Claudio Lomnitz: el espíritu del crimen
El investigador analiza en su nuevo libro, que se presentará el 11 de enero, la simbología detrás de actos como las mutilaciones o el culto a San Judas Tadeo y a la Santa Muerte

Hay un cambio de moral pública muy importante en este momento, muy grande, que todavía no estamos entendiendo bien”, afirma el antropólogo social Claudio Lomnitz (1957) en relación al campo espiritual que ha florecido en torno de las organizaciones delictivas mexicanas, tema de su libro más reciente.
Para una teología política del crimen organizado, que se presentará el 11 de enero, a las 19:00 horas, en Casa Ediciones Era, hurga en la simbología y la moral que están detrás de actos contrastantes como los sacrificios humanos o las mutilaciones, por un lado, y el culto a San Judas Tadeo o a la Santa Muerte que practican los delincuentes, por el otro.
Es una exploración que tiene que ver con la producción cultural y moral de las organizaciones abocadas a las economías ilícitas, o al uso de la violencia para regular otras economías. Pero habla de la moral que el crimen organizado está marcando socialmente”, comenta en entrevista con Excélsior.
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El maestro y doctor en Antropología Cultural por la Universidad de Stanford explica que este título es la continuación de El tejido social rasgado, que publicó hace dos años, y ahora reúne siete conferencias sobre el tema que impartió en El Colegio Nacional.
Es una reflexión sobre el proceso contemporáneo, o sea, los últimos 30, 40 años. Estamos ante un proceso de cambio de época que inicia, para mi gusto, en las décadas de los 80 y 90 de la pasada centuria. Aborda el panorama del siglo XXI y fines del XX.
El centro es el crimen organizado y también el desorganizado; el crimen semiorganizado, digamos, las economías ilícitas que tienen una gran diversidad de actores, pero con un especial acento en el crimen organizado”, agrega.
El catedrático de la Universidad de Columbia detalla que esta investigación parte de “una discusión del surgimiento de lo que llamo un nuevo canibalismo; porque, en mi opinión, no tiene ninguna relación con el sacrificio humano o el canibalismo en las sociedades precolombinas. Es un fenómeno nuevo.
Y empieza por ahí no porque el fenómeno sea estadísticamente importante, porque no lo es, sino porque el sacrificio humano y el canibalismo son la piedra de toque, digamos, de todas las religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam”, agrega.
El egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) considera que el hecho de que el canibalismo reaparezca, aunque sea como cosa minoritaria, “te está diciendo que hay una crisis moral muy profunda, porque está yendo a la piedra de toque de la moral judeo-cristiana”.
Observa que el sacrificio humano, la mutilación, la antropofagia y las desapariciones forzadas interactúan con tradiciones y ritos propios de la moral criminal dominante, como bodas, bautizos, fiestas de 15 años y ostentosos funerales.
Por eso, el también historiador propone el concepto de “culto bisagra”. “Esos recursos simbólicos utilizados por grupos ilegales para dirigir mensajes a sus integrantes, camuflados en imágenes accesibles a toda la sociedad.
La Santa Muerte no es un culto bisagra porque, por más que sea extendido, no es una fuerza reconocida por la iglesia; entonces, no tiene esa capacidad de articular. Mientras que San Judas Tadeo sí, porque es un santo católico y fue uno de los apóstoles”, detalla.
Lomnitz encuentra en los grupos criminales una pulsión contradictoria. “Por otro lado, hay un deseo y un interés de reinserción social muy grande y de reinserción con movilidad ascendente; es decir, no desean nada más volver a su comunidad, sino que quieren regresar, pero con un estatus superior al que tenían antes. Pero también desean conservar su secrecía”.
El ensayista adelanta que ya prepara el tercer y último título de esta serie, que estará dedicado a Zacatecas, un estudio que comenzó a principios de 2023, al que estará dedicado este año.
Escogí Zacatecas porque empecé con un proyecto más bien pedagógico en la Universidad de Columbia. Se trata de que los estudiantes de ciencias sociales empiecen a producir algo que tenga un impacto más práctico. Entonces, los puse a hacer análisis de contexto de las desapariciones”, finaliza.
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