Poemas de Octavio Paz para recordar su legado

A casi tres décadas de su muerte, Octavio Paz sigue vigente a través de una obra que explora el amor, la identidad y la existencia, dejando un legado clave en la literatura en español.

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Foto: Imagen generada con la IA de Google

Octavio Paz marcó un antes y un después en la literatura mexicana del siglo XX, gracias a una obra que explora la identidad, el amor y la soledad desde una mirada única.

Este 19 de abril se recuerda la partida de Paz, uno de los escritores más importantes de México, cuyo legado sigue vivo a través de su poesía y pensamiento.

Octavio Paz fue una figura clave de la literatura mexicana del siglo XX. Nació en la Ciudad de México en 1914 y destacó como poeta, ensayista y diplomático, abordando temas como la identidad, el amor y la soledad. Fue embajador en la India y en 1990 recibió el Premio Nobel de Literatura. Murió el 19 de abril de 1998, dejando un legado fundamental en la cultura mexicana.

Publicado en 1957, "Piedra de Sol" es considerado uno de los poemas más importantes de la lengua española del siglo XX. Octavio Paz construye aquí un monumento verbal que fusiona el surrealismo y la filosofía existencial

Aquí, algunos versos:

un sauce de cristal, un chopo de agua,

un alto surtidor que el viento arquea,

un árbol bien plantado mas danzante,

un caminar de río que se curva,

avanza, retrocede, da una vuelta

y llega siempre:

un caminar tranquilo

de estrella o primavera sin premura,

agua que con los párpados cerrados

mana toda la noche profecías,

presencia en oleaje sucesivo,

ola tras ola hasta cubrirlo todo,

soberanía de cristal que avanza

con pasos de tiniebla y de lucero...

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A continuación, otros poemas de Octavio Paz que reflejan la esencia de su obra y la profundidad de su pensamiento.

Epitafio de un poeta

Quiso cantar, cantar

para olvidar

su vida verdadera de mentiras

y recordar

su mentirosa vida de verdades.

Tus ojos

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,

silencio que habla,

tempestades sin viento, mar sin olas,

pájaros presos, doradas fieras adormecidas,

topacios impíos como la verdad,

otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro

de un árbol y son pájaros todas las hojas,

playa que la mañana encuentra constelada de ojos,

cesta de frutos de fuego,

mentira que alimenta,

espejos de este mundo, puertas del más allá,

pulsación tranquila del mar a mediodía,

absoluto que parpadea,

páramo.

Tus ojos

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,

silencio que habla,

tempestades sin viento, mar sin olas,

pájaros presos, doradas fieras adormecidas,

topacios impíos como la verdad,

otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro

de un árbol y son pájaros todas las hojas,

playa que la mañana encuentra constelada de ojos,

cesta de frutos de fuego,

mentira que alimenta,

espejos de este mundo, puertas del más allá,

pulsación tranquila del mar a mediodía,

absoluto que parpadea,

páramo.

Niña

Nombras el árbol, niña.

Y el árbol crece, lento y pleno,

anegando los aires,

verde deslumbramiento,

hasta volvernos verde la mirada.

Nombras el cielo, niña.

Y el cielo azul, la nube blanca,

la luz de la mañana,

se meten en el pecho

hasta volverlo cielo y transparencia.

Nombras el agua, niña.

Y el agua brota, no sé dónde,

baña la tierra negra,

reverdece la flor, brilla en las hojas

y en húmedos vapores nos convierte.

No dices nada, niña.

Y nace del silencio

la vida en una ola

de música amarilla;

su dorada marea

nos alza a plenitudes,

nos vuelve a ser nosotros, extraviados.

¡Niña que me levanta y resucita!

¡Ola sin fin, sin límites, eterna!

Tu nombre

Nace de mí, de mi sombra,

amanece por mi piel,

alba de luz somnolienta.

Paloma brava tu nombre,

tímida sobre mi hombro.

Visitas

A través de la noche urbana de piedra y sequía

entra el campo a mi cuarto.

Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros,

con pulseras de hojas.

Lleva un río de la mano.

El cielo del campo también entra,

con su cesta de joyas acabadas de cortar.

Y el mar se sienta junto a mí,

extendiendo su cola blanquísima en el suelo.

Del silencio brota un árbol de música.

Del árbol cuelgan todas las palabras hermosas

que brillan, maduran, caen.

En mi frente, cueva que habita un relámpago...

Pero todo se ha poblado de alas.

Sonetos II

El mar, el mar y tú, plural espejo,

el mar de torso perezoso y lento

nadando por el mar, del mar sediento:

el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo:

roca que escala el mar con paso lento,

pilar de sal que abate el mar sediento,

sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces,

del círculo de imágenes del año,

retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño

tu cuerpo que en la luz abre bahías

al oscuro oleaje de los días.

La obra de Octavio Paz sigue siendo una referencia obligada en la literatura en español. Su manera de escribir, profunda y a la vez cercana, logró conectar con temas universales

Leer a Octavio Paz hoy no solo es acercarse a la poesía, sino también a una forma de entender el mundo desde lo emocional y lo reflexivo. Su legado permanece vivo en cada verso que sigue encontrando eco en nuevas generaciones.

 cva*

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