'La Universidad de la Salsa'

Regresa a México, para presentarse el 16 de agosto, El Gran Combo de Puerto Rico, institución de la música popular afroantillana

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Foto: Tomada de www.elgrancombodepuertorico.net/
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Charlie Aponte, Jerry Rivas y Luis Papo Rosario, vocalistas. Fotos: Tomadas de www.elgrancombodepuertorico.net/
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La alineación de la llamada Universidad de la salsa, bautizada así por el periodista Ley Martin.
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CIUDAD DE MÉXICO, 27 de julio.- “A mí que me dejen el ruido”, dice el octogenario músico, arreglista, compositor y pianista puertorriqueño Rafael Ithier, fundador y director de El Gran Combo de Puerto Rico, cuando habla de sus dos hijas dedicadas a la música de concierto, una como soprano y otra como pianista. A dos años de cumplir 90, Ithier se prepara para regresar a México el 16 de agosto, junto con su agrupación bautizada como la Universidad de la salsa por el periodista colombiano Ley Martin.

Ithier está al teléfono desde su país natal, conserva una memoria privilegiada y el juicio no puede ser mejor. Cuenta a Excélsior que de sus seis hijos (cuatro mujeres y dos varones) sólo las mayores se dedicaron a la música. “Es un poco más fino, menos escandaloso, es irónico, pero en definitiva eso fue lo que escogieron y me alegro porque yo entiendo que si tienen la pasión, el deseo y se preparan, es una gran elección, porque el asunto de la salsa, los clubes, los cabarets, que me lo dejen a mí, yo me encargo de eso”.

El líder de El Gran Combo comenzó a tocar la guitarra a los diez años, cuando tuvo que abandonar la escuela por razones económicas. El 29 de agosto cumplirá 88 años y la palabra retiro no tiene cabida en su mente: “Yo pienso que de esta cosa no se retira nadie, uno puede escoger un tiempo para descansar un ratito o para hacer otras cosas que en la vida también son necesarias pero el músico es músico, nació como tal y lo lleva por dentro y todas las veces que uno pueda ejercer como tal, va ejercerlo”.

“No importa que uno se retire tres años, a los cuatro, a los cinco vuelve otra vez porque ser músico está dentro de uno, es una cosa innata de la persona; el que es músico es igualmente lo mismo que el que es actor, que el que es boxeador y esto del retiro más bien es un lapso que se uno da para descansar, pero, ¿retiro como decir ‘me aparto de esto’, de lo que ha hecho uno después de 60 o 70 años? Es difícil usar ese término de retiro”, comenta.

La música y el intercambio que logra con el público en el escenario están detrás de su vitalidad. Ahora, agrega, “siento el mismo entusiasmo al subir al escenario y me siento con una agilidad tremenda, porque la gente, crea en mí una motivación; ese intercambio que le infunden a uno, eso motiva para sacar fuerzas de donde no se tienen, para seguir adelante. Dentro del músico hay una cosa pasional y, cuando le responden, uno se empeña, se crece para corresponder ese entusiasmo”.

El Gran Combo es uno de los grupos de música afroantillana más exitosos de Puerto Rico; por sus filas han pasado algunos de los cantantes y músicos más legendarios de la salsa. Fue fundado por Ithier en mayo de 1962 y desde ese entonces él se ha mantenido al frente del piano y como su director musical. Son famosas sus versiones de Falsaria, Un verano en Nueva York, Eliminación de feos, Gotas de lluvia, La muerte, Azuquita pa’l café, La fiesta de pilito, No hay cama pa’tanta gente o Me liberé.

Durante su larga vida don Rafael ha visto y escuchado de todo. Hoy piensa que las cosas han cambiado desde los años en los que comenzó a tocar. Para su gusto la música que se denomina salsa ha perdido cadencia y ritmo, también piensa que se ha abusado del término, que para él no denomina ritmo alguno.

“Ha habido una serie de movimientos de esta música nuestra. Antes se decía la ‘salsa monga’, otros decían la ‘salsa erótica’ y distintos nombres que le pusieron, pero la cadencia ha cambiado. Personalmente pienso que ha habido esa evolución y eso es algo que no se puede parar, pero yo entiendo que posiblemente esa evolución le quitó un poco de sabor, de ritmo, de personalidad a lo que nosotros conocimos como música tropical o música afrocubana, antillana o como sea.”

Ithier se refiere sobre todo a la música tropical de manufactura importada, aquella que han hecho músicos radicados en Estados Unidos y la han llenado de nuevos arreglos. “Es música muy bien hecha, pero con muy poco sabor de la autenticidad de la música propiamente dicha, de la rumba, el guaguancó, la conga, el vallenato, esas cosas que son parte del folclor de distintos países. Pero musicalmente ha estado muy bien y entendemos que los muchachos actuales tienen una preparación muy grande que los lleva a hacer una serie de arreglos y distintas modalidades dentro de la música tropical”.

¿Le molesta que le se le endilgue el mote de ser uno de los máximos exponentes de eso que se llama salsa?, se le pregunta. “No me molesta, pero pondré un ejemplo: en México se conoce  como Salomé lo que se llama Falsaria; esa canción nació cuando yo no había nacido y yo voy a cumplir 90 años, en esos años eso se llamaba una canción romántica, un bolero-son, una cosa de esa le decían, ahora a eso le dicen  salsa”.

La coronela antes le llamábamos son montuno, ahora le llaman salsa; nosotros tocamos una guaracha y antes se llamaba así, pues ahora le dicen salsa, a todo le dicen salsa, no distinguen entre el compás, el tempo de la ejecución; todo lo que sea tocado más lento, más ligero, con arreglos más modernos, menos modernos, todo es salsa; por eso yo pienso que no hay la variedad propiamente dicha a la hora de interpretarlo, porque la gente se empeña en aceptar todo. La loma de tamarindo es folclor puertorriqueño, pero se ve como si fuera una guajira, pues a eso también le llaman salsa. En la música ha proliferado la palabrita salsa, que necesariamente es una palabra, no un ritmo”, agrega.

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