Jóvenes simbolizan pánico al poder en la exposición La lona
En entrevista con Excélsior, el artista madrileño Santiago Sierra (1966) recuerda que en México la mitad de la población tiene 26 años o menos

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de febrero.- Entrar a la exposición La lona, del artista visual Santiago Sierra (Madrid, 1966), es como ingresar a un mausoleo. El recinto recibe al visitante, que debe acceder en solitario, con una placa de bronce que marca los 474.97 metros de distancia entre la galería Labor y la residencia oficial de Los Pinos.
Tras un muro aparece un grupo de jóvenes cubiertos con una lona blanca en medio de la galería iluminada y sin ninguna otra pieza. El silencio de inmediato hace evidente los sonidos que emiten los anónimos participantes como parte de su esfuerzo por mantenerse de pie por largos periodos. Si bien no se conoce su identidad, es fácil detectar que todos son jóvenes, por el tipo de calzado que se revela debajo de la lona.
En entrevista con Excélsior, Sierra recuerda que en México el 50 por ciento de la población tiene 26 años o menos. Es por ello que su pieza está enfocada a los jóvenes, porque a ellos se dirige la explotación laboral y el terror del sistema político y económico.
Sierra, quien ha desarrollado en más de 40 países un cuerpo de obra que lleva a las prácticas artísticas los mecanismos de corrupción y explotación laboral del individuo dentro del sistema capitalista, regresa a México después de casi una década de ausencia.
La lona me recordó la pieza 465 personas remuneradas, que presentaste en 1999 en el Museo Tamayo, pero la experiencia tiene un radical vuelco por la presión que se pone en el visitante al entrar solo a la sala y enfrentar a esa docena de jóvenes cubiertos con una lona blanca. ¿Por qué repetir una las acciones más famosas en México, pero que al mismo tiempo resulta tan distinta al modificar el montaje masivo del Tamayo con el solitario tránsito que se propone ahora en Labor?
Cuando se entra solo en una sala se establece una relación con la obra que no se puede obtener cuando interfiere la socialización. En el mausoleo de Lenin se entra de uno en uno, así los comentarios son hacia dentro y se obtiene solemnidad y silencio. Por otra parte, aquí estamos en minoría frente a un grupo numeroso de jóvenes. Busco intensificar la experiencia desbanalizándola y para ello quito el rito social. En 465 personas... buscaba la confrontación de masas, con base en su condición de personas trabajando y personas haciendo uso de su tiempo de ocio, amos y criados, criollos y mestizos. Era una pintura de castas como Estudio económico de la piel de los caraqueños. Aquí hay un sujeto solo ante un grupo de jóvenes notoriamente ocultos. Se cuenta, pues, otra historia.
Entrar a ver La lona el día de la inauguración fue algo imposible, ya que al ser el acceso para una sola persona la espera se prolongó hasta por periodos de dos horas. ¿Qué buscaba al generar esa incomodidad en el público, una incomodidad, por cierto, que se tiene antes y durante la visita de la exposición?
El día de la inauguración llegó mucha gente y eso hizo imposible entrar el primer día, pero el resto de los días la cosa fue bien, pues la gente entró sin mayor demora. La pieza requería tumbar la inauguración tradicional y espantar sus ritos. Imagínate el mausoleo de Lenin lleno de gente hablando de sus cosas. Por otra parte, la obra de arte se produce en la cabeza del público como resultado de una manipulación consciente. El arte tiene mucho de demagogia. En Santiago de Chile llevé a cabo una muestra empleando un sonido inaudible para los adultos y muy molesto en los jóvenes. Como resultado en la sala sólo había adultos, la pieza se llamaba así, Los adultos. Los jóvenes se quedaban afuera. Ni adultos ni jóvenes entendieron nada de lo que pasaba.
¿Por qué se revela parcialmente la identidad de las personas remuneradas que participan en la sala? Si bien se cubren sus rostros, se puede adivinar que se trata de jóvenes.
