El humor maya se plasma en el libro: ‘El dios viejo y el conejo’
El escritor Guillermo Bernal acaba de publicar un libro para jóvenes, ilustrado por Josefina Larragoiti, en el que recrea la historia del cuenco del Señor de Naranjo, del siglo VIII d.C.
CIUDAD DE MÉXICO, 31 de agosto.-Los mayas también tenían un gran sentido del humor y a menudo se burlaban de las traiciones y las jugadas palaciegas. Un ejemplo se encuentra en el cuenco del señor K’ak’ Tiliw Chan Chaak, conocido como Señor de Naranjo, que vivió alrededor del siglo VIII d.C., comentó a Excélsior Guillermo Bernal, autor del libro El dios viejo y el conejo, ilustrado por Josefina Larragoiti, presentado ayer en la Fiesta de las Culturas Indígenas, Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México.
Hace mucho que había trabajado este mito maya, escrito con caracteres jeroglíficos, un mito que se sitúa en un tiempo donde se cuenta cómo el Conejo escriba le roba sus insignias y su poder al Viejo, conocido como Cielo 13, con lo que cambió el curso del mundo”, explicó.
El libro, que es publicado por Editorial Resistencia y fue escrito para lectores de 13 años en adelante, reproduce el texto jeroglífico, el texto en lengua maya clásica y su traducción en español e inglés.
Es una historia para todos, pero la comprenderán mejor los muchachos de secundaria en adelante, porque es necesario relacionar lo que dice el texto físico con la traducción”.
El mito se ubica en el antiguo reino de los dioses, donde predominaba la oscuridad. En ese tiempo gobernaba un Dios Viejo, que tenía por escriba a un Conejo muy culto, quien fungía como su asistente y gozaba de su confianza.
Cierto día, el Conejo fue manipulado por otros dioses para que le robara sus insignias de poder. Convencido de que vendrían tiempos mejores, el escriba hurtó las pertenencias y huyó.
A toda prisa, el viejo salió desnudo de su palacio y se dirigió a la montaña donde estaba el ladrón; pero, al llegar, el Conejo se burló de él. Con tristeza y amargura, el viejo buscó al Dios del Sol.
Al llegar, le contó todo y el Dios del Sol le dijo que no se preocupara porque ya habían atrapado al conejo, pero el escriba se encontraba atrás de él en esa misma escena. Así que todo había sido una trampa de la que este dios universal había sido cómplice.
Este mito nos muestra que los mayas también tenían un gran sentido del humor y que no eran tan serios como los imaginamos. Aunque es cierto que este tipo de textos no se expresaban en monumentos públicos (estelas) o inscripciones en piedra, porque ahí sí eran muy formales”, apuntó Guillermo Bernal.
Sobre el origen de este cuenco, el investigador comentó que supo de él por una instantánea del fotógrafo estadunidense Justin Kerr, en la que pudo observar a detalle los glifos y, años después, consiguió su traducción, dado que este cuenco se encuentra de forma ilegal en una colección privada.
No sabemos el nombre del coleccionista, que al parecer es estadunidense, porque no se trata de piezas obtenidas iegalmente, sino a través del saqueo, por lo que sólo conozco las fotografías, pero no al propietario”, apuntó.
Lo más interesante de este vaso es que perteneció a un gobernante llamado Señor Naranjo de Guatemala, añadió, quien utilizó este mito para grabarlo en el cuenco donde bebía cacao, quizá como una forma lúdica de recordarlo.
Quiere decir que este gobernante gustaba de reflejar estos elementos en objetos portátiles y de su consumo personal, lo cual habla de esa vida relajada dentro de la corte, y cómo los gobernantes mayas tenían este tipo de vasos que recreaban estos mitos en un ambiente jocoso”, dijo.
Según la historia del mundo maya, K’ak’ Tiliw Chan Chaak fue un personaje muy importante, ya que restauró su poder después de una crisis. Hasta donde se sabe fue hijo de la señora de Dos Pilas, de Guatemala, también llamada la Señora 6 Cielo.
Sin embargo este relato también tenía alusiones políticas, reconoció, pues quizá refiere algún acontecimiento específico del cual no se tiene noticia y de las intrigas que predominaban al interior de las cortes, con sus traiciones y jugadas palaciegas entre nobles. “El tema es estrictamente mítico, pero sí refleja una parte del ambiente truculento que permaneció entre los gobernantes mayas”.
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