El peruano Renato Cisneros publica la novela ‘La distancia que nos separa’
El autor intenta clarificar la figura de su padre, Luis Federico ‘Gaucho’ Cisneros, uno de los militares más importantes de su país

CIUDAD DE MÉXICO.
Un escritor necesita de la literatura para comprender el sentido y el significado de la realidad. En particular si este escritor se llama Renato Cisneros (Perú, 1976) e intenta clarificar la figura afantasmada de Luis Federico Gaucho Cisneros, su padre, uno de los militares más importantes de la historia reciente de Perú, de quien aprendió que la memoria y la historia pueden ser artificios alimentados por el mito, tal como lo muestra en La distancia que nos separa, su más reciente novela, una autoficción donde cuenta la historia de un hijo que indaga la verdadera historia de su padre.
“Siempre he pensado que es en la escritura donde los hechos ocurren definitivamente. Claro que los hechos ocurren en la vida, pero de alguna manera estos se convierten en una especie de materia difuminada. Por eso cuando uno relata los hechos, éstos se evaporan en los oídos de quien escucha”, dice en entrevista el también autor de poemarios como Ritual de los prójimos y Máquina fantasma.
“Sin embargo es hasta que los hechos están escritos y aterrizados en una hoja de papel cuando recobran su entidad material y vuelven a ocurrir. Es claro que la escritura es el lugar donde los hechos ocurren por segunda y definitiva vez”, explica.
¿Fue Pedro Páramo una inspiración para esta novela? “No hay duda. La novela de Juan Rulfo fue crucial para mí. La había leído hacía mucho, pero mientras escribía, la releí un par de veces y entonces significó otra cosa. Así que Juan Preciado es un personaje que estuvo todo el tiempo acompañándome”.
¿Cómo definir al Gaucho Cisneros? “No sé si mi descripción se ajuste exclusivamente al personaje literario, pero siento que el Gaucho condensa un poco al hombre latinoamericano en el sentido de que tiene una profunda cercanía al deber. Pero al mismo tiempo es un personaje que tiene una construcción pública hecha sobre una serie de capas, que se van nutriendo para significar algo”.
Esto quiere decir que, por un lado, el Gaucho entiende que el ejército peruano atraviesa una época difícil (durante el terror que sembró Sendero Luminoso), donde se autoimpone una actitud autoritaria, donde él era esa voz que comunicaba dureza. Fue un hombre de muchas capas, rodeado de muchas facetas”.
Por esa razón, este libro cuenta dos historias, reconoce Cisneros. “Por un lado está la historia del personaje público y militar, pero al mismo tiempo se recoge la historia de la investigación de su hijo (que en la vida real es el autor), porque me interesaba que el lector acompañara al narrador en este descubrimiento y deconstrucción del padre para que luego comprendiese lo poliédrico del personaje y así contrastarlo con la versión más autoritaria durante sus momentos políticos”.
Dentro de la novela, el autor afirma que algunas personas sólo pueden expresar sus sentimientos por escrito –como le sucede al Gaucho, para quien las palabras eran el lugar del afecto y la región donde los sentimientos anulados en el día a día aparecían y cobraban forma. Sin embargo, reconoce que ese mismo sentimiento es el que alimentó, de alguna manera, las páginas de este libro.
“Cuando mi padre muere y pasan los años, pensé que tenía digerido el tema de su muerte. Sin embargo, de pronto me di cuenta que el personaje me exigía ser narrado por distintas vías ya que él aparecía en los lugares más insospechados. Entonces yo lo veía como un héroe al que saludaban en la calle. Me costó tiempo, pero luego entendí que él me había heredado un personaje para ser desclasificado… y así surgió esta novela”, concluye.