En (la película) El acorazado Potemkin hay una escena muy dura que quise recrear aquí. Cuando los marineros, hartos de comer comida podrida, se rebelan son inmediatamente atrapados. En un cartel puede leerse, “El primero en rebelarse será el primero en caer frente al verdugo”. Los llevan a proa a plena luz del sol y les cubren con una lona para que sus compañeros marineros del pelotón de fusilamiento no les vean las caras al disparar. Únicamente por los pies te das cuenta de que son marineros.
¿Utilizar a jóvenes remunerados para la pieza genera algún vínculo con la actualidad política del país, al hacer referencia a los normalistas de Ayotzinapa?
En la sala no se hace ninguna referencia a los normalistas, pero no era necesario la referencia: estaba en las cabezas del público. Tampoco se dice nada con respecto al contrato económico con los jóvenes, quienes podrían ser voluntarios. No se aclara, porque no es el tema central en la pieza. Lo importante es la referencia a la juventud, porque en México 50 por ciento de la población tiene 26 años o menos. A ellos se dirige el terror, porque son el presente.
La lona confronta al visitante, al hacer evidente que la obra está mediada por la explotación laboral, pero no como metáfora, sino como una experiencia que percibe el solitario espectador a partir del esfuerzo y malestar de los jóvenes que contienen la pieza. ¿El artista y el visitante se convierten en los explotadores de esos jóvenes?
No hubo explotación, se les pagó dignamente, pero entiendo lo que dices, porque acertadamente entiendes que todo trabajo es explotación. Esto es especialmente claro cuando disfrutamos nuestro tiempo de ocio y nos encontramos confrontados con camareros, actores, vigilantes de museo, trabajadores en suma que hacen de contrapunto para nuestra libertad bajo fianza.
La placa que recibe al visitante marca los 474.97 metros que hay de distancia entre la galería Labor y Los Pinos. La referencia que se hace al poder político mexicano es distinto, por ejemplo, al del gobierno español, cuyos jefes del ejecutivo has llamado Los encargados. ¿Cómo percibes a los políticos en México?
Es lo primero que te llama la atención de Labor: su proximidad a Los Pinos. Este detalle me pareció que debía ser la nota dominante de la muestra, lo primero a tener en cuenta: lo cerca que estamos del poder y el poderoso. A mí los políticos me dan pánico. Son como personajes de película gore. Hace tiempo que esto dejó de ser un régimen de terror para ser más bien splatter a nivel global. En el Mediterráneo hay guerra, en Europa también, nos silban los balazos. Estamos en manos de los peores elementos de la sociedad. Es lo que los griegos llamaban Kakistocracia, el gobierno de los peores. La placa monumentaliza el miedo a la proximidad del poder y el poderoso.
La decadencia del poder político mexicano está representado en la serie fotográfica que exhibes al final de la sala, la cual fue realizada en 2007 en la abandonada sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en Tlatelolco. Las imágenes ofrecen una suerte de arqueología del poder, ¿por qué decides recuperar para la muestra esta pieza, que fue la última que realizaste en nuestro país hasta ahora?
Nunca había mostrado en público este estudio fotográfico de Tlatelolco, pensé en enseñarlo cuando volviese y aquí estoy. Después de ese trabajo me quedé en Europa y me tocó ver el derrumbe y el saqueo; nada parece indicar que la humanidad encamine sus esfuerzos hacia el progreso. Tlatelolco tenía ese aire de derrumbe y superposición de masacres. Aire de antiprogreso.
Qué tan importante fue el origen del yunque, que se exhibe fuera de la galería junto a la frase Mientras seas yunque aguanta, cuando seas martillo golpea, el cual perteneció a una familia mexicana de orfebres que producían insignias para la milicia. ¿La pieza hubiera sido posible con un yunque cualquiera?
No conozco bien la historia del objeto. Es un argumento lateral que añade contenido desde lo fortuito. Lo que buscaba era un yunque icónico reconocible como tal a simple vista. Hace muchos años que casi consigo hacer esta pieza en Puebla, finalmente no se pudo. Es un símbolo contundente de terror al poder.
¿Dónde y cuándo?
La lona se exhibe en la galería Labor (Fco. Ramírez 5, col. Daniel Garza) los jueves (de 14:00–18:00 horas) y sábados (11:00–15:00 horas), hasta el 21 de marzo, excepto el 5 y el 7 de marzo.