Despiden a Ignacio Solares: explorador de universos secretos
Los restos del novelista y dramaturgo, quien murió el jueves, fueron velados ayer y hoy serán cremados; dejó listo un libro

Una semana antes de que el novelista y dramaturgo chihuahuense Ignacio Solares (1945-2023) se tuviera que hospitalizar, debido a un hematoma en la cabeza producto de una caída, estuvo departiendo con sus amigos en el taller del escultor Sebastián, cenando y tomando vino, recordando los viejos tiempos y hablando de cosas sencillas.
Esa fue nuestra despedida. Le dio por hablar de su infancia, de nuestras aventuras en Chihuahua, de su larga trayectoria en la UNAM. Estaba feliz, muy entusiasmado. Nunca pensé que sería la última vez que lo vería”, comentó ayer Sebastián en entrevista.
Formábamos parte de un grupo de siete amigos, a quienes nos llamaban los Centauros del Norte de la cultura. Éramos Carlos Montemayor, Víctor Hugo Rascón Banda, Nacho, Gonzalo Martínez, Benjamín Domínguez. Nos juntábamos toda la vida y, desgraciadamente, nomás quedo yo, se me fueron todos. Eran grandes figuras de la cultura nacional”, afirmó el artista visual, que conoció al escritor a finales de los años 70 de la pasada centuria.
Solares, quien murió la noche del jueves tras permanecer un mes internado en Médica Sur, donde le practicaron una operación de la que no pudo recuperarse, fue velado anoche en la funeraria Gayosso, donde sus restos serán cremados la tarde de hoy, detalló su esposa Myrna Ortega.
La promotora cultural, quien compartía su vida con el también editor y periodista cultural desde hace 45 años, confesó que “fue mi brújula, mi compañero de camino, mi maestro”.
Dijo que “murió en paz”, rodeado de sus hijos María José, Diego y Matilde. “Se fue como él hubiera querido. La muerte fue el tema de su obra, lo abordó de distintas maneras: la otredad, el más allá, lo invisible. Sus palabras se le regresaron para acompañarlo”.
La responsable del sitio web Descarga Cultura.UNAM destacó que “me siento muy orgullosa de haber sido la compañera de vida de Nacho. Me siento en paz, triste, pero mi corazón está en paz. Cumplió un ciclo de vida. Dejó una obra hermosa, profunda, digna de releerse”.
Indicó que Solares estaba empezando a escribir poesía y que la editorial Alfaguara está preparando un libro que reunirá una selección de los textos de su columna Minucias, que publicó durante siete años en El Universal, y que estará listo en febrero próximo.
Para mí, Nacho significaba familia, sus hijos eran amigos de los míos. El artículo más bello sobre mi obra lo escribió él”, añade Sebastián. “Era un amigo muy cariñoso. Le apasionaban los toros. Nos gustaba la comida francesa y el buen vino, a pesar de que veníamos de la carne, la tortilla de harina y el queso. Tenía en el jardín de su casa una obra mía. Me duele mucho su muerte”.
El escritor Hernán Lara Zavala, quien conoció a Solares hace unos 30 años, señaló que los unió la UNAM. “Lo invité a participar en los primeros encuentros de narrativa e hicimos un grupo amable entre Gonzalo Celorio, Sealtiel Alatriste, él y yo. Gonzalo, que era el coordinador de Difusión Cultural, lo nombró director de Teatro, yo era director de Literatura y Sealtiel director de Alfaguara. Eso nos acercó y viajamos juntos.
Nacho era sobre todo novelista y dramaturgo, en las dos áreas lo hizo muy bien. Él solía decir que había entrado a la literatura por la puerta de la historia. Y en parte es verdad, siempre le encontraba una nueva ventaja a la historia, como cuando descubrió que Madero había sido espiritista. Consolidó una obra interesante, porque su parte literaria y dramática se complementan”, añadió.
Tenía una pasión grande por los toros, era un aficionado entusiasta y conocedor, coleccionaba las mejores faenas de los grandes toreros. Era un excelente padre, y un amigo competitivo, pero afectuoso”, expresó.
Solares estuvo ligado al periodismo cultural durante más de 50 años. De 1973 a 1976, dirigió el suplemento Diorama de la Cultura, del periódico Excélsior; y fue parte del equipo de redacción de Revista de Revistas y Plural, también en El Periódico de la Vida Nacional, en las que trabajó con Vicente Leñero y el Nobel de Literatura Octavio Paz, respectivamente.
Familiares, amigos, escritores, editores y promotores culturales, y hasta políticos, le dieron anoche un cálido adiós al autor de No hay tal Lugar, en un ambiente lleno de flores.
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