo de esa latitud.
Krasznahorkai también habló de la rebeldía: “No quiero decir que siempre soy un rebelde, pero no me llevo muy bien con el poder, nunca me he llevado y creo que nunca me llevaré, porque el poder es muy limitado y siempre está relacionado con el dinero, lo cual no hace la felicidad, aunque tampoco la falta de dinero la da”.
Finalmente, fue cuestionado sobre las razones que lo han llevado a profundizar en el tema de la miseria.
No escribo siempre sobre la miseria, sino también sobre la alta calidad del arte a la que uno puede sujetarse. Yo mismo lo hago. Es verdad que la miseria me indigna tanto, incluso si sólo se tratara de una persona, pero no sólo escribiría sobre esa persona, sino sobre la alta calidad del arte y cómo se puede conectar, disipar y verlo desde donde estamos nosotros.
“Pero puede que tenga usted razón y que haya sido un error, porque en las últimas dos décadas ni siquiera he leído algún libro que hable de una persona que haya perdido toda su dignidad, y me parece que bien podría escribirse de cómo se la intentan robar cuando ya no le queda nada más y, quizá, debería haber sido el objeto de toda mi vida y de toda mi obra”, concluyó.
*mcam
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