Piden recuperar vestigios de el Vaso del Lago de Texcoco
El investigador Jeffrey R. Parsons pide al Instituto que haga un rescate arqueológico en los terrenos donde se construirá el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México
CIUDAD DE MÉXICO, 13 de abril.- El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) no realizó la exploración arqueológica completa, ni hizo suficientes excavaciones profundas en el Vaso del Lago de Texcoco, donde se construye el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), dice a Excélsior Jeffrey R. Parsons, arqueólogo por la Universidad de Michigan quien, en 2003, realizó la primera exploración amplia en este sitio.
Si bien es un hecho que se construirá el nuevo aeropuerto, dijo Jeffrey R. Parsons, lo cierto es que el INAH debió realizar una exploración más extensiva y profunda, con excavaciones sistemáticas para rescatar y proteger la mayor cantidad de información y material arqueológico existente, así como posibles huellas fósiles del pleistoceno.
En entrevista reveló que tan sólo en la exploración superficial que hizo en 2003 ubicó al menos mil 100 lugares con restos arqueológicos. Dicha exploración fue superficial y la realizó con apoyo del investigador Luis Morett, de la Universidad Autónoma Chapingo, y seis colaboradores más, con quienes sólo abarcó 22 kilómetros cuadrados (de los más de 44 que ocupará el NAICM), donde recuperaron cerca de 10 mil objetos prehispánicos entre fragmentos cerámicos, sahumadores, vasijas, cajetes, objetos líticos, navajillas, cuchillos, puntas y raspadores de sílex únicos en la Cuenca de México.
“Hoy puedo decir que seguramente estos artefactos encontrados estaban relacionados con la explotación de recursos acuáticos en tiempos prehispánicos. Este es un capítulo poco estudiado, esa vida acuática, la explotación de los recursos en lagunas y zonas pantanosas, así que todavía tenemos mucho por aprender”, aseguró.
Esto hace pensar en la necesidad de una exploración profunda en dicho lugar a partir de hallazgos arqueológicos y posiblemente paleontológicos, aseguró. “Recordemos que tan sólo en los años 70 el INAH descubrió un mamut al sur de la zona sobre la superficie”.
Aquel descubrimiento dejó en claro que esta zona ha sido clave para varias civilizaciones prehispánicas, lo cual obligaría a una exploración a fondo que permitiera ubicar vestigios arqueológicos y paleo-ambientales para incrementar potencialmente el conocimiento prehispánico sobre la cuenca de México, aseguró.
¿Qué tan explorada ha sido la zona completa del Lago de Texcoco?, se preguntó al investigador emérito por la Universidad de Michigan. “Está poco estudiada arqueológicamente, aunque se sabía que un nuevo estudio arqueológico a fondo revelaría una gran cantidad de nueva información arqueológica y paleo-ambiental. Entonces, realmente aparte de nuestro proyecto es una zona arqueológicamente casi desconocida”, aseveró durante una breve visita a la Ciudad de México.
¿Qué opina de quienes afirman que esta zona no es rica en restos arqueológicos? “Bueno, para mí es una zona desconocida por los arqueólogos, la cual ya demostramos que es rica en material arqueológico, más allá de su valor como espacio abierto y ecológico protegido. En realidad no sé qué pasa con la gente de la dirección de Salvamento Arqueológico y del INAH… quizás vayan a hacer algo, pero obviamente lo recomendable sería que expandieran la zona de búsqueda más allá de los 22 kilómetros cuadrados que ya inspeccionamos, que vayan hacia el oriente de la zona, porque ahí hay una media docena de lugares con potencial de excavación”, afirmó.
¿Qué sugiere explorar? “Sería importante ir hacia Texcoco y todo el oriente de la zona. Nosotros reconocimos 22 kilómetros cuadrados en la parte central del Lago (de los más de 44 kilómetros cuadrados), así que aún faltan zonas por explorar, como Atenco y Nexquipáyac, sitios que hasta hoy son completamente desconocidos”.
Por desgracia, lamentó Parsons, no existe voluntad por parte del INAH para proteger esta zona de vestigios. “Ya no tengo mucho optimismo (en el INAH), soy pesimista, porque me parece que todo está en marcha y realmente la arqueología de la zona tiene poca prioridad”, expresó el investigador que inició sus exploraciones en la cuenca de México hace medio siglo.
Por último, recordó que hace dos décadas también realizó un estudio etnográfico en la zona limítrofe del Lago de Texcoco con Chimalhuacán, donde aún encontró pescadores que buscaban recursos acuáticos como peces, patos, insectos comestibles y huevecillos de insectos.
“Entonces trabajé con un pescador, quizás el último, y basado en estudios históricos y documentos de los siglos XIX y XX, aprendí mucho sobre la vida acuática tradicional de esa zona”.
Un informe olvidado
Hace más de una década Jeffrey R. Parsons y Luis Morett entregaron al INAH un informe detallado –cuya copia tiene Excélsior– donde dan cuenta de los hallazgos realizados entre el 20 de mayo y el 1 de agosto de 2003, el cual podría no haberse tomado en cuenta pese a su importancia.
En dicho informe ambos especialistas detallaron que las primeras investigaciones realizadas en el Lago de Texcoco ocurrieron en los años 60, aunque fue hasta 2003 cuando se realizó la exploración superficial intensiva en el lecho de lo que fuera el Lago de Texcoco.
La investigación ubicó 1,100 lugares con restos arqueológicos en la superficie explorada, donde se recuperó la mayor parte de restos cerámicos entre los que hallaron sahumadores, grandes cántaros, cajetes, platos, cajetes trípodes, un brasero y un comal, así como una gran reserva de materiales líticos de piedra verde, basalto, tezontle y obsidiana, restos de madera, copal, carbón, pequeños caracoles y fragmentos de huesos.
Cabe señalar que la mayor parte de la cerámica fechada, corresponde al periodo Posclásico Tardío (1,350 d.C.), el Posclásico Medio (1200 d.C.), el Posclásico Temprano (1,000 d.C.) y el Epiclásico (800 d.C.).
El informe abunda en que la mayor parte del material lítico encontrado está dominado por dos tipos de artefactos: hojas de obsidiana verde y “serras” de pedernal.
Por último, planteó que al parecer se tienen dos tipos principales de ocupación: una serie de campamentos temporales, donde algunas personas vivían, dormían, cocinaban, comían y otros lugares donde realizaban actividades especializadas de explotación de los recursos acuáticos. (Con información de Yatzil Cruz).
Reservan datos hasta 2016
Sobre la exploración arqueológica incompleta y las insuficientes excavaciones realizadas por el INAH en el Lago de Texcoco, la institución en voz de su directora de Medios de Comunicación, María del Carmen Fátima Soto, informó vía telefónica que “por ahora el Instituto trabaja en esta zona y será en las próximas semanas cuando se den a conocer los trabajos realizados”.
Sin embargo, la institución no detalló si los trabajos están orientados a la exploración o excavación, ni especificó la zona donde actualmente trabaja. Aunado a esto, de acuerdo con un informe obtenido por acceso a la información se ha revelado que el INAH reservó como clasificada toda información que se obtenga en este sitio hasta finales de 2016.
Según el reglamento de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos, el INAH es la institución encargada de auxiliar a las autoridades federales en el cuidado y preservación de zona o monumento determinado.
Asimismo, el artículo segundo de su Ley Orgánica le confiere la responsabilidad de llevar a cabo la investigación científica sobre antropología e historia, relacionada principalmente con la población del país, la conservación y restauración del patrimonio cultural, arqueológico e histórico y paleontológico, así como la protección, conservación y recuperación de dicho patrimonio.
La Ofrenda Ritual 210
Uno de los más importantes hallazgos realizados por Jeffrey R. Parsons y Luis Morett, en el Vaso del Lago de Texcoco fue la ofrenda ritual Localidad 210, una especie de depósito arqueológico con una superficie no mayor a diez metros cuadrados, encontrado a 22 centímetros de profundidad, comentó el investigador estadunidense.
Se trata de un templo completamente llano pero con muchos tepalcates, algunos de gran tamaño o vasijas rotas pero completas y unas interesantes estatuas de jadeíta muy finas, dijo. “Obviamente era una especie de plataforma en la superficie de la laguna, pero no era un edificio, sino más bien un tipo de altar que muy probablemente tenía que ver con una ceremonia”, detalló.
Este hallazgo lo reportaron superficialmente ambos investigadores en el número 68 de la revista Arqueología Mexicana, donde describieron cómo en dicho sitio detectaron una serie de postes que delimitaban aquel “pequeño palafito”, es decir una especie de construcción sobre pilotes en un lago o pantano en el que probablemente se realizaban actividades rituales.
Según el reporte, la estructura estaba orientada de norte a sur y fue ahí donde recuperaron 18 sahumadores, cuatro grandes cántaros, tres cajetes curvo-convergentes, dos platos, dos cajetes trípodes, un brasero y un comal.
“Las dimensiones de la plataforma y la distribución de los materiales arqueológicos nos permiten proponer que la actividad ritual se realizaba dirigiéndose hacia el poniente, como lo indica la orientación de una figurilla antropomorfa de piedra verde y la dispersión de chalchihuites y sahumadores en el mismo margen”, detalla.
Al respecto Luis Morett explicó, durante una charla reciente en la Universidad Chapingo, que durante el hallazgo de la ofrenda ritual Localidad 210 en el Vaso del Lago de Texcoco fue inesperada.
“Al principio sólo vimos en la superficie cuatro fragmentos de tres centímetros de madera y 10 tepalcates, así que empezamos a excavar treinta centímetros y entonces pusimos al descubierto la construcción de un palafito ritual de hace 600 años”, expuso.
Esto significa que aunque en la franja superficial prácticamente no se veía nada, necesariamente los trabajos de investigación arqueológica necesitan la excavación como colofón.
¿Dónde y cuándo?
La Comisión Especial de Cambio Climático en el Senado de la República llevará a cabo el foro El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a debate, el próximo miércoles 15 de abril, de 9 a 15 horas, en las salas 2, 3 y 4 del piso 14 de la Torre de Comisiones del Senado
Primera mesa: José Luis Luege (Ciudad Posible A.C.), Salvador E. Muñúzuri (Centro de Estudios Jurídicos y Ambientales), Margarita Campuzano (Centro Mexicano de Derecho Ambiental), Roberto Eibenschutz (UAM), Francisco Ahumada y Giovanni Ayala (IPN).
Segunda mesa: Ramón García Verver (controlador de tránsito aéreo en retiro), Miguel Ángel Valero (Colegio de Pilotos), Juan E. Pardinas (Instituto Mexicano para la Competitividad), Mariana Campos (México Evalúa) y Eduardo Bohórquez (Transparencia Mexicana).
¿Quién es?
Jeffrey R. Parsons es profesor emérito de antropología y conservación por la Universidad de Michigan. Ha trabajado por más de medio siglo en la cuenca de México. En 2003 realizó la exploración superficial en el Vaso del Lago de Texcoco, donde localizó cerca de diez mil objetos y materiales arqueológicos. Sus investigaciones han servido para ubicar y ampliar los patrones de asentamiento en la arqueología del centro de México, Perú y Argentina.
Es autor de Patrones de asentamiento prehispánicos del Valle del Noroeste de México, Los últimos pescadores de Chimalhuacán (México), Los últimos productores de sal en Nexquipayac y Patrones de Asentamiento arqueológico en Chalco, Xochimilco, Iztapalapa, Texcoco y Zumpango, entre otros. Ha sido profesor visitante en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia.






